Arya Harley accede a un acuerdo millonario con Ayden Emory, un magnate de Nueva York, a cambio tendrán un hijo y una relación ficticia, pero con la regla inquebrantable de no tocarlo ni enamorarse. ¿Descubrirá este enigma que rodea al millonario?
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Arya yace dormida descansando mientras Ayden está haciendo un nuevo contrato para más guardaespaldas. Eran las diez y ella no despertaba aun cuando su novio y ahora ex prometido intentaba convencer de que su hermano viniese a casa.
—No es un juego Mark. Alguien asesinó a nuestro padre y ahora todos estamos amenazados —recuerda Ayden con pesar—. Por favor, solo deja que mi personal te custodie.
—¿Para qué? ¿Para calmar tu conciencia? —inquiere Mark enojado—. Esto es tu culpa. Esa mujer loca con la que te enredaste y su padre, seguro lo hicieron. No ha de haber soportado que no la eligieras y en venganza asesinó a Gerard. No pienso seguir con esto y jugar a la casita feliz solo porque tú sientes culpa —echa en cara subiendo el tono de voz cada vez más—. Ah, y hazme un maldito favor. No me vuelvas a molestar.
Mark cuelga sintiéndose el vencedor al tener la última palabra. Le alegraba saber que su hermano sufría por no tener el control absolutamente de todo como está acostumbrado.
Arya se despierta con el estruendo de chocando algo contra el piso. Se despereza y sale de la habitación para ver un jarrón estrellado en el suelo.
—Necesitas terapia para control de la ira —sugiere Arya al ver lo que ha pasado—. ¿Qué pasó con Mark ahora?
—El maldito se rehúsa a venir, si le pasa algo... no quiero sentirme culpable por su muerte —confiesa Ayden observando a Arya.
Arya suelta el aire que contenía.
—Es necio... —musita ella.
—Lo es.
—Hoy es Año Nuevo —recuerda Arya—. Se supone que tendríamos una cena... ¿La vas a cancelar?
—¿Así como cancelaste nuestra boda? —refiere él indignado.
Arya pone los ojos en blanco, no puede creer que él quiera pelear sobre eso en este momento.
—Ayden, ¿puedes pensar en una boda después de lo que pasó con tu papá? Por qué sinceramente yo no puedo. Ni siquiera estás viviendo tu duelo. No como se supone que debe ser.
Ayden se restriega la cara. Está desvelado, y no piensa claramente.
—Deja que vayamos un paso a la vez, ¿te parece? —sugiere Arya.
—Vale. Un paso a la vez.
—Sí, esto no significa que no te ame... solo demos un paso a la vez.
Ayden se acerca para estrecharla y la abraza con ternura.
—Me parece difícil imaginar una vida sin ti, Arya. Pero si esto es lo que deseas, si no estas lista lo entiendo... solo no quiero forzarte a hacer algo que no desees —confiesa él.
—Ayden, ese es el problema. Tú crees que es porque me siento forzada, y no te das cuenta de que me has mentido en varias ocasiones. Para construir una relación debe haber comunicación... y bueno, aquí esto falla —aclara ella mientras él aprieta los labios.