Arcade — Duncan Laurence
Fue un golpe helado, el metal rasposo y contundente me dejó sin aire, vulnerable. Mi espalda chocó con fuerza contra el cemento del techo del hotel, rodé hasta chocar contra la pequeña barda.
Me levanté en mis pies viendo la sonrisa de comemierda de Lute. Una prótesis metálica sostenía su espada mientras la arrastraba por el suelo creando un camino de chispas rojas.
—¿Cómo conociste a Eva?
—Digamos que fue un encuentro del destino.
Mire a la exorcista frente a mí, con una sonrisa en los ojos y los labios juntos, con una sed de venganza que vibraba en cada poro de su ser con cada paso que daba. Y recordé cuando nos conocimos, cuando caí en un lago no muy hondo asustada, sintiendo un peso en la espalda y mi vista cegada por la luz brillante.
—Lute..., ¿que fue?
—¿De qué mierda hablas?
Sus pasos se detuvieron a varios metros de mí, me apoyé con mi lanza clavada en el suelo, viejas heridas abriéndose y mi concentración ansiosa al escuchar el sonido de pelea a lo lejos.
La voz burlesca de Adam, los gruñidos de Erdnuss, sus armas chocando. Podía ver, alzando un poco la mirada, detrás de Lute, los rayos de luz dorada que se dirigen sin sentido. Erdnuss esquivando y defendiendo.
Las bombas al pie del hotel hacían temblar las columnas, el sonido de las ametralladoras y muy sutilmente el eco de las voces de Ángel y Cherry Bom.
—¿Cómo fue que subiste?
La persona frente a mi se impulso en un parpadeo. El sonido metálico de su espada impactando con mi lanza vibró en mis oídos. Su rostro cerca del mío. Un rodillazo que me dejó sin aire, una patada a mis costillas que me lanzaron hacia una lateral del edificio.
Me levanté en mis rodillas sintiendo un sabor desagradable en la boca. Sangre dorada salpicando el suelo. Moví a ciegas mi mano buscando mi lanza antes de levantarme una vez más para ver a la exorcista que se mantenía a una distancia considerable y su mano sana se flexionan en el agarre de su lanza, su ceño fruncido y mandíbula tensa.
—Cuando te vi...
—Callate.
—Me extendiste la mano...
—Callate, callate...
—Me enseñaste a volar.
—¡Que te calles por una mierda!
El cuerpo delgado se aproximó a mí a gran velocidad, su espada resonó con el concreto donde estaba con anterioridad. Un golpe en la corva la hizo caer de rodillas.
Golpe con el mango de mi lanza la sien derecha de mi enemigo, que la terminó por tirar al sucio suelo rodando sobre su estómago. Un camino de sangre dorada bajaba por su cabeza hasta su barbilla.
Cuando Lute se levantó en sus antebrazos la golpeó con fuerza en el estómago rodando varios metros hacia atrás.
—Pensé que..., si sabias como volar, ya deberías haber pasado mucho tiempo en el cielo.— expresé con voz ronca limpiando la sangre de mi labio con el dorso de mi mano. —Confíe en ti.
—Idiota..., igual que la perra de tu noviecita.
Lute me miró de pie, tomando con fuerza su espada levantándola en mi dirección. Sus pies firmes en el suelo, el talón ligeramente levantado, para impulsarse.
Sostuve mi lanza frente a mí con ambas manos mientras respiraba profundo, ignorando el cuerpo de Erdnuss que era sujetado por el cuello y lanzado contra el cemento de la calle.
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La Princesa del Infierno
Aktuelle Literatur-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto. Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
