Capítulo 37. Pisando nubes de algodón.

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Ya no puedo hacer nada por mí, me quemaré mirando el sol, me ahogaré en lo profundo del mar, sintiendo esos nudos en mi pecho que se aprietan cada vez más. ¿Qué será de mí cuando no esté? ¿Qué será de ti cuando me vaya? He luchado en mil batallas, pero nunca he logrado ganar. He entregado mi carne en busca de amor y solo he recibido mentiras, palabras vacías que pretendían ser poesía en un mundo completamente distópico. Algo malvado se ha apoderado de mí, no puedo hacer nada al respecto. He entregado una parte de mí y se la han llevado por completo, no ha quedado nada más que un cuerpo vacío, agotado y temeroso. ¿Miedo a morir? ¿Miedo a vivir? ¿Miedo a seguir viviendo? ¿Realmente es vivir cuando ya te sientes muerto? Siento que se puede morir aunque se respire cada día. Ya no hay alegría que me mantenga vivo, solo me quemo en un infierno de pesadillas en las que no puedo dormir. Culpo al café del insomnio, pero sé que son mis malos pensamientos. Me siento como nadie, y nadie viene a acompañarme en mi entierro. Debajo de mi piel, los gusanos ya me están comiendo. Ya no quiero crecer, solo pido que el tiempo se acabe, al menos mi tiempo, dejando que mi mente y su infierno ganen.Estaba leyendo uno de los poemas de Darío durante mis noches de insomnio, esas en las que pensamos demasiado y nos terminan consumiendo con pensamientos cada vez peores. Porque nadie puede entender lo que el otro está pensando hasta que le sucede algo similar. Puedes mirar a los ojos de una persona y no darte cuenta de que se está muriendo porque te distraes con su sonrisa. A veces, nos perdemos en la falsedad de las palabras sin ver más allá de ellas. Continué leyendo, intentando calmar mi ansiedad.Me suicidé tantas veces que ya dejé de contar: aquellas marcas en mi muñeca, esos cortes de pelo por culpa de la ansiedad, las uñas de mi mano siendo arrancadas por mis dientes, el morderme la boca hasta sangrar, el insomnio en una noche llena de culpas, los pensamientos viajando a una velocidad mayor que la de mi cabeza, la necesidad de salir de la soledad, un abrazo, un beso, palabras que te saquen de aquel mal momento, guardarme las lágrimas para después encerrarme a llorar. Incluso cuando sobre pensé millones de veces una situación, me suicidé tantas veces que dejé de contar, porque no hace falta perder los latidos para entender que poco a poco te vas muriendo en soledad.Aquel escrito era tan real, y yo me encontraba atrapada en aquel maldito momento que llegaba sin avisar, haciendo que mi cuerpo temblara. Intenté cerrar mis ojos para ver si de alguna manera podía conciliar el sueño, pero mi cabeza no me dejaba dormir. Se creaban miles de situaciones en donde cada una de ellas empeoraba en relación con la otra. Tenía miedo; el terror recorría mi cuerpo. Era un mal presentimiento, como si algo realmente malo estuviera a punto de suceder, algo que acabaría por completo con todo, un caos completo. Sentía que todo se desbordaría y que lo perdería todo, incluso a Elidha.-¿No puedes dormir verdad? –Eli entró suavemente a la habitación como si tuviera un radar que avisara cuando los malos momentos se acercaban.—¿Soy un desastre verdad? –pregunté a punto de romper en llanto.—Ambos lo somos, zanahoria. No tienes por qué pensar que estás mal. Es algo normal; todos nos equivocamos, incluso los sabios. Los errores están por todos lados. – Eli se sentó a mi lado, acariciando suavemente mi pelo. - Es que realmente no puedo cambiar. Sé que no te quedarás toda la vida esperando que pueda hacerlo. Llegará el momento en el que encontrarás a alguien más, alguien que no te llene de problemas. – Elí se merecía algo mejor, algo que yo no podía darle, alguien que realmente valga la pena.—No quiero a nadie más a mi lado. A veces eres fría y eso duele. Sé que ocultas cosas, pero son tus miedos los que hablan, no eres tú. ¿Realmente quieres estar conmigo? – Él se acostó a mi lado, pasando su brazo por debajo de mi cabeza, girando mi cuerpo hacia él, dejándonos cara a cara. – No necesito nada más que saber que te mantendrás a mi lado.—Es que la tierra sigue girando y tú estás esperando que pueda cambiar, y no puedo. Demonios, que lo intento, pero solo soy un desastre y me estoy derrumbando. Siento que ya nada en mí puede cambiar y te estoy arrastrando a toda esta mierda conmigo. – ¿Por qué seguiría con una persona que ni siquiera puede decirle "te amo"?—No te pido que hagas un gran cambio. Solo quiero que veas que eres alguien increíble, alguien que se merece lo mejor. Realmente quiero estar contigo porque me siento mejor. – Él besó suavemente mi cuello mientras susurraba al oído. – Realmente te amo.—¿Me seguirás amando incluso aunque por algún motivo tengamos que terminar? – Pregunté a Elí mientras clavaba su mirada en mi boca.—Si alguna vez te vas, todo aquello a lo que amo cambiará de color, incluso lo que más me gusta, porque creo que nada será igual si tú no estás. Los días pasarían como así las estaciones, y sentiré que mejoro, pero algún pequeño recuerdo me llevará a una recaída de la cual tardaré aún más tiempo en recuperarme. – Él tomó mi rostro de manera tierna. Sus manos estaban tibias, se sentían bien. – Prométeme que nunca te irás de mi lado, que te quedarás incluso aunque ya no estemos juntos.—Prometo nunca alejarme de tu lado. No importa lo que hagas, jamás te voy a abandonar. – Estaba segura de que no me apartaría jamás de aquella mirada, esa mirada que miraba repleta de un vacío tan misterioso, esa mirada que brillaba y a la vez se apagaba, esa mirada que no dejaba ver, aquel secreto que guardaban esos ojos.—Quizá no estemos juntos para siempre y nuestra relación se convierta en un "hasta que dure y sea sana". Por eso, espero que, en los peores momentos, tengamos la salud de un anciano, porque siempre llegan momentos difíciles que pueden destruir lo bonito en una pareja. —Él enredó sus brazos en mi cuerpo y acercó su boca a mi oído. —Espero que nuestros peores momentos nunca lleguen. Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado.—Lo ves, tú quieres llevarme al cielo, pero yo no puedo. No puedo ser lo que tú eres para mí. –Las lágrimas comenzaron a caer suavemente por mi mejilla.—No quiero bajarte la luna ni llevarte a las estrellas. Quiero hacerte sentir que puedes alcanzarlas por ti misma. Porque eso es el amor, darle la fuerza necesaria a la persona que amas cuando siente que no puede lograr lo que desea. Yo nunca abandonaré esa idea si es algo que realmente quieres con el corazón. –Él besó la salada gota que caminaba por mi cara, llevándosela con su boca y convirtiendo mis tristezas en un gesto de amor. —Vayamos a cuatro mil millones de años luz, a un lugar donde no exista el miedo y pueda recorrer cada parte de la galaxia oculta en tu mirada. Creo que eso es suficiente, porque el mundo aquí está jodido, realmente podrido. Alejémonos de todo y te pido que lo hagas conmigo, que me acompañes. Porque, si no es contigo, no existiría una galaxia perfecta en la que pudiera habitar. —Él apoyó mi cabeza sobre su pecho y pude sentir cómo su corazón latía al compás del mío, complementándose en una perfecta sintonía, mientras yo solo podía mantener ideas negativas en mi cabeza.—¿Por qué existe ese feo sentimiento de destruirse a sí mismo con pensamientos? ¿Por qué tenemos que sentir dolor de la peor manera, arrastrando todo lo que nos rodea? ¿Por qué no podemos simplemente sentir cosas bonitas? —pregunté a Elí entre lágrimas, mientras este trataba de calmar mis nervios con caricias, sin apartarse de mi lado.—Lo dulce no sería dulce si no existiera lo amargo, no habría amor sin odio, siempre hay algo roto para algo arreglado, o lo bueno dentro de lo malo y viceversa. Así es el mundo, zanahoria, equilibrado. Eso no quita que sea una completa mierda de esa manera. —él suspiró aliviado al ver cómo el temblor en mi cuerpo disminuía mientras frotaba mi cabello suavemente con sus manos, aferrando mi cuerpo al suyo. —Somos papel bajo la lluvia, con destino a deshacernos cada día un poco más mientras esperamos un sol que nos dé calor para podernos secar. Aun así, quedan partes rotas de nosotros por intentar caminar bajo la lluvia sin ayuda del sol. —¿Acaso Elí tenía razón y de tanto intentar lidiar con mis problemas sola, terminé haciéndome más daño de lo normal? Quizá era como él siempre decía y, en ciertas ocasiones, necesitamos de alguien más para salir de aquellos problemas que no podemos solucionar solos. Pero mi cabeza me hacía pensar de una manera diferente, de una manera muy negativa.—Realmente es difícil hallar un refugio en la tormenta que uno mismo crea. Se vuelve cada vez más tedioso y va empeorando con el paso del tiempo. Llega un momento en el que pierdes la fuerza y ya no quieres seguir luchando contra el viento, solo pides que te lleve. Y no creo que con la ayuda de alguien se pueda contrarrestar. —Estaba agotada de pelear contra mí misma una y otra vez y no tener respuesta.—De nada sirve pedir ayuda si dejas que esa persona luego arrastre contra el huracán en soledad, cargando con todo el peso sin tu ayuda. Si tú no haces nada, no importa cuántas personas intenten auxiliarte, nunca llegarán a nada porque tú no quieres cooperar. —Elí tenía razón. Yo decía en mi cabeza querer mejorar, pero me había dado por vencida, poniendo todo el peso de mis diluvios sobre su hombro, dejándolo en soledad. —A veces, necesitamos olvidar lo que sentimos para recordar aquello que merecemos, no lo que creemos merecer.—Si en algún momento decido irme... —cuando quise seguir hablando, sentí sus manos tapando mi boca, callando mis labios.—Eso es algo que no quiero escuchar, sé que suena egoísta, pero por favor quédate a mi lado. —Elí besó mi frente tiernamente soltando la mano que tapaba mi boca.—Prométeme que me seguirás amando cuando me vaya, así como yo te amaré. —Tomé sus manos suavemente, uniendo nuestros meñiques en forma de promesa. —Promételo.—Tú no te irás, no dejaré que lo hagas. Si los ángeles sienten pena de nosotros, ¿por qué no descienden? Por qué en verdad que es tan difícil hallar refugio en una tormenta que tú mismo te creas.Eli se aferró más fuerte a mí, casi sin dejarme respirar. —Todos somos estrellas, o quizá polvo de ellas. En algún momento nos terminaremos desvaneciendo, átomo a átomo, molécula a molécula. No quedará nada de nosotros, solo el recuerdo. Por eso, cuando me vaya, aunque no quiero hacerlo, te pido que no me sigas amando. Porque me mantendré en tu mente en forma de dolor. Mantenme como el recuerdo más bonito dentro de tu cabeza, así cada vez que te visite en tu memoria puedas sonreír. —Todas las estrellas tienen un motivo por el cual brillar, eso es lo que siempre decía Elidha, que las personas somos estrellas que debíamos mantener nuestro brillo y que si un día por algún motivo se apagaba el mío, me darías parte del tuyo. Era demasiado pequeña aún para comprender muchas cosas, pero realmente estaba segura de que esto era parte del amor. Lo que sentía por él era tan real como mis problemas.Había logrado calmarme nuevamente gracias a Elí. Me sentía más tranquila y mi cabeza había dejado de pensar. Sin darme cuenta, mis ojos empezaron a pesar ante la mirada fija de él. Comencé a sentir el cansancio de todo lo que se mantenía acumulado durante estos días, todas esas noches de insomnio y desvelo. Sentía la respiración calmada de Elí sobre mi oído como si se tratara de una nana para hacerme dormir. Él estaba sonriendo, viendo cómo de a poco caía rendida ante el sueño. Por algún motivo, sentía como enormes océanos nos separaban, lo diferente que éramos. Pero él era mi motor, aquello que me mantenía estable ante tanto mal. Elidha se había convertido en algo indispensable para mí, algo que no quería soltar. Por eso, no podía decirle nada. Debía callar la verdad, que yo era aquella niña que lo había abandonado, lastimándolo. Que era la pequeña que conoció, a la cual salvó en aquel sucio callejón. Quien le había prometido quedarse a su lado y terminó dejándolo en abandono haciéndolo sufrir, una vez más. Y así caí rendida sin poder decirle sobre aquel escorpión que se escondía en el restaurante.

La verdad detras de sus ojosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora