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060. N O T   A L O N E

elaine prewett

Y sí. Sabía que mi mundo no podía estar mejorando. Que mi relación con la comida sea más sana, que ya no me diera miedo de mostrarme cariñosa con Draco por los pasillos, que mi "familia" ya no me importase, que mis amigos se empezaran a llevar mucho mejor.

Todo eso, podía derrumbarse tan simplemente con ese pedazo de papel entre mis manos, mis dedos temblaban y casi no podía leer las palabras con las letras tambaleándose por mi cuerpo entero vibrando. Una sensación que creía haber dejado atrás, un vacío en mi corazón que pensé había logrado llenar...

En otro momento me hubiese muerto de la vergüenza por mostrarme tan vulnerable en pleno Gran Comedor. Pero me sentía tan ajena a todo; ni las preguntas de Michelle, ni las miradas de Theodore, ni el tacto de Draco sobre mi piel hacían algún efecto.

Mis ojos estaban clavados en esa foto, ese hombre larguirucho y pálido sonriéndome de forma burlona como si supiera perfectamente todo el daño que me había hecho... A mí y a mi madre.

Una chica nunca espera ver el nombre de su padre de 14 años de fallecido escrito en el periódico matutino.

«Antonin Dolohov, condenado por el brutal asesinato de Gideon y Fabian Prewett»

Eso era lo que se mostraba justo debajo de la fotografía. Mi respiración se volvió entrecortada, mis oídos me aislaban del ruido exterior y la boca del estómago se cerró de golpe.

Esto me regresaba a mi realidad, a la realidad que Hogwarts maquillaba y me hacía creer que no sucedía. Porque, claro, podía pasar mis tardes fumando con mis amigos, besándome con Draco en la torre de astronomía, entrenando quidditch hasta más no poder y devorando libros en la biblioteca; pero eso no era más que un solo fragmento de mi vida.

El mundo no se olvidaba de quién soy yo, una niña que creció en la desgracia y lleva arrastrando consigo una vida llena de tragedias. Tan solo me quedaban dos años en este castillo y después me tocaría afrentar el mundo real... Si es que siquiera llegaba a estar aquí en dos años.

Mis uñas se hundieron en la tela de mi túnica. No podía respirar.

—Ey, linda—la voz de Draco sonó amortiguada y su aliento en mi oído reactivó cierta lucidez en mí—. Vámonos de aquí ¿Sí?

Su voz me devolvió por un momento a la realidad, los rostros de mis amigos me hicieron pensar qué tan mal me veía...

Los dedos de Draco se entrelazaron con los míos y me dejé llevar por él fuera de allí. Mis pies se movían por inercia a lo largo de los pasillos. Lo único de lo que soy consciente son mis pensamientos.

La satisfacción que me hubiese dado si la noticia fuera la muerte de ese maldito; que esa sonrisa burlona nunca más se mostrara en su rostro.

Pero no era así, ahora estaba por ahí en las calles con el resto de mortífagos que habían fugado de Azkaban.

Mi madre volvió a mi mente después de varias semanas, si yo estaba así ¿Cómo estaba ella?

Por mucho que la odie, era la única que entendía el dolor que siento ahora mismo e incluso para ella es aún más doloroso.

Las miradas curiosas no podían importarme menos, todos ellos solo eran estúpidos adolescentes que no tenían algún otro miedo que ser rechazados por la persona que les gusta. Los odio, los odio porque daría de todo por ser ellos. Daría todo porque en lugar de tener a Draco en mi habitación mirándome con un rostro compungido, la situación fuera otra...

𝐆𝐎𝐎𝐃𝐍𝐈𝐆𝐇𝐓 𝐍 𝐆𝐎 -𝗱𝗿𝗮𝗰𝗼 𝗺𝗮𝗹𝗳𝗼𝘆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora