—¿Qué pasa? —pregunta Ayden preocupado.
—Nada, nada, todo está bien. —Observa su nuevo reloj de pulso y se percata de la hora—. Ya podemos irnos, estoy un poco cansada.
—Está bien Arya, pero si hubo algo que te enojara, solo dilo —advierte él—. No soy adivino y si no me dices que te molestó, no podré ayudarte del todo.
Arya reticente a hablar, decide quedarse callada, por el bien propio y de la familia.
Ayden conduce con cuidado hasta llegar a su casa, una vez ahí cada uno se retira a sus aposentos sin dirigirse ninguna palabra. Él sospecha que algo pasó, pero no exige más, pues hoy ha sido un día muy pesado y los dos están cansados. La joven, por su parte, decide preparar todo para ir a trabajar al día siguiente, está emocionada de poder hacer sus prácticas en uno de los mejores hospitales de Nueva York.
«Quién diría que después de todo lo malo, al menos pasó algo bueno», razona Arya en la oscuridad de su habitación.
La noche transcurre sin ningún problema, y en la mañana Ayden comprueba una vez más que ella está molesta por algo, pero al no insistir se percata de que ella no tiene ganas de seguir hablando, y eso para él está bien, pues no es adivino.
De camino al hospital le recuerda a Arya que tenga cuidado con su hermano.
—Recuerda que mi hermano puede ser muy labioso, muy amable, y puede aparentar tener un buen corazón, pero debajo de toda esa fachada, hay un hombre perverso y de mal corazón —rememora Ayden con el dolor de su alma—. Por favor, ten mucho cuidado Arya
La joven sonríe cálidamente, intenta calmar la ansiedad de su millonario. Mejor dicho, el millonario, lleva eso en su cabeza marchándose a su trabajo. Ayden la deja en la entrada al hospital, nada más llegar la recibe Mark y le da una cariñosa bienvenida.
Ayden, que aún no se había marchado, observa como su hermano la abraza y siente una punzada de celos y arranca el auto de manera exagerada y a gran velocidad.
La joven escucha el alboroto solo para ver salir al millonario a toda velocidad. Sabe que de alguna manera eso le traerá problemas y se aleja del tacto de Mark.
—Ven Arya, pasemos a mi despacho, quiero que revises el contrato primero antes de que firmes —pide con tono cantarín el hermano de Ayden mientras camina con la joven a su lado.
—De acuerdo, realmente estoy muy emocionada de poder hacer las prácticas aquí —menciona ella con mucha ilusión—, no era algo que tenía contemplado.
—Sí, eso veo, estuve verificando tu formación académica y comprobé que eres alumna de excelencia —explica él—. Además, ganaste una beca para irte de intercambio a Alemania. Dime, ¿qué estás haciendo aquí?, acaso mi hermano te tiene retenida a la fuerza.
El comentario de Mark, en tono sarcástico, molesta a Arya por la forma en que lo dice. Sí, tal vez no hubiera sido tan malvado con ese argumento, ella no tendría la necesidad de evadirlo.
—Sí, bueno, mi madre tuvo una complicación y tuve que quedarme a vigilarle. Si yo no veo por ella, nadie más lo hará —aclara la joven doctora diciendo la verdad a medias.
—Ya veo qué es importante que esté cerca de ella —responde él con el mismo contexto—, pero dígame, como puede estar cerca de ella, tú estás en Nueva York y tu madre en Boston.
Arya siente como su rostro se sofoca ante la vergüenza que le está haciendo pasar. Entonces recuerda las palabras de Ayden, sobre lo maldito que Mark puede ser.
—Por suerte para ti, ese es mi problema y no el tuyo —finaliza tomando el contrato entre sus manos y llevándolo a su bolso—. Este me lo llevaré, creo que a Ayden y a mí nos gustaría darle una mejor hojeada antes de firmar. Si no puedo quedarme a trabajar lo entenderé.
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El enigma del millonario
RomanceArya Harley accede a un acuerdo millonario con Ayden Emory, un magnate de Nueva York, a cambio tendrán un hijo y una relación ficticia, pero con la regla inquebrantable de no tocarlo ni enamorarse. ¿Descubrirá este enigma que rodea al millonario?
