"Tic tac, tic tac, tic tac" - los minutos pasan mientras me sigo encontrando encerrado en mi jaula. Veo cómo los demás niños corren por el pasillo, y quiero ser libre como ellos, pero no puedo. No me permiten salir y por eso no tengo muchos amigos, solo aquellos que creo en mi cabeza en cada libro que leo.
Me gustaría ser como ellos, pero no puedo. Mi padre me dijo que no servía, que era alguien innecesario. Al principio, me dolía porque no lograba entender, pero luego lo terminé creyendo. Lo entendí, era solo un pájaro sin alas atrapado en una pecera. Y si era una pecera, ¿por qué las paredes eran de vidrio y el agua llegaba hasta arriba, logrando ahogarme cada vez más?
A veces mi situación mejoraba y gracias a eso podía ver a mis abuelos, a mi tío o, rara vez, a mis padres. Ellos no venían a verme, sentían que era un desperdicio. También me visitaba mi hermana, quien era la que más venía. Siempre me traía libros y cosas para colorear, pero no le veía el color a nada. No lo sabía, no entendía los colores porque mi vida era completamente gris. Solo esperaba, esperaba el momento en que mi cuerpo falle y pueda irme o cuando el agua tape por completo mi respiración, porque vivir dolía, realmente dolía.
Nerea y el tío se habían marchado. Me quedaba nuevamente en la soledad de una fría y tenebrosa habitación, de la cual creía que me estaba acostumbrando, pero no era así. Durante las noches, mi mente comenzaba a imaginarse cosas que no estaban allí. Era una constante guerra contra pensamientos que solamente dañaban mi mente. Intentaba distraerme leyendo libros o haciendo cualquier otra cosa que mantuviera mi mente ocupada, pero eran fuertes, demasiado fuertes para poder controlarlos.
Aquella sensación de estar muriendo, esa disnea que cerraba mi pecho, la aceleración de los latidos del corazón, el nerviosismo que no me dejaba controlar los temblores que se generaban en mi cuerpo, como si yo no fuera el dueño de cada parte de mí. El miedo se apoderaba por completo, como si yo no existiera. Lo peor de todo es que esas sensaciones ocurrían en cualquier momento, de la nada, como si por arte de magia mi cerebro mandara una señal a mi sistema nervioso haciendo que se descontrole de la peor manera. Era aún peor porque no tenía a nadie que me acompañara en todo ese proceso, alguien que me hablara, que me calmara y me dijera que estaba aquí para mí, que abriera sus brazos y me dejara caer ante él, arropándome en su pecho, dejando salir todo ese temor que llevaba dentro de mí, todas las lágrimas y que calmara aquel temblor que muchas veces se volvía interminable.
Tenía miedo, mucho miedo. Me preguntaba una y otra vez cuándo todo esto terminaría, cuándo iba a parar. Ya no le encontraba sentido a nada y era algo realmente horrendo no sentir, no hay sentimiento más feo que vivir sin estar viviendo. Rey siempre me decía que era algo inservible, algo roto que no tenía reparación alguna. Con cada insulto que se escapaba de su boca se me iba un pedazo más de vida, era como un pequeño frasco de vidrio al cual solo llenaban de insultos y comentarios que realmente me herían. Era como si cada una de esas palabras llenaran el frasco haciendo que solo acumule malos pensamientos: "realmente no sirvo", "no debería haber nacido", "soy tan débil", "debería estar muerto". Tantas frases escuchadas saliendo de la boca de mi padre, las cuales llenaban el frasco haciendo que este se agrietara cada vez más hasta llegar al momento en el que esté a punto de reventar, esparciéndose por todos lados, rompiéndose en mil pedazos que se volverían imposibles de reparar, por más empeño que se ponga.
—Permiso, ¿se puede entrar? –era Mery, una de las enfermeras a mi cargo cuando la enfermera Kinna se tomaba el dia, Kinna era la encargada de cuidarme dia a dia pero cuando no estaba Mery se hacia cargo. —¿Otra vez teniendo esos ataques, ¿verdad? –asentí con la cabeza. —Bien, te pondré un calmante para que eso mejore. Tienes que intentar controlarlo de alguna manera. Mientras preparo eso, cuéntame, ¿estás leyendo algo nuevo? –Un libro sobre la ansiedad, para intentar controlarla o entenderla un poco más. –Mery sonrió. —Tú siempre leyendo cosas tan complicadas. Me parece increíble que, siendo tan joven, tengas un intelecto tan elevado. Quizás debería empezar a leer también. ¿Algún libro que me recomiendes? –Ella siempre había sido amable conmigo, pero sabía que era por lástima. En cualquier momento, lo que tenía dentro de mí podría desatarse y empezar a consumir cada parte de mi cuerpo. Era como una bomba con un temporizador oculto, y eso daba miedo, el luchar contra eso.
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La verdad detras de sus ojos
Novela JuvenilEspero que les guste y disfruten de esta historia, la cual escribí para tres personas importantes en mi vida. Mi primer amor, quien me hizo comprender que más allá de la distancia, se podía amar de la manera más hermosa posible. A ella, van dedicada...
