-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto.
Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
La chica despertó desorientada, su cuerpo dolía horrores, su brazo estaba entumecido, sus ojos pesaban y una presión se asentaba en su pecho. Se recostó en su cama, dándose cuenta rápidamente que era más suave que la suya y tenía un aroma diferente. Abrió los ojos cegados por la luz que entraba por una ventana cuyo brillo iba a parar a su brazo vendado.
Fue entonces que la realización la invadió, cierto. Habían bajado al infierno, habían atacado el hotel de la princesa de mierda... y Adam, Adam estaba muerto. Con furia regresó al cielo a ver a Lilith, rompiendo el trato al que su superior, Sera, había llegado y con el que Adam nunca estuvo enterado.
Sera la había ido a buscar a ese acantilado en donde las nubes llenaban los cielos azules y la ciudad abajo era pequeña. Recuerda haberse tomado la botella de licor cuando escuchó que preguntó por Adam, y después de eso el agotamiento físico y mental la derribó.
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El séptimo cielo era el más alto en donde Dios se encontraba.
El sexto cielo donde se encuentran los príncipes del paraíso.
El quinto cielo donde se encontraban los ángeles mayores y los más antiguos.
El cuarto cielo donde se encuentran los serafines.
El tercer cielo es un espacio específico para los ángeles exterminadores y los guerreros.
El segundo cielo, al que siempre solían ir Adam y Lute, es donde están todas las almas humanas.
Y el primer cielo que es en donde se encuentran todos los nacidos en el cielo.
Lute gimió por lo bajo, se sentía débil, cansada, tan agotada que por un momento decidió sólo dejar de existir, pero en su mente aparecía esa sonrisa, esa voz, ese hombre herido al que le habían arrebatado todo, y decidió seguir luchando por él.
Para vengar su memoria no iba a permitir que esas bestias inhumanas fueran impunes, ella se encargaría de matarlas. Se enderezó apretando los dientes intentando soportar el dolor, Adam no había entrenado perras débiles. Al visualizar mejor la habitación se dio cuenta rápidamente que era muy pulcra, la cama era grande y también había una televisión, un librero, una mesa de centro y un sofá.