Capítulo 36.

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( Capitulo dedicado a Karen )

Síndrome de takutsubo no existe un corazón que no haya probado una espina ni flor que no lo embellezca.

Cuando éramos niños contábamos estrellas. Uno, dos, tres, mil, cien... No importa cuántas eran, era obvio que jamás podríamos llegar a contarlas todas. Aun así, noche tras noche, mirábamos al cielo y nos dormíamos mientras lo hacíamos. Pero al ir creciendo, dejamos de contar. Porque sentíamos que era algo imposible. Por eso, quizá, cuando miramos al cielo, tenemos un montón de sentimientos: melancolía, felicidad, tristeza, paz. ¿Será que todas aquellas estrellas que contábamos eran los sueños que teníamos de pequeños? ¿Será que aquel cielo iluminado se mantiene esperando que aquel niño atrapado entre otras sensaciones no deje de contar estrellas para contar preocupaciones? Por eso, aquellos sueños siempre se mantienen iluminados para nosotros. Para recordarnos que debemos soñar. No debemos dejar que nuestros sueños se escapen por el agujero del bolsillo roto de un viejo pantalón. Espero que todos un día puedan seguir siendo como aquel niño que contaba estrellas y jamás dejen de soñar.

"Eli no estaba en casa de nuevo y la soledad me golpeaba como olas en un huracán. Últimamente, él había estado saliendo mucho con su abuelo y volvía agotado, pero aún así, encontraba el tiempo para mí, aliviando mi ansiedad y mis ideas tontas. Porque todo el mundo necesita sentir cariño, más allá de las palabras del amor. En los días en que Eli no estaba conmigo, me sumergí más profundamente en aquel diario de Darlo. A medida que leía más, el tono se volvía más oscuro, haciéndome entender que, sin la ayuda necesaria, las personas con problemas psicológicos se deterioran y consumen en un mundo doloroso que realmente comprendía a la perfección. También usé esos días para visitar a mi madre, quien ya se sentía mejor, pero por alguna razón, me sentía sola, consumida por la soledad. Me había acostumbrado demasiado a su presencia y su ausencia se estaba volviendo demasiado pesada para mí. Me llevó a pensar qué haría si un día me faltara, si Eli descubriera todas las mentiras que le ocultaba y desapareciera de mi vida. Si me odiara, no podría soportarlo. Me destrozaría de la peor manera. Creo que, como él siempre me había dicho, no es bueno depender completamente de alguien, que eso jugaría en contra de uno mismo y que se volvería obsesivo. Tenía toda la razón porque terminamos arrastrando a esa persona con nuestro dolor. Pero, ¿qué puedes hacer cuando no tienes otra opción? ¿Cuando es depender de alguien para estar mejor o consumirte completamente en la mierda? Cualquiera elegiría la primera opción. Quizá por eso me aferraba tanto a él, porque sabía cómo se sentía estar sumido completamente en la mierda, luchando contra mí misma. Sabía que no era bueno crear ese tipo de dependencia, pero también estaba segura de que de otra manera estaría mucho peor. Por eso me había negado a contarle todo y seguía guardando esas pequeñas mentiras que con el tiempo se convirtieron en algo enorme que se me había escapado por completo de las manos. Estaba segura de que ese cajón en el que las guardaba explotaría en algún momento porque así son las mentiras: cuando salen a la realidad, terminan destrozándolo todo, llevándose lo mejor y convirtiéndolo en dolor, tristeza y perdición. Estaba completamente segura de que esas mentiras me jugarían en contra en algún momento, pero el miedo a perderlo era demasiado grande como para pelear contra mi ansiedad y contarle todo. Mi cabeza ya había creado dos mil historias, y cada una de ellas terminaba peor. Por eso las callaba y seguía guardándolas en ese cajón a punto de explotar y generar caos. Golpeé mi cabeza para sacar esos pensamientos y tomé el diario de Darlo para distraerme. No quería que mi ansiedad me ganara y me consumiera, así que me puse a leer desde donde lo había dejado. En esos párrafos, hablaba sobre una chica de ojos azules que lo mantenía sobrio del dolor, Hablaba sobre las personas ancla y los faros. Aquellas que están atrapadas en el fondo del mar lleno de sombras, que solo se mantienen a flote gracias a la luminosidad de esa pequeña luz que se vuelve inmensa bajo el mar. Esa luminiscencia es brindada por aquellos que son faros, quienes a menudo no comprenden la importancia que tienen para un ancla imperfecta y desgastada, varada en las profundidades. Junto a los escritos había un pequeño poema que reflejaba aquel mensaje en forma de amor.

Existen seres especiales en nuestras vidas que sin saberlo, se convierten en faros que iluminan nuestro camino y nos guían hacia la claridad. A pesar de que puedan encontrarse sumidos en la oscuridad y ser azotados por las olas más tempestuosas, su brillo sigue siendo poderoso y penetrante. En momentos de desesperanza y desorientación, ellos nos devuelven la esperanza y la calma, ofreciendo una sensación de anclaje en medio de un mar tormentoso. Deseo que esa persona sea consciente de su importancia, que sepa que es mi faro en la distancia, el cual ilumina lo más profundo de mi ser y me ofrece un refugio seguro en medio de la tormenta.

La verdad detras de sus ojosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora