Un pitido en mi oreja me desoriento. Podía sentir un líquido ligeramente espeso correr por mi sien, el aroma a sangre se impregnaba en mi nariz. Mi visión borrosa intentaba acostumbrarse debido a la nube de polvo que me rodeaba. Me levanté en mis antebrazos quitando con esfuerzo un bloque de cemento de mi espalda.
Frente a mi, vi mis anteojos rotos. Gotas de sangre dorada que caían por mi barbilla sobre el cemento agrietado. Y escuche una canción en mi cabeza, más bien, una melodía. Tosi con esfuerzo y me oblige a levantarme apretando con fuerza mi pluma.
Sacudí mis grandes alas finalmente dispersando el polvo que me ahogaba. Y sentí que una nueva emoción me albergaba. Miedo. Por primera vez desde que caía me sentí asustada. Trague saliva viendo mi pluma, las ganas de solamente ir allí, sujetar a Engell e irme me carcomía.
¿Qué haría ella? ¿Qué haría ella?
Gire la cabeza al sentir un movimiento. Allí, pegada a la pared, había dos diablillos sujetando con fuerza a una mujer. Nacidos en el infierno aquí, ¿porque no se fueron? Cada año, durante los exterminios, todos abandonan el anillo del orgullo. ¿Por qué ellos no se fueron?
—¿Por qué se quedaron?— cuestione en un susurro viendo a la mujer que escondía detrás de ella a sus pequeños. —Pueden morir.
—Es nuestro hogar.
Respire profundo viendo a la distancia, las explosiones, el sonido de espadas chocando, las armas siendo disparadas. La matanza que ahora mismo me acongojaba.
Era verdad, este es mi hogar. Ellos son mi familia, y prometí protegerlos.
A todos ellos...
Mire a la mujer, le sonreí mientras me alejaba de allí reparando detrás de mí el edificio. Podía sentir mi sangre inundando mi boca. Escupi aquel líquido desagradable mientras fijaba mi objetivo en un solo tipo de mierda que sobrevolaba un edificio. Tal parece que esa nueva prótesis metálica para sus alas no es muy efectiva.
Virgen María...
Me elevé sobre la matanza bajo mis pies, tan alto como pude apretando los dientes, imaginando entonces mi próxima arma. Analizando los ataques de Adam con su guitarra, sus alas son un plus que tal vez recién está aprendiendo a manejar, como yo. Así que primero debo deshacerme de su arma, evitando sus rayos de energía dorada.
Mire hacia el hotel, Vaggie y Lute luchando. Angel Dust, Husker, Cherry Bom y los caníbales terminando con todo pecador sumido en el control mental de Vox. ¡Espera!
¿Dónde está Engell?
Mi impulso de proteger guiado por mi miedo me incitaba a bajar, a destruir el hotel yo misma con tal de saber dónde estaba. Pero la risa maliciosa de Adam se coló por mis orejas; su ataque iba dirigido a los chicos.
Cuidala, te lo pido.
—¡Ven aquí bastardo hijo de puta!
—¿Quién?
Baje a gran velocidad golpeando justo a un lado de él, en el cemento, con una espada que había creado. El maldito dio un salto hacia atrás, evadiendo la nube de humo que se formaba a mi alrededor.
—Hija de puta.
—Deberás esforzarte, me han dicho de peores formas.
Vislumbre su bajo. Como al sujetar dos cuerdas del mástil con dos de sus dedos y tocar las cuerdas un rayo de luz dorado se dispersaba desde las cuerdas por todo el mástil hasta la punta del clavijero.
—¿Te gusta la musica, puta?— grito el hombre sujetando con más fuerza su bajo. —Permíteme tocarte tu última canción.
Su disparo fue justamente en mi dirección. Es ciego, pero se guía con el sonido. Evadí el disparo apenas moviéndome un metro de posición. Bien, eso quiere decir que no es tan rápido debido a la falta visual.
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La Princesa del Infierno
Narrativa generale-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto. Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
