a 19 de mayo 2139
Era un girasol el cual se había enamorado de la luna, experimentaba sentimientos nuevos junto a él, sentía que todo era diferente, mi pecho padecía una opresión al ser tocada y mi cabeza daba giros embellecidos ante sus palabras, quién era este chico tan misterioso, por qué me trataba tan diferentes al resto.
Miles de incógnitas se mantenían en mi pensamiento y emergían de lo profundo de mi ser, me mantuve toda la noche intentando comprender todas las preguntas que estaban revoloteando a mi alrededor, solo deseaba volver a verlo, que vuelva a jugar y contar mis pecas, sin importarle mi olor, mi pelo ennegrecido por la suciedad y todos mis defectos visuales, a ti no te importaba nada de eso y solo veías la belleza que lograbas encontrar en el interior de mi mirada que se perdía en tu sonrisa.
Tocaba levantarme, había dormido poco, mi cabeza pensaba en cuando te volvería a ver, me hacías sentir bien, me hacías florecer cuando solo era una pequeña pieza de polvo flotando en el aire.
Abrí mis ojos y vi el rostro de mi madre, estaba contenta se le notaba, la abuela se había ido como siempre hacia la granja, al intentar levantarme noté que mi cuerpo se encontraba sumamente agotado, quisiera tener la opción de no tener que ir hacia la granja y poder descansar al menos un día, aún guardaba los chocolates que me había dado Eli en el bolsillo, me había olvidado de entregarlos a la abuela y a mamá, solo intentaba percibir que eran estos sentimientos por los que estaba pasando luego de haber pasado más tiempo junto a Eli, al ser tratada de esa forma tierna por él, así que decidí darle su parte a mi madre.
—Ayer un chico me dio unos chocolates, guarde uno para ti —extendí mi mano ofreciendo uno de ellos a mi madre.
—Guárdalo para ti, por cierto ¿quién es ese chico?—. puso cara de preocupación.
—No lo sé, es uno de esos chicos ricos de la ciudadela—. No sabía nada sobre Eli, aún así me hacía sentir diferente al resto.
—No lo conoces y te entrego chocolates, eso es raro, ¿Miah, de dónde has sacado eso? —mi madre no creía mis palabras.
—Es cierto, es familiar de una de las amigas de la abuela, ellos son los que le ayudan con la granja.
—Solo ten cuidado, él podría haberte culpado de que los robaste y serías castigada, no confíes en los chicos de clase alta—. Quería decirle que él era diferente, que Eli no era así pero solo me quedé callada.
Mi madre calentó el agua con unas ramas las cuales encendió previamente, hacía mucho frío así que me acerqué a la pequeña fogata.
—Quisiera quedarme aquí y no tener que ir hasta la granja —comenté agobiada.
—Ya llegará el momento que no tengas que hacer nada de eso y puedas ser una niña como las demás—. Sus dichos la hacían ver confiada.
—Espero que pueda ser pronto.
Mi madre sirvió el agua, está vez no había trozo de pan ni nada parecido, me tendría que conformar solo con tomar agua caliente con algunas especies.
Guardaría el chocolate para otra ocasión, había recogido unas hierbas de los alrededores para darle un poco de sabor e intentar hacer un insumo un poco más agradable que solo agua hirviendo.
Luego de tomar el desayuno tocaba ir hacia la granja, me preguntaba si realmente hoy lo volvería a ver, mi corazón comenzaba a acelerarse rápidamente mientras pensaba en sus manos acariciando mi rostro sucio por el trabajo, en la granja no había dónde lavarse así que solo esperaba llegar a casa para luego limpiar mi suciedad, no podíamos gastar mucha agua así que rara vez tenía la oportunidad de poder lavar mi cuerpo por completo.
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La verdad detras de sus ojos
Novela JuvenilEspero que les guste y disfruten de esta historia, la cual escribí para tres personas importantes en mi vida. Mi primer amor, quien me hizo comprender que más allá de la distancia, se podía amar de la manera más hermosa posible. A ella, van dedicada...
