Arya estaba lista para decirle lo que quisiera oír al tío de su Aryehn. Una vez que le contó su «versión» de los hechos, hablaron más formalmente.
Si algo sabía de Ayden es que nunca le confesó a Mark la verdad sobre su hijo.
Luego de haberles hecho la entrevista les informó que hablaría con la junta directiva al respecto, y que les avisaría si quedaban o no en los puestos que buscaban. Robín Qué es conocido como una persona cautelosa, se despidió amablemente y salió de ahí, Arya, sin embargo, se quedó atrás esperando poder intercambiar unas palabras con Mark.
—Solo quería agradecerte el tiempo que nos diste hoy —declara ella sin saber cómo abordar el tema—. He estado viendo a Ayden y por supuesto acercándome a mi hijo, las cosas están un poco complicadas ahora. Por eso quería pedirte de favor que no dijeras que a veces hablábamos. No es que lo vaya a ocultar, no, sino que quiero ser yo quién se lo diga a él para evitar conflictos entre ustedes. Ya sabes cómo suele ser a veces.
—Claro, claro, no hay problema— dice Mark sonriéndole fingidamente—. No te preocupes, yo no diré nada —responde en verdad muy desilusionado.
Arya sale de ahí y se encuentra con Robín esperándola fuera. Juntos caminan hasta la salida, seguidos de Mark. Ya fuera, él les despide y ellos toman un taxi de regreso a su departamento.
—¿Qué te ha parecido Mark? ¿Verdad qué es encantador? —pregunta Arya a Robín.
—Sí, es un poco encantador, aunque me gustaría que me dijeras mejor por qué no le contaste a la verdad —inquiere Robín a su amiga esperando que ella le confiese la verdad, las cosas.
—No dije nada porque Mark y Ayden suelen discutir mucho y una de las condiciones para que él se quede con empresa era que él tuviera una familia. Y aunque la forma en que lo hizo Ayden no es convencional, mintió a su padre, este lo perdono al final de cuentas, a pesar de que no acepta lo que él hizo. Por cierto, hoy tengo una cena con Gerard —comenta a su amigo que nos mira con curiosidad.
—Vaya no había podido entender esa parte de la historia, pero ya lo hago. Gerard es el padre de ellos, ¿cierto?
—El mismo, pero vayamos primero a casa que en un rato ir a George, encargado de sistemas de la compañía. Irá a instalar el sistema de seguridad del departamento —informa ella mientras mira la ciudad—. Necesito un teléfono.
—¡Wow, me sorprendes chica! Prácticamente, podrías haber tenido una vida de millonaria llena de lujos, sin preocupaciones, aquí en Nueva York y elegiste el exilio. Batallar y conseguir las cosas por ti misma, solo para demostrarles a los demás que realmente puedes sola y por supuesto enseñarles lo que se perdieron —comenta robín admirándolo a su amiga.
Durante los últimos años él fue un compañero irremplazable para ella. Compañero de deudas, de luchas, de desvelos, de comidas y confesiones. Y por supuesto, un aliado compañero en el trabajo médico.
Al llegar la noche, Arya se despide de Robín y toma un taxi directo a la casa de Gerard. En cuanto baja del automóvil amarillo, el ama de llaves la recibe.
—Señorita Harley. Bienvenida, el señor Emory le espera —saluda ella indicándole el camino.
La casa está igual que hace cinco años, solo que un poco más iluminada; al entrar puedes oler la humedad, el tabaco y la madera vieja.—¡Arya, bienvenida, es un gusto verte chica! ——saluda el viejo Gerardo, sostenido de su bastón puesto en pie frente a un sofá.
Arya se emociona y se acerca, no sin antes entregarle el Pay que llevaba de regalo al ama de llaves. Gerard levanta los brazos para estrecharla y Arya se acerca y se abrazan.
—Oh Arya, qué alegría verte —comenta, el anciano con un nudo en la garganta.
—A mí también me da mucho gusto verlo, señor Emory, tanto tiempo, qué rápido pasa ¿No es cierto? —inquiere con los ojos llorosos y la garganta rasposa.
—Si el tiempo pasa rápido, afortunadamente por el momento es un buen amigo mío —dice riéndose para luego sentarse.
—Ni que lo diga, está igualito, me da mucho gusto verlo tan saludable —dice Arya tomando asiento frente a él.
Gerard no es una persona mamá en sí, pero cometió algunos errores en su juventud. Como el haberse precipitado al casarse con la madre de Mark.
—Desde que te fuiste, las cosas no fueron iguales aquí —revela él yendo al grano—. Concretamente, Ayden no fue el mismo. Si no hubiera sido por su hijo, no sé qué hubiera sido de él.
Arya se siente incómoda, pero no niega que puso haber sido difícil.
—Lo fue también para mí, Gerard... Si tan solo Ayden hubiera sido menos patán conmigo y hubiera abierto su corazón antes, hoy todo sería diferente.
Gerard asimila esas palabras de parte de la hoy doctora y sabe que son ciertas.
—Él suele ser obstinado a veces, como yo debo confesar —dice intentando sonreír, pero no lo logra—. Me imagino por lo que dices que ya ha abierto su corazón.
Arya intenta reprimir una sonrisa. Es claro que Gerard está jugando al casamentero.
—Sí, lo hizo.
—¿Él te encontró o tú viniste a él?
—Es extraño... Pensé que él ya le habría contado —concluye ella en voz alta.
Gerard se ríe.
—No él, Sebas me dijo que fue una casualidad. Supongo que después de todo, el destino los ha atraído de nuevo ¿No crees?
Arya medita un poco en eso, nunca antes lo había pensado así. Solía creer que el destino era algo que se forjaba con trabajo arduo.
—La verdad no creo que sea el destino... Y aun si el destino como tal existiera, he tenido que pagar un alto precio para estar a su lado. Perder a la única persona que me amaba no ha sido fácil —explica Arya refiriéndose a su madre.
Gerard la mira con empatía, él sabe lo que es perder a la persona que amas.
—Te entiendo, pero te equivocas, tu madre no es la única persona que te ama, está tu hijo al que le hablamos de ti con devoción, y está Ayden, él te ama. No dudes de eso.
Arya asimila esas palabras y le cuesta creer que Ayden siempre le amó. Está por refutar eso cuando el ama de llaves llega a avisar que la cena está lista.
Ambos pasan al comedor, pero Arya enfoca la conversación en su hijo. Ya de Ayden ha escuchado mucho y lo único que logra es convencerse cada vez más de que lo que sienten el uno en el otro es real. Ya no es un sueño.
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El enigma del millonario
RomanceArya Harley accede a un acuerdo millonario con Ayden Emory, un magnate de Nueva York, a cambio tendrán un hijo y una relación ficticia, pero con la regla inquebrantable de no tocarlo ni enamorarse. ¿Descubrirá este enigma que rodea al millonario?
