Arya Harley accede a un acuerdo millonario con Ayden Emory, un magnate de Nueva York, a cambio tendrán un hijo y una relación ficticia, pero con la regla inquebrantable de no tocarlo ni enamorarse. ¿Descubrirá este enigma que rodea al millonario?
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Los chicos llegaban al día siguiente, la joven doctora acompañada de John, irían a recogerlos al aeropuerto junto con el equipaje y los guardaespaldas que habían llevado a Fiji.
Aryehn también los acompaño, iba muy emocionado. El pequeño estaba feliz por volver a ver a sus tíos, como él le llamaba. Todos, excepto Robín, sabían que el niño les llamaba tíos de cariño.
Sin embargo, nada más aterrizar, Robín activo los datos de su teléfono y las notificaciones comenzaron a llegar una tras otra.
Despreocupado los dejó sonar pensando que quizás eran mensajes del trabajo o de sus amistades, o de Arya, quien se había convertido en una especie de Hada Madrina. Así que para cuando se encontraron con la joven doctora, en la entrada del aeropuerto, él aún no había revisado su teléfono.
Arya saluda a unos y luego a otros. Todos le acribillan preguntándole lo mismo.
—¿Por qué diablo se fueron? —cuestionó Daniel con un tono de molestia—. Creí que estas vacaciones era para pasar el tiempo juntos y distraernos, pero Ayden y su maldito humor de perros siempre logran fastidiarlo todo —exclamó el abogado sin pensar que a Arya no le gustaban esas formas de expresarse.
Arya lo mira con enojo, no le gusta que él se refiera a su pareja de esa manera.
—Si tanto te molesta, me gustaría que lo consultaras con él primero antes de emitir un juicio sin fundamento. ¿Acaso se te olvidó que eres abogado? —cuestionó Arya con demasiada inteligencia haciendo que Daniel se quedase boquiabierto.
—Ya chicos, no peleen —comenta Cathy—. Mejor Vámonos, que tengo un hambre de perros.
Todos se suben a la Van que habían contratado para ese momento. Como era de esperarse, Robín se asentó junto a Arya y llevaban al pequeño Aryehn en los brazos.
—¿Cómo estuvo el viaje? —pregunta Arya a su amigo.
Este lo mira con cara de cansancio —¿Cómo crees que estuvo?, super cansado, extenuante, ya no tengo veinte años y los desvelos me están cobrando factura —comenta Robín a su amiga.
Ella lo mira pesarosa, pero no le dice nada
—Bueno, menos mal que ya llegaste a casa y vas a poder descansar —dice ella dándole esperanzas.
—Bueno, al menos yo usaré tus influencias para permitirnos un poquito más de días de descanso. Total, entramos al iniciar el año.
Cuándo Robín comienza a revisar su teléfono, se percata de la notificación, de que la alarma ha sido desactivada. Sin embargo, como Arya estaba en la ciudad y al ver que está desactivada y no había sido violada decidió no decir nada y lo pasa por alto.
John repartió a la gente a cada uno en su casa, finalmente dejo a Robín en el departamento y este subió. Arya le comentó que pronto volvería a casa, él pensó que era una broma; sin embargo, no era así.