01 de noviembre del 2143 a 12 de noviembre del 2143
"Somos tan crueles con nosotros mismos, incluso cuando lo intentamos de la mejor forma, un solo fallo nos vuelve nuestros peores enemigos. Será que desde muy pequeños nos enseñaron que deberíamos ser perfectos, sin entender el verdadero significado de la perfección. Creo, desde hace un tiempo, que se trata de estar bien con uno mismo, más allá de todos los errores que podamos cometer, el poder sentir esa felicidad de haber intentado algo y llegado realmente lejos, más lejos de lo que cualquiera de esas personas pudieran llegar. La perfección se consigue cuando uno es amable consigo mismo, se trata bien, entiende que no siempre se puede lograr todo, a amarse sin necesidad de otro, porque más allá de que estés rodeado de personas, las luchas más difíciles siempre las pelearás solo. Creo que, cuando vamos creciendo y conociendo lo cruel que es el mundo, a aquellos pájaros que habitan en nuestros corazones se les cortan las alas, logrando así perder la capacidad de poder volar por el mundo como lo hacíamos cuando éramos pequeños."
Me levanté de la cama y no pude notar la presencia de Elí a mi lado, así que me levanté y me dirigí hacia la ducha. Debía ducharme antes de que se hiciera tarde. Luego de asearme, me cambié y fui hacia el comedor, esperando encontrar a Elidha en aquel lugar. Pero solamente estaba el abuelo Petro, quien se encontraba desayunando.
—Buenos días, ¿cómo te encuentras? ¿Has dormido bien? —dijo entre risas.
—Buen día, señor Petro. Un poco cansada, pero sí, he dormido bien. —respondí, sospechando de sus gestos mientras comía.
—Veo que anoche te has desvelado en la habitación del pequeño fosforito. —dijo, para recibir un golpe por parte de la abuela que preparaba el desayuno.
—¡Dios mío, qué vergüenza! —grité, mientras intentaba esconder mi cabeza debajo de la sudadera.
—No se preocupen por eso. Son jóvenes. Es bueno que ya se logren llevar de mejor manera. —Petro seguía riendo mientras la abuela lo golpeaba y decía que no molestara. No podía creer que él había escuchado todo. Ni siquiera podía verlo a los ojos. Mientras me moría de vergüenza ante sus bromas, Elidha entró por la puerta. No podía verlo a los ojos. Sentía demasiada pena. Ellos comenzaron una charla en donde el abuelo Petro comentó todo lo sucedido anoche, poniendo a Elí como un tomate. Solo podíamos esperar que la señora Woods sirviera el desayuno para salir corriendo de aquella incómoda situación.
Luego de desayunar, nos dirigimos a la escuela. Seguíamos sin poder mirarnos. No podía soltar palabra. Así fue todo el viaje hacia el instituto. Una vez allí, Elí se dirigió hacia mí, rompiendo aquel silencio que se había generado entre nosotros por simple vergüenza.
—Siento lo de esta mañana, cómo se comportaron los abuelos —dijo con su mirada clavada en la mía, súper penetrante.
—Creo que es bueno verlos divertirse. Con todo lo que pasó, es lindo verlos reír —intentaba calmar mis nervios al hablar.
—Sí, creo lo mismo. Últimamente hemos logrado lo que pensábamos hacer en el velorio del tío: intentar que estén contentos. —él sonrió acercándose un poco más a mí.
—Se está haciendo tarde. Iré hacia mi clase —no quería que nos vieran tan cerca en el instituto. Realmente no me perdonaría que se metieran con él por mi culpa. Sabía que si estábamos juntos, lo tratarían de la misma manera.
—Espera, necesito decirte algo después de clases. Nos encontramos a la salida —dijo deteniendo mi marcha.
—Mejor nos vemos en la tienda de regalos —dije mientras me alejaba.
—¿La que está aquí a cien casas? ¿Por qué tan lejos? —lo dejé hablando solo. Realmente tenía pánico de que alguien nos viera como una pareja. No podía permitirme dejar que lo lastimaran.
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La verdad detras de sus ojos
Teen FictionEspero que les guste y disfruten de esta historia, la cual escribí para tres personas importantes en mi vida. Mi primer amor, quien me hizo comprender que más allá de la distancia, se podía amar de la manera más hermosa posible. A ella, van dedicada...
