Vendida

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Arya había charlado con su madre sobre el tratamiento y sus posibles consecuencias. Mirella estaba dispuesta a luchar por su hija, y su futuro nieto.

—Siento que te he fallado, lamento haber dejado que tu padre se quedara... yo solo quería verlo —se sincera Mirella con el corazón apachurrado.

—No importa madre, lo hecho, hecho está —responde Arya queriendo zanjar ese asunto—. Lo que me recuerda...

La joven se pone de pie y camina hasta su cómoda, revuelve su ropa y no siente el calcetín con el dinero dentro. Empieza a sudar frío y siente como si el suelo a sus pies se abriera.

—Maldición... —murmura desesperada, vaciando todo en el suelo—. No está, mamá... no está el dinero del tratamiento.

No tiene que especificar nada, Mirella sabe que Jeffrey se lo ha llevado.

—Lo siento, tanto... perdón Arya, no me di cuenta, si me hubieras dicho, yo... —divaga Mirella sin terminar la frase.

Se tira al piso y ayuda a buscar a su hija, pero no encuentra nada.

—Ayden me matará... —susurra Arya pasmada—. Lo siento mamá. Esto... esto está mal. Tengo que encontrar a mi papá y pedirle el dinero, él debe entender que era lo de tu tratamiento.

La joven sale de la habitación y sube al despacho del millonario para tener privacidad. Estando ahí llama a Ayden, pero este no responde, por lo que llama a Daniel.

—Hola, ¿qué tal, chica? ¿Cómo sigues? —pregunta Daniel despreocupado.

Arya se queda parada frente a la gran ventana observando la ciudad.

—Dentro de lo que cabe, bien. Quería hablar con Ayden... pero no está disponible.

—Dime, soy todo oídos —asegura Daniel de buen humor.

—Ayden me dio el dinero del tratamiento de mi madre, pero hoy, descubrí que mi padre se lo llevó —explica resumiendo las cosas.

—¿Cómo qué se lo llevó? ¿Te lo robó? —pregunta Daniel, preocupado.

—Sí, se ha llevado los veinte que me dio Ayden y cinco míos, que tenía ahorrados —anuncia preocupada—. Tengo que encontrarlo, Daniel. Si Ayden se entera...

Un breve silencio se instaura en la llamada.

—Lo sé, ya muchos problemas han tenido, pero debes denunciarlo —pide Daniel—. Hablaré con un amigo detective para que vaya a levantar reporte.

—Necesito encontrarlo, Daniel. Eso es lo que más me importa ¿Puedes decirle a John que me ayude a buscarlo? —inquiere Arya desesperada.

—Arya, eso... lamento ser yo quien te lo diga, pero Ayden ha superado su presupuesto en lo que supone el embarazo. Ha gastado más de lo que se había proyectado, y movilizar al personal para eso, supone otro gasto —explica con sinceridad y lo más amable que puede a ella, no quiere hacerla sentir mal, pero quiere que comprenda la realidad—. Ayden nunca te lo dirá, por eso te lo digo yo, además él es mi cliente y debo cuidar sus bienes. Espero que comprendas que no es nada personal.

—Lo sé, entiendo, tienes razón... debes ver por sus intereses, él ya ha hecho más que suficiente por mí —acepta Arya apenada. Ahora siente que se está aprovechando.

—Sé que tu madre necesita el tratamiento, si le dices a Ayden no se negará. Pero debemos explorar medios alternativos, ¿me explico? No quiero que te sientas mal —repite cuidando cada palabra.

—Sí, te explicas muy bien —afirma la joven con tristeza—. Tampoco es que quiera ser una carga, Daniel. No quiero que pienses eso, solo estoy preocupada, es todo. Pondré la denuncia, no te preocupes.

El enigma del millonarioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora