34 Libre

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—No... ugh... no puedo más..., estoy cansada, no puedo...

¡Callate!

La mujer escupe sangre negra, su cuerpo yacía sin fuerza en el suelo, heridas graves y profundas por todos lados sangraban y ardían, la visión era cada vez menor, sus latidos cada vez más lentos, su respiración superficial no tardará en apagarse, su cabello rubio ahora maltratado, su vestido roto y andrajoso, el polvo se había adherido a ella como una segunda capa de piel. Ella estaba muerta.

—No creo soportar más..., yo no...

¡Callate!

¡Callate!

Una voz como si fuera suya apareció hace siete años; tiempo después de que la persona que había considerado amiga y compañera le daba la espalda y entraba por un portal brillante dejándola atrás completamente herida y culpable.

¡CALLATE!

Ella se había ganado eso, y durante siete años esa voz la atormentó. Le decía lo estúpida que fue, lo ingenua que había sido, como todo lo que había pasado era su culpa, y que su castigo era ese y bien merecido. No importó cuánto luchó contra esa voz, siempre era más fuerte que nunca la dejaba dormir, no le permitía levantarse e intentar escapar, ella había perdido la voluntad de seguir.

Me estas diciendo que estás satisfecha...

Y por un momento pensó que esa voz volvería a decirle lo inutil que era, la mujer que alguna vez fue fuerte, valiente y poderosa reducida a nada. Y como la nada ella también desapareceria, nadie la vendría a buscar, al menos podía morir en silencio.

¿Que lo hiciste todo? No, no es suficiente...

—...¿Qué?— murmuró bajo con los ojos apenas abiertos. Esa voz que antes le decía las palabras más mordaces posibles ahora la estaba... ¿motivando? No podía ser cierto, si, ella ya estaba muerta. No quedaba nada más que hacer.

¡Tú no puedes rendirte tan fácilmente!

Esa voz la sobresaltó. Abrió los ojos jadeando en busca de aire, sangre brotaba de su boca hasta resbalar y caer al suelo, sudor frío en su cuerpo, costras en sus extremidades. ¿Qué estaba pasando?

—¿Qué?

¡No Ahora!

¡No cuando él viene por nosotras!

—¿Él? No mientas, eso no es verdad, él nunca vendrá, lo lastime, lo abandone...

Lágrimas saladas escurren por el rostro de la mujer, su corazón se apretó contra su pecho, exhalaciones pesadas brotando de sus labios, sin eso fuera realmente para levantarse no pudo y permaneció en el mismo lugar, con su cara pegada al suelo y parte de su cabello pegado en su boca por la sangre seca.

¡Levántate!

¡Esfuérzate más!

—¡NO! ¡Él no vendrá! ¡No mientas! ¡No mientas! ¡No me hagas sufrir más! ¡ÉL NO VENDRÁ!

Nuevas lágrimas brotaron, ella sufrió durante mucho tiempo esperanzada a que su amado vendría a buscarla y la encontraría, durante mucho tiempo el más minúsculo ruido le daba esperanza creyendo que venían por ella, pero nunca fue algo. Y esa voz, que le decía que se levantara, que los encontrara la destrozaban mucho más.

¡Ruega!

¡Y lucha más por tu vida!

¡No te rindas!

La Princesa del InfiernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora