El sol de la tarde se filtraba por las grandes ventanas del despacho de Jimin, proyectando un cálido resplandor dorado sobre las paredes llenas de estanterías y documentos importantes. Jimin estaba concentrado, revisando una pila de contratos ilícitos que requerían su atención inmediata. Como líder de la Bratva, su vida estaba llena de decisiones críticas, alianzas peligrosas y estrategias calculadas. Sin embargo, todo eso pasaba a segundo plano cuando se trataba de Yoongi.
Ese día, Yoongi se había despertado con una idea fija en su mente. A medida que su embarazo avanzaba, se había dado cuenta de que su apetito sexual también había aumentado considerablemente. Su cuerpo experimentaba un sinfín de cambios, y con ellos venía una necesidad casi abrumadora de conectar con Jimin de la manera más íntima posible. Había notado cómo la mirada de su esposo se encendía cada vez que lo veía, pero hoy estaba decidido a hacer que esa chispa se convirtiera en un incendio.
Yoongi, con una sonrisa traviesa en los labios, se arregló para el plan que tenía en mente. Se puso una de las camisas favoritas de Jimin, una que le quedaba grande y que apenas lograba abrochar con tres botones, dejando entrever su prominente vientre. El contraste entre su delicada figura y el tamaño de su barriga era algo que sabía que volvía loco a Jimin. Después de asegurarse de que su aspecto era lo suficientemente tentador, salió de su habitación y se dirigió directamente al despacho de su esposo.
Caminó por el pasillo con una sensualidad que era innata en él, moviendo sus caderas con un balanceo natural que acentuaba aún más su embarazo. Sabía que no necesitaba tocar la puerta; Jimin nunca esperaba que lo hiciera. Al llegar, simplemente giró el pomo y abrió, entrando con una seguridad que solo Yoongi podía tener.
Jimin, inmerso en su trabajo, levantó la vista al escuchar la puerta y su expresión cambió al instante. Los contratos y papeles que había estado revisando de repente dejaron de ser importantes cuando vio a su esposo caminando hacia él. Su Yoongi, embarazado de siete meses y absolutamente hermoso, estaba delante de él, y la sonrisa que se formó en sus labios fue automática.
—Mira lo que trae el viento —murmuró Jimin, dejando su pluma a un lado mientras observaba a Yoongi acercarse.
Yoongi sonrió con coquetería, y sin decir una palabra, se acercó hasta quedar frente a Jimin. Con un movimiento lento y deliberado, Jimin giró su silla para que quedaran cara a cara. Sin perder tiempo, Yoongi se acomodó en el regazo de Jimin, con cuidado de no aplastar su vientre. Se sentó de lado, apoyando su cabeza en el hombro de Jimin, disfrutando de la cercanía.
—Te necesito —susurró Yoongi, su voz suave y seductora mientras sus manos acariciaban el pecho de Jimin a través de la camisa.
Jimin sonrió y dejó que sus manos recorrieran el cuerpo de Yoongi, comenzando por sus caderas y subiendo lentamente hasta su vientre redondeado. Las caricias eran suaves, reverentes, como si estuviera tocando algo sagrado.
—¿Qué ha traído a tan belleza hasta mi oficina? —preguntó Jimin, su voz cargada de deseo mientras sus manos continuaban explorando.
Yoongi soltó una suave risa, su pecho vibrando ligeramente contra el de Jimin—. Mis bebés y yo te necesitamos... mucho.
Jimin sonrió aún más, complacido por la confesión. Sabía que durante estos meses, el apetito sexual de Yoongi había aumentado, algo que Dongming le había advertido con antelación. Y aunque era consciente de que parte de esto era causado por las hormonas, no podía evitar sentirse más que encantado por la forma en que Yoongi lo deseaba.
—Es bueno saber que soy tan necesario —murmuró Jimin mientras dejaba un beso suave en la mejilla de Yoongi, sus manos subiendo lentamente desde el vientre hasta los pechos de su esposo.
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Its definitely you - Jimsu
Hayran KurguEn los oscuros y peligrosos bajos fondos de Moscú, Park Jimin, el despiadado líder de la temida bratva, gobierna con mano de hierro. Su fama de ser cruel, inhumano y letal con sus enemigos y traidores es bien conocida. Nadie se atreve a desafiarlo...
