3
OVERLORD'S
—¿De qué estás hablando?— gruñó Charlie cansada de todo esto.
—Revolutio imminet.
El silencio se estancó en el lugar. Charlie regresó a su asiento, sus cuernos prominentes se alzaban orgullosos en su cabeza, su ceño se frunció y sus ojos se volvieron dos rendijas de un intenso color sangre mientras su cola se azotaba impaciente arriba y abajo. Sus garras golpeaban rítmicamente el posa brazo mientras cruzaba su pierna derecha sobre la otra.
Era en pocas palabras, totalmente intimidante. Acción que hizo que pronto Sumatra y Baffin se reacomodaran y levantaran sus sillas. Siendo Baffin la que acercó una para la princesa mientras que Sumatra acomodaba una para Malaya.
—Explícate.
Madam se levantó de su asiento viendo directamente a Charlotte que no dejaba de mover sus dedos rítmicamente atenta a cualquier movimiento rápido que terminaria con alguien muerto y no sería ella.
—Su majestad.— esa voz potente y autoritaria que desafiaba a la propia realeza hizo que Charlotte dejara de mover sus dedos mientras miraba con total atención a la mujer enmascarada. —¿No se ha dado cuenta? es solo cuestión de tiempo.
—Mientes, los pecadores no se van a revelar ante mi, no otra vez.— afirmó con dominio poniéndose de pie, el lugar comenzó a calentarse. —Ellos buscan ir al cielo, no hay tal revolución.
Llamas comenzaron a rodearla provocando que por inercia las otras tres mujeres se pusieran de pie y dieran un paso hacia atrás.
—Su majestad..., ¿quien dijo algo de pecadores?
Charlotte abrió ligeramente los ojos por la insinuación de esas palabras. Volvió a sentarse ahuyentando sus llamas mientras le hacía un gesto para que se explicara.
—Los ángeles pueden bajar, las almas humanas son bestias, pero usted nunca lo entendera.— Madam miró hacia su lado derecho, donde la princesa ya se encontraba de pie con sus brazos cruzados y un gesto pensativo. —El cielo es perfección, pero el ser humano es destrucción, y al ver los placeres que hay en el infierno y de los cuales ellos no pueden gozar, cuyas almas de voluntad débil se estremecen deseando con desespero volver a saborearlo entonces...
La mujer regresó su vista a Charlotte que no perdía su apariencia demoníaca, pero que ahora parecía pensativa.
—¿Cómo tomara Dios la idea de que sus ángeles, los humanos que se han merecido el cielo, decidan rebelarse al ceder ante sus deseos humanos e impuros de los que no se puede escapar?
—¿Qué quieres decir?
—Son adictos.— interrumpió Malaya con una sonrisa dulce viendo hacia el frente. —Un adicto puede estar sobrio un año, pero si lo dejas a solas encerrado en una habitación repleta de botellas llenas de sus mayores anhelos, es inevitable no caer en la tentación...
—O matarse.
—Sería un círculo vicioso.— interrumpe Coraline viendo a su madre que parecía negarse a creer dicha teoría.
Charlotte se levantó de su asiento en un borrón de velocidad sujetando a la mujer enmascarada en alto contra la pared. Un gemido brotó de sus labios. La mano izquierda de la Reina conjuro portales por donde aparecieron tentáculos en apenas un parpadeo aprisionando y sometiendo al resto de Overlords que apretaban los dientes debido al dolor.
Coraline no se inmuto en absoluto, simplemente viendo como a su alrededor las tres mujeres eran levantadas y sujetadas con tanta fuerza que casi podía jurar que no tardaría en escuchar huesos rompiéndose así como gritos agonizantes.
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La Princesa del Infierno
General Fiction-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto. Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
