Capítulo 56. Las cometas siempre vuelan en otoño.

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A veces encontramos una rosa hermosa y queremos llevárnosla con nosotros, cambiándola de lugar. Pero cuando regamos algo, por más hermoso que sea y por más que intentemos cuidarlo, esto termina marchitándose. Tal vez No es nuestra culpa, quizá la rosa era el problema. Nosotros dimos todo lo que pudimos, pero ella decidió no quedarse a nuestro lado, a pesar del cariño y cuidado que le entregamos. Aun así, ¿por qué nos sentimos mal como si nosotros fuéramos los que fallamos? ¿Por qué nos lamentamos o nos castigamos creyendo que pudimos hacer más? Será que amábamos tanto a la rosa que nos mentíamos a nosotros mismos diciendo que ella era feliz con la forma en que la estábamos tratando.

O tal vez Pensemos en esto: si la rosa estaba bien de esa manera, ¿por qué quisimos cambiarla? Si amar significa aceptar todo, incluso aquello que creemos que está mal, entonces el amor es como esa rosa. Si intentas cambiarla a tu gusto, creyendo que será mejor de esa manera, terminará marchitándose. Podíamos cuidar aquella rosa en ese lugar, no necesitábamos cambiarla. Si cuando la vimos, nos gustó como era, entonces no deberíamos haber intentado cambiarla. A veces somos demasiado egoístas y terminamos destruyendo todo lo bonito. En ese caso, sí es nuestra culpa.

A besos frágiles, asi nos manteníamos callando nuestros labios, compartiendo la misma sintonia en nuestras bocas las cuales se dejaban arrasar por aquel sentimiento tan particular del cual se aprende con un verdadero amor, por que luego de besar a la persona que realmente amas, ningún otro beso se convierte en beso no importa que tanto se intente querer, nada iguala el besar amando, o besar al amor de tu vida.

—estrañaba esta bella sensación. —dijo eli clavándome una penetrante y oscura mirada, se lo veía un poco mas desgastado y flaco, también estaba mas alto, era increíble, habían pasado tres años de la ultima vez que nos vimos y ya no le podía decir enano por que estaba un poco mas alto que yo. —te has tardado. —dijo con una sonrisa en sus rojos y húmedos labios.

—dicen que lo bueno se hace esperar, yo también espere demasiado por volver a sentir el sabor tan único de tu boca. —no podía parar de besarlo, era como si se tratara de una adicción y realmente yo era la adicta a su boca, a su olor, a el, me habia perdido nuevamente en ese mar de sensaciones.

—No puedo creer que finalmente estemos juntos de nuevo, Eli. —dije con un suspiro mientras lo abrazaba fuertemente.

—Yo tampoco puedo creerlo, mi amor. Ha sido demasiado tiempo sin ti. —respondió él mientras acariciaba mi cabello.

Cada palabra que salía de su boca era música para mis oídos, y no podía evitar sonreír ante su presencia. Había extrañado tanto su aroma, su sonrisa y su voz, que no podía creer que lo tenía frente a mí nuevamente.

—¿Cómo has estado, Eli? —pregunté mientras lo miraba fijamente a los ojos.

—Bien, pero nada se compara a este momento que estoy teniendo contigo. He pasado todos estos años pensando en ti, soñando con volver a tenerte cerca. —respondió él con una ternura que me hacía estremecer.

—Yo también he pensado en ti, Eli. Siempre has sido mi debilidad y mi fortaleza a la vez. No puedo evitar amarte con todo mi ser. —confesé mientras lo besaba suavemente.

Elidha se separó un poco para mirarme directo a los ojos, con una ternura que nunca antes había visto.

—Miah, tengo que confesarte algo. Durante todo este tiempo que estuvimos separados, yo también pasé por momentos muy difíciles. Extrañaba tu presencia y la forma en que me haces sentir, pero también me di cuenta de que, sin ti, perdí algo importante

frunci el ceño, preocupada por lo que estaba por decir.

—Perdí mi capacidad de amar, Miah. Me di cuenta de que, sin ti, me había vuelto una persona fría y distante. Pensé que podía vivir sin amor, pero estaba equivocado. El amor es lo que nos hace humanos, lo que nos da esperanza y nos hace luchar por nuestros sueños.

Lo miré sorprendida, sin saber qué decir. No podía creer que Elidha, el chico que siempre había sido tan seguro de sí mismo, hubiera pasado por algo así. Pero también me hizo reflexionar sobre mi propia vida y cómo la ansiedad y la depresión habían afectado mi capacidad de amar. Aunque pensándolo mejor, nunca habia conocido al verdadero eli, no sabia cual de todos era el, si el pequeño niño del hospital del cual no tengo casi memoria, del niño del callejon o del eli mayor el cual habia sido mi novio, quien me acompaño en todo momento.

—¿que crees que hace el tiempo con las personas que pierden su capacidad de sentir? —pregunte en busca de una de sus respuestas, esas que siempre me daban.

Elidha se quedó pensativo por un momento antes de responder:

La verdad detras de sus ojosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora