El infierno se sumió en un denso silencio sepulcral con los primeros rayos de luz bendita. Luego todo se pintó blanco y el tiempo se congeló en su totalidad. Nadie se podía mover, nadie parecía poder reaccionar o incluso reaccionar ante aquello que estaba pasando.
—¿Qué carajo?
Se quejó la chica parpadeando confundida tambaleándose hacia atrás. Su mano sujetando su cabeza que palpitaba con molestia, mientras la otra intentaba sostenerse de un edificio cercano.
—Finalmente nos conocemos.— entonó una voz de manera divertida. —Emily me ha hablado mucho de ti.
Charlie levantó la cabeza. El mundo entero parecía retumbar en su cabeza. Su visión entrecerrando intentando concentrarse en aquella voz. Pero la luz que la rodeaba lo hacía muy difícil.
—¿Dónde... estoy?
—Técnicamente en el infierno.— volvió a entonar aquella voz con un deje de risa. —Yo soy quien está hablando contigo en tu cabeza, digámoslo así.
—¿Mi cabeza...?
Charlie se miró las manos, su cuerpo, su atuendo lucía muy igual a cuando estaba peleando con Vox, luego la explosión, y luego...
Sus ojos se abrieron en grande ignorando el mareo que la recorrió cuando se giró abruptamente a todos lados para buscar a Vaggie. Lo último que recordaba era a ella abrazando a su novia...
—No, no, por favor, no...
—Tranquila niña...
—¿Cómo quieres que me tranquilice?— sollozó la chica viendo a todos lados con desespero. Paredes blancas a excepción de un camino que mostraba una pared negra. —Yo..., me dejé cegar por mis pecados, fui una estupida y por eso Vaggie esta...
La chica no se atrevió a terminar con sus palabras cuando cayó de rodillas completamente impotente. Una de sus manos se apretaba a la altura de su pecho mientras la otra se presiona en su cabeza, pasando por sus largos cabellos dorados.
Había fallado. Carmine le había advertido. Le dijo que no importaba que tan enojada estuviera, era su trabajo proteger a Vaggie y fracaso. Sus pecados sometiéndola; la envidia susurrandole lo inutil era. La pereza que se culpaba por haber tardado tanto en llegar. La avaricia y la ira que ansiaban venganza y muerte. La gula y la lujuria que no temían a nada, ya no tenían nada que perder, que más importaba ahora todos los pecadores.
Pero sobre todo, la soberbia gritaba que no había sido su culpa. Que ella estaba bien, que lo que pasó no había sido su culpa. Y que ahora debía terminar con todos ellos, era lo último que le quedaba. Terminar con cada pecador. Alastor, Eva, Adam, Lute, todos sin excepción alguna.
Incluida ella misma, por haber fallado tan miserablemente.
Su respiración era errática, pequeñas gotas de sangre corrían ahora por su cabeza debido a la presión de sus garras en el cuero cabelludo. No podía respirar, y una parte de ella estaba bien con eso. No le importaba realmente. No podría seguir viviendo sabiendo que había perdido al amor de su vida por su propia negligencia.
Dios, que durante todo este tiempo no dejó de llamarla, finalmente hizo algo más contundente para conseguir la atención de la pobre chica que se sumía en su propia miseria y autodesprecio otra vez.
—...¿Qué acabas de decir?
—Ya tengo tu atención, lindura.— se escuchó en un eco.
Charlie parpadeo disipando las lágrimas que obstruyen su mirada. Un hilo de moco corriendo por su labio superior. Con lentitud levantó la mirada viendo que ahora todas las paredes eran negras y la oprimían.
ESTÁS LEYENDO
La Princesa del Infierno
General Fiction-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto. Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
