2. Veinte

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La noche había caído hace horas, pero la mansión estaba lejos de estar en silencio. En una de las habitaciones, Jimin sostenía a Yoongi entre sus brazos, sintiendo el ritmo constante de su respiración y el suave latido de su corazón bajo sus dedos. Pero, a pesar de la tranquilidad que emanaba del cuerpo dormido de Yoongi, la mente de Jimin era un torbellino de pensamientos y preocupaciones. Había un enemigo afuera, alguien que conocía a Yoongi, y que sabía exactamente cómo aprovechar la única debilidad de Jimin: el amor profundo e incondicional que sentía por su esposo.

Intentando no despertarlo, Jimin se apartó lentamente, dejando que Yoongi se acomodara alrededor de la almohada, buscando el calor y la seguridad que hasta hace un momento le había ofrecido. Jimin observó el rostro de Yoongi, tan pacífico en su sueño, y no pudo evitar inclinarse para dejar un suave beso en su frente. Era un gesto pequeño, pero era lo único que podía hacer para calmar, aunque sea un poco, la inquietud que lo atormentaba.

Las manecillas del reloj marcaban las dos de la mañana. Jimin se puso su bata de seda, con movimientos lentos y cuidadosos para no hacer ruido, y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un leve clic. Los pasillos estaban en penumbra, apenas iluminados por la luz de la luna que se filtraba a través de las ventanas. Mientras caminaba, se encontró con Namjoon, quien estaba en la misma situación: sin poder conciliar el sueño.

—¿Tú también estás despierto? —preguntó Namjoon, aunque ya conocía la respuesta. Había una tensión en el aire que ninguno de los dos podía ignorar.

—Esta calma no me gusta —respondió Jimin, sus ojos oscuros mostrando la preocupación que trataba de mantener oculta.

Namjoon asintió, compartiendo la misma sensación. Ambos sabían que era el silencio antes de la tormenta.

—Reúne a los hombres en el despacho. A todos los hombres de confianza. Necesitamos hablar de algo importante —ordenó Jimin con un tono de voz bajo pero autoritario. No había lugar para la duda ni la dilación.

—Entendido —respondió Namjoon sin hacer más preguntas. Conocía a Jimin lo suficiente como para saber que si estaba inquieto, era porque había algo grave en el horizonte.

Mientras Namjoon se marchaba a cumplir con la orden, Jimin continuó su camino hacia el despacho. Entró en la habitación familiar, el olor a cuero y madera oscura llenaba el aire. Se dejó caer en su silla de piel, esa que había sido testigo de tantas decisiones importantes, y miró la fotografía enmarcada que siempre tenía en su escritorio. En la imagen, Yoongi sonreía suavemente, sus ojos reflejando la felicidad que ambos compartían. Verlo tan sereno le arrancó un suspiro. No podía permitir que nadie lo dañara de nuevo.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos. Alzó la vista y vio a Baekhyun entrando, con una expresión mezcla de curiosidad e inquietud.

—¿Qué sucede, Baekhyun? —preguntó Jimin, manteniendo su tono profesional.

Baekhyun se acercó con una sonrisa ligera, aunque había algo más en su mirada.

—No podía dormir y te vi venir al despacho —respondió Baekhyun, encogiéndose de hombros como si aquello fuera lo más natural del mundo.

Jimin frunció el ceño ligeramente, la intrusión le molestaba más de lo que esperaba. La última cosa que necesitaba en ese momento era una conversación trivial.

—Deberías volver a tu habitación —dijo Jimin, su voz firme pero no del todo fría—. Tengo una reunión importante con mis hombres ahora. No es el momento.

Baekhyun no pareció entender la seriedad de la situación, o quizás la entendió demasiado bien, porque en lugar de marcharse, se acercó un poco más, su expresión cambiando a una que pretendía ser reconfortante.

Its definitely you - Jimsu Donde viven las historias. Descúbrelo ahora