La mano que mece la cuna

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Cuatro años y un mes antes

Ayden había decidido salir con Cameron y su hijo una vez al mes. Había notado que su pequeño se había acostumbrado a su presencia y estaba tranquilo con ella. Cameron había pasado a dormir varios días a la semana en casa de Ayden y a este no le importaba. No se daba cuenta de que ella se apegaba más y más a su hijo.

Esa noche ellos habían salido a cenar con el pequeño. La joven millonaria había aprendido que debía mantener su distancia con Ayden, respetaba eso, pero cuando se trataba del pequeño Aryehn, Cameron se tomaba ciertas licencias que Ayden no se daba cuenta, salvo Bea y Sebas, a quienes no les hacía gracia la forma en que ella interfería.

—Aryehn está por cumplir un año —comenta ella luego de comer un poco de pasta—. Quería saber si me autorizas hacerle un festejo, no tienes que preocuparte de los gastos, me gustaría ser yo quien lo pague todo. Míralo como mi regalo.

Ayden cambia su expresión, es claro que no le gusta para nada lo que ella dice.

—No, solo será algo privado, mi familia, unas amistades y ya —contradice tajantemente.

Ella no se esperaba que él le diera la contraría. Pensó que, como todo el tiempo, él estaría de acuerdo.

—Yo... ya contraté a un organizador —confiesa ella.

Ayden la observa sin concebir que se atreviera a eso sin consultarlo.

—No me gusta que tomen decisiones por mí —anuncia poniéndose de pie—. Eres su niñera o cuidadora, como sea que te hagas llamar, yo soy su padre, soy yo quien decide que se hace y que no.

Cameron soltó la risa estrepitosamente sobresaltando a Ayden, quien ya tomaba a su hijo de la sillita dónde comía.

—Eres un hipócrita, Ayden —enfatiza Cameron—. ¿Dónde estuviste cuando tuve que llevarlo al pediatra y cambiarle la fórmula por qué no le cayó? Ahí si no te quejaste.

Ayden toma la pañalera y a su hijo para salir del restaurante. Cameron se queda pagando dado que este no se tomó la molestia de hacerlo. El millonario se apresura dónde su auto y poniendo a su hijo en la silla para bebé, lo abrocha y sube.

Cameron llega a él hecha la furia intentando subir, pero Ayden arranca el auto.

Por el retrovisor se percata que ella se queda parada histérica en la orilla de la calle. Cuando llega a casa, Sebas y Bea se sorprenden de verlo.

Ayden sale del elevador enojado y agitado.

—¿Qué pasó? —inquiere Sebas al verlo.

Bea corre a tomar al niño quien ya llora por qué tiene hambre.

—Dale de comer —pide Ayden y ella accede. Sebas toma su pañalera y la lleva a la recámara del pequeño.

Cuando vuelve Ayden yace tomando agua.

—Alguno me puede explicar cómo es que Cameron ha llevado a mi hijo al pediatra sin mi consentimiento —revela sorprendiendo a Sebas y Bea.

—No lo sabíamos —comenta Sebas por ambos—. Pero... —tanto él como Bea se ven uno al otro.

Aryehn se remueve en los brazos de Bea, quiere su mamila, rápido. Ella termina de agitarla y acunándolo en sus brazos, este se calma mientras come.

—¿Qué pasa? ¿Por qué se ven así? —cuestiona Ayden desconfiando de Cameron.

—Ella no nos deja acercarnos al niño cuando llega, hay días completos en los que no lo vemos —relata y Ayden presta atención.

—Sé más explícito, por favor Sebas —pide Ayden.

Sebas tenía mucho por decir, pero no quería parecer un chismoso, por eso se resistía a decir algo. Bea, sin embargo, no se resistió.

—Señor, Cameron está loca —declara abiertamente ganándose una mirada acusatoria de Sebas—. No me hagas esa cara Sebas, tú y yo lo sabemos.

—¿Saber qué? ¡Hablen carajo! —Ayden estaba desesperado.

—Cameron, esa obsesionada con Aryehn, la hemos escuchado llamarle hijo varias veces —cuenta Bea arrullando al bebé—. Y no de forma cariñosa. Además, le digo que no deja que nos acerquemos... nadie.

—¿Y por qué no me habían dicho? —inquiere Ayden.

—Señor, ella nos dijo que sabía dónde estaba Arya, dijo que si la seguíamos espiando se encargaría de que Aryehn no conociera a su madre jamás —advierte Sebas.

El rostro del millonario cambia rápidamente. Se pregunta cómo es que ella averiguó de ella.

Se levanta de su asiento y sin decir nada abandona su sala y va directo a su despacho. Cuando llega busca en su archivero. Encuentra revueltas y desordenadas las hojas de vida de Arya. Toda la información que tenía de ella. Excepto, la foto dónde están ambos.

Es ilógico que Cameron diga que se sabe dónde está porque ni siquiera él lo sabe. Ha de haber averiguado por su cuenta.

Ahora si cree que esté obsesionada.

Regresa dónde los chicos y los encuentras murmurando en voz baja.

—Cameron ha entrado a mi oficina y ha visto los archivos de Arya —declara él a sus empleados y también amigos.

—Señor, tenemos algo que enseñarle —dice Sebas acercándose a un cajón.

De este saca hojas con imágenes superexpuestas de Cameron y él como si fueran una pareja, así como fotos manipuladas de ellos con el niño como si fueran una familia. Ayden observa eso horrorizado y justo cuando piensa que no hay más que ver, Sebas saca algo más.

—Hizo esto.

Era la foto de Arya y él abrazados. Sin embargo, Ayden ya no aparecía en la imagen, pero Arya sí, su rostro parecía rayonado.

—Cameron lo hizo...

—Le dijimos, está loca —vuelve a decir Bea, interrumpiendo al mayordomo.

De pronto una llamada interrumpe la conversación.

Era Gerard. Ayden lo ignora y sigue observando las imágenes. Después el teléfono del departamento comienza a sonar.

Sebas responde.

—Señor Ayden, es su padre, dice que es urgente —anuncia el mayordomo.

Ayden toma la llamada de mala gana mirando sosteniendo la imagen de la foto de Arya, suponiendo en lo perturbada que ha de estar Cameron.

—Hijo, Cameron, se ha intentado suicidar, está en el hospital de tu hermano, pide verte —revela Gerard con urgencia y Ayden siente cómo esto le perturba—. Dice que si no vas se va a matar.

Ayden cuelga.

—Cameron amenaza con suicidarse si no voy —anuncia a Sebas y Bea—. No dejen que entre, cambia la clave Sebas, me la mandas. Tengo que irme.

—No se preocupe, señor, nosotros nos encargamos...

Ayden sube al elevador pensando en Cameron y que definitivamente él tenía razón, nunca debió recibirla en su casa.

El enigma del millonarioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora