CAPITULO 198: CIUDAD MINA ESPIRITUAL

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CAPITULO 198: CIUDAD MINA ESPIRITUAL

Adrián y Sonia salieron del Distrito Mecánico.

Lo primero que hizo Adrián, fue activar su barco.

Era grande como el tamaño de dos casas.

Se subió y con una orden lo activo, pudo sentir el grito amenazador del Leopardo verde.

Pero no le tenía miedo, su corazón estaba tranquilo.

Adrián miro a Sonia con una mirada complicada, no sabía que regalarle por haberle acompañado a tantos lugares.

"¿Dónde queda tu casa?" – Pregunto Adrián, mientras levantaba a Sonia para colocarla en el Barco.

Sonia sabía que esta sería la última vez que vería al Señor Adrián, podía notar en su mirada sus ansias por marcharse, y no lo culpaba, sabía que no era bien recibido en la Secta.

Tenía que resignarse a varios de sus pensamientos.

Por lo cual solo puso una sonrisa.

"Si me permite Señor Adrián, puedo indicarle, no queda muy lejos"

Dijo Sonia, mientras daba una dirección al Tercer Pabellón.

Adrián asintió, mientras controlaba el Barco levantándolo al cielo, podía sentir todas las funciones del Barco, incluso la defensa en la pintura del Leopardo Verde, una vez activado todo el tatuaje cubrirá todo el Barco, brindándole la capacidad de defenderse de múltiples ataques, o en el peor de los casos, comprarle tiempo.

Tenía la defensa de alguien en la finalización de la Formación del Núcleo, aunque no era para siempre.

Era una defensa muy poderosa.

La velocidad a la que se movían, también era fantástica, pudo sentir como se movían rápidamente a través del aire, su Barco era incluso más veloz que el Barco del Mayor Lans.

Solo dio una pequeña sonrisa.

No paso mucho para volver nuevamente del Distrito hasta el puesto de los pabellones.

Los pabellones antes tan animados, estaban muy callados.

Los señores que vivían en los pisos de la mitad, no se atrevían a darle una segunda mirada al Señor Adrián.

Era como si quisieran estar escondidos.

Esa convicción de buscar pelea, de demostrar que eran superiores.

Había sido aplastada con solo unos cuantos golpes.

Adrián sabía que esto iba a suceder, y era lo mejor, la voz se había corrido.

No quería ser molestado, simplemente quería que lo dejaran en paz.

Pero Adrián aun sentía inquietud, esa inquietud ya no provenía de los pisos de la mitad.

Esta vez, venían de los pisos superiores de los pabellones.

Todos los pabellones solo tenían un piso superior, era donde los Mayores de la Formación del Núcleo descansaban y cultivaban.

No sabía si era su idea, o su pensamiento, pero pudo notar algunas miradas provenientes de los pisos superiores, Adrián simplemente suspiro.

Tales miradas podían asustar a todos los señores del Establecimiento de la Fundación, pero Adrián no se sentía intimidado, sus ojos violetas comenzaron a brillar, mientras les devolvía la mirada.

Su aura empezó a emanar de su cuerpo, era una energía demasiado fuerte como para ser descrita.

Esas miradas en los pisos superiores, solamente se rieron un poco al verlo, confiados en su fuerza, pero no atacarían, no lo harían, eran Mayores, no podían darse el lujo de atacar a un Señor, eso los desprestigiaría.

UN ETERNO FINALDonde viven las historias. Descúbrelo ahora