Capítulo 43. Todos somos los villanos de una historia mal contada.

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De niños nos contaban historias con las cuales nos íbamos a dormir, creyendo que cuando creciéramos las cosas serían así, sin darnos cuenta de que ninguna de ellas era real. No había hadas madrinas, zapatos de cristal ni princesas a las cuales rescataban príncipes azules en un blanco corcel. La vida era mucho más dura, y quizás por eso perdemos el sentido de vivir, porque esperamos un cuento de hadas donde todo salga bien, donde no exista la depresión y el mal, donde puedas reír y respirar con tranquilidad. El estereotipo de "una vida perfecta" donde no tienes que estar encerrado en un habitáculo generando dinero para alguien que solo te da sus sobras, donde no existe la falsedad oculta en una sonrisa con rasgos de puñal que incluso a veces lleva tu propia sangre. Esas puñaladas son las que más duelen, y así como el garfio de Peter Pan, todos somos villanos de una historia que fue mal contada.

Día diez sin despertar junto a él. Afuera, llovía como si hubieran destrozado el corazón al cielo. Quizás él estaba con ella, quizá la esté tratando como me trataba a mí. Miles de pensamientos pasaban por mi cabeza y no me dejaban de atormentar. Así como la lluvia no cesaba, mis ojos no paraban de confundir a cada una de las personas que me cruzaban por las calles, pero ninguno era él. Incluso por la noche, me abrazaba fuerte a la almohada porque era una sensación horrible la de estirar mis brazos y no encontrar nada, solo vacío. Un enorme vacío al entender que aún lo seguía amando, a pesar de todo el daño causado. Lo seguía buscando y sabía que si lo viera, mi boca hablaría cosas que mi corazón no pensaba. Soltaría palabras que lo lastimarían para equiparar el daño causado por aquellos labios que fueron posados en otra boca.

Me levanté totalmente desganada. Era domingo, tenía que ir hacia la tienda. Me fijé en la tableta si Tag me había contestado, pero no había señal de ello. Él también me había abandonado, todos lo hacen. Miré sobre mi mesa de luz y me puse el collar que Elidha me había regalado, pero el anillo no estaba. Miré mis manos, creyendo haber dormido con él, pero no estaba. Comencé a remover toda mi habitación en busca de él, me estaba desesperando. No podía encontrarlo. Lo busqué por todos lados, incluso en la mochila que habían traído de la casa de los Woods. Adentro solo estaban los escritos de Darlo, aquel dispositivo que no habíamos logrado encender y algunas cosas que Elí me había regalado. Me estaba volviendo loca, no podía encontrarlo, así que corrí hacia abajo para saber si mi madre lo había visto en algún lado. Ella se encontraba abajo hablando con un hombre.

—Está perfecto entonces, con eso cerramos la transacción. Muchas gracias —dijo el hombre sonriente mientras se retiraba por la puerta de la casa. —Te ves horrible. Deberías arreglarte. Por cierto, tu madre ya consiguió un lugar donde irse. Conseguí una casa en un lugar alejado de todo, en la otra punta de la cúpula. —No me interesaba nada de lo que decía.

—¿Era mío? —pregunté como si no me importara.

—¡¿Dónde está?! —grité ante su falta de respuesta.

—Lo vendí. No sabía que valía tanto. Con eso pude comprar la casa. —Mi corazón se quebró al pensar en aquel regalo de Elidha y en cómo no lo había cuidado mejor.

—Devuélvemelo —dije con furia, mis ojos llenos de ira, solo quería golpearla.

—Te estoy diciendo que ya no se puede... —No la dejé terminar de hablar y me abalancé sobre ella golpeándola una y otra vez mientras se defendía.

—¡AHHHHHHHH! ¿Tanto así me odias? —mi madre dejó de oponer resistencia mientras yo la golpeaba sin fuerza, estaba demasiado débil por la mala alimentación.

—Es lo mejor, luego lo recuperaremos, está bien. —Mi mundo se derrumbaba, toda la vida que había construido en mi cabeza se desmoronaba cada vez más.

No respondí nada, solo me dirigí hacia la escuela con la cabeza baja. El día no podía ser más horrible. Cruzaba la calle sin mirar mientras los conductores me insultaban. Ya no sentía ganas de nada, solo de acurrucarme en mi cama a llorar. Pero no podía. Después de la escuela, me dirigí a la tienda. Tenía odio dentro de mí que necesitaba soltar, demasiado dolor y muchas heridas que quería convertir en malas palabras hacia cualquier persona. Cuando intentaba tomar un respiro de todo, Elidha entró por la puerta. Se la veía completamente devastada. Quería preguntarle qué le sucedía, pero mi boca, la cual ardía de maldad, solo lanzó insultos hacia ella.

La verdad detras de sus ojosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora