La ángel despertó en un lugar deshabitado, de paredes blancas. De inmediato se levanto sintiendo apenas el más sutil mareo. Su mano vagando ciegamente por el suelo buscando su lanza. Pero no había nada allí.
Se levantó en dos pies sintiéndose mareada, más no herida o adolorida. Vio sus manos con incredulidad, su cuerpo vestía su uniforme de siempre. Una falda negra, su blusa roja, mallas negras de red. Pero no había sangre, no había nada que delatara que había sido parte de una pelea momentos atrás.
Eso quiere decir que...
—Si.— se escuchó una voz en aquel espacio en blanco. —Estás muerta.
La voz retumbo en su cabeza. Giro desorientada en todas direcciones pero no había señal alguna de otra presencia con ella. Solo paredes blancas que parecían estar muy lejos pero a su vez extremadamente cerca.
—¿Dónde... dónde estoy?
—De manera sencilla.— otra vez esa voz, ni de hombre o mujer, ni joven o viejo, ni grave ni aguda. Si no una combinación de todas. —En tu cabeza.
—No lo entiendo...— la ángel miró a todos lados, al techo cucha otra pared blanca se alzaba orgullosa, buscando a la persona dueña de esa voz. —¿Quién eres tú?
—Soy todos y ninguno a la vez.— dijo la voz con extrema calma. —Soy, como tu me conoces, los católicos, "El Señor."
—Cris...
—Sin embargo, yo no soy quien importa aquí.— se rió la voz, causando que la chica se sienta más relajada. —Tu eres la persona de interés aquí.
—¿Por qué?
—Justo ahora...— guardo silencio causando un escalofrío ansioso en la ángel. —Está por decidirse el destino del Infierno.
—¡Que! ¿Eso qué quiere decir?
Entonces, como si se tratara de un aire que existía por su cuenta, en la habitación se comenzó a materializar algo. No era una persona. Pequeños destellos de hierba flotaban a unos metros de la chica. Se movían por el aire como si caminaran. A veces pequeños, otras veces altos, voces sobrepuestas en todo momento.
—Escucha con atención, te diré que es esto y que sucede allá afuera.
Vaggie asintió no atreviéndose a hablar.
—¿Qué hay después de la muerte?— entonó la voz con un deje de risa en su voz. —Se preguntan los mortales sin descanso. Te diré que hay.
~Antes de despertar en el cielo o en el infierno, las almas son juzgadas.
Pero aquellas que terminan aquí son las que tienen otra oportunidad.
Deciden su propio camino.
Regresar a la tierra, dejando atrás los recuerdos pasados...
O quedarse aquí para siempre.
—¿Cual camino? Aquí no hay nada.
Duda y confusión expresaba su voz. Más la de esa voz se mantenía siempre neutral, en momentos divertida, otras veces demasiado seria que causó que Vaggie no volviera a decir nada.
—El camino se mostrará ante ti..., cuando decidas por ti.
—¿Eso qué quiere decir?
—Te lo explicaré, pequeño ángel.
~Has pasado toda tu existencia haciendo todo por otros.
Cediste las cadencias de una infancia con tal de no preocupar a tus padres.
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La Princesa del Infierno
General Fiction-Estas en presencia de la princesa del infierno, puto. Adam se quejó viendo su sangre dorada manchar sus ropas, y al levantar la mirada vio frente a ella a la chica que lucía exactamente como se esperaría de la primogénita del gran Lucifer y Lilith...
