El quinto mes de embarazo había traído consigo no solo los cambios físicos evidentes en Yoongi, sino también un aumento de las tensiones en la mansión. Esa mañana en particular había sido complicada. Yoongi, cansado de las pequeñas pero constantes disputas con Jimin, se había retirado al jardín en busca de un respiro. Necesitaba espacio para despejarse, para intentar controlar el torbellino de emociones que sentía cada vez que su esposo minimizaba sus preocupaciones.
Yoongi se acariciaba el vientre, sintiendo el leve movimiento de los gemelos dentro de él. Había encontrado a una de las nuevas trabajadoras revisando sus cosas en la habitación esa mañana, y cuando se lo mencionó a Jimin, este simplemente lo desestimó, sugiriendo que su preocupación era solo producto del embarazo. "Para Jimin, todo es culpa del embarazo", pensó Yoongi, frustrado. ¿Cuándo había comenzado a dudar de él de esa manera? La tensión se hacía más notoria, y Yoongi sentía cómo la relación con Jimin se volvía cada vez más tensa.
Decidido a despejarse, se levantó del banco donde estaba sentado y comenzó a caminar lentamente por el jardín. Necesitaba sentir el aire fresco en su rostro, dejar que la naturaleza calmara su mente. Pero justo cuando estaba comenzando a relajarse, un grito rompió la calma, seguido de los inconfundibles sonidos de disparos.
—¡Maldición! —exclamó Yoongi, su corazón latiendo frenéticamente. Sabía lo que eso significaba. Los peligros que rodeaban a Jimin, como líder de la Bratva, nunca estaban realmente lejos.
Sin pensarlo, Yoongi trató de encontrar un lugar donde esconderse. Estaba desarmado y el hecho de estar visiblemente embarazado lo hacía aún más vulnerable. ¿Por qué hoy, precisamente hoy, había decidido salir al jardín? Mientras intentaba moverse con sigilo, notó que su vientre, ahora muy prominente, le dificultaba avanzar rápidamente. Se giró para cambiar de dirección, pero se congeló al ver a uno de los hombres enemigos acercándose sigilosamente hacia él.
—Mierda... —murmuró Yoongi, comenzando a correr lo mejor que podía. Pero sus pasos eran torpes, su cuerpo no respondía con la agilidad que necesitaba. El pánico comenzaba a apoderarse de él.
Justo cuando el hombre estaba a punto de alcanzarlo, un disparo resonó cerca de él, y el hombre cayó al suelo, inerte. Yoongi se detuvo, respirando con dificultad, y alzó la vista para ver a su hermano gemelo, con una pistola en la mano y una expresión de preocupación en su rostro.
Agust no dijo nada al principio, pero sus ojos lo decían todo: estaba buscando desesperadamente algún signo de que Yoongi estuviera herido.
—Estoy bien —dijo Yoongi, aunque su voz temblaba ligeramente.
Agust asintió, sin soltar la pistola, y tomó la mano de Yoongi con firmeza, tirando suavemente de él para llevarlo a un lugar seguro. Caminaban rápidamente, Agust siempre vigilante, mientras Yoongi luchaba por mantener el ritmo.
Finalmente, llegaron a una puerta casi oculta en un rincón del jardín. Agust la abrió, revelando una escalera que descendía hacia lo que parecía ser un refugio subterráneo. Bajaron los escalones rápidamente y, una vez dentro, Yoongi miró alrededor con asombro.
—No tenía idea de que esto existía —dijo Yoongi, observando el pequeño pero bien equipado refugio.
—Lo encontré el otro día con Hoseok —respondió Agust, su voz calmada.
Yoongi notó un leve rubor en las mejillas de su hermano al mencionar a Hoseok. No pudo evitar sonreír y decidió aprovechar el momento para aliviar la tensión.
—¿Con Hoseok, eh? —dijo Yoongi con una sonrisa traviesa—. He notado cómo lo miras, ¿sabes? Hay algo ahí, ¿no?
Agust lo miró con su habitual seriedad, pero después de unos segundos, no pudo evitar sonreír levemente. Era raro ver a Agust sonreír, pero cuando lo hacía, la sonrisa que compartían como gemelos era inconfundible.
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Its definitely you - Jimsu
FanfictionEn los oscuros y peligrosos bajos fondos de Moscú, Park Jimin, el despiadado líder de la temida bratva, gobierna con mano de hierro. Su fama de ser cruel, inhumano y letal con sus enemigos y traidores es bien conocida. Nadie se atreve a desafiarlo...
