066.

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066. I T   N E V E R   B E   T H E   S A M E

Elaine ya no tenía uñas que morder, Draco trataba de calmar su mente, Michelle miraba a un punto fijo, y Theodore no podía dejar de andar de un lado a otro mientras repetía nombres y fechas.

—Cálmate, Nott—escupió el rubio, cansado de escucharlo—. Así no lograrás nada más que nublarte cuando entremos allí.

El pasillo fuera del gran comedor se mostraba colorido, por los cuatro colores de las casas, esa mañana calurosa. Demasiado alumnos para caber en un aula, pero no tantos como para llenar el Gran Comedor.

—Amigos—dijo con palabras arrastradas, la mayor de todos—, después de esto... ¿podemos?—sacó de su bolsillo interior mágico una cajetilla de cigarrillos ya comenzada.

Draco y Lia asintieron al mismo tiempo. Por otro lado, Theodore había dejado de caminar pero se notaba que aún susurraba para sí.

Un murmullo recorrió el pasillo como una ola eléctrica.

Las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe con un hechizo silencioso, y la profesora McGonagall salió con el porte recto y severo de siempre, aunque incluso ella parecía más tensa de lo normal.

Los cuatro se enderezaron al instante.

—Sexto y quinto año, silencio —ordenó, su voz clara y firme sobre el barullo nervioso—. Formarán una sola fila. Consultarán la lista al entrar. Sus nombres están ordenados por apellido.

Elaine sintió a Draco rozarle la mano, apenas un instante, lo suficiente como para recordarle: estoy aquí.

Michelle soltó el aire que había estado conteniendo.

Theo casi pegó un gritito de la impresión que le dio ver el interior del comedor.

Detrás de McGonagall apareció una bruja de cabello recogido en un moño apretado, vestida con túnica verde oscuro y un portapliegos del Ministerio bajo el brazo: Griselda Marchbanks, presidenta de la Comisión.

A su lado caminaba un hombre alto y delgado, con expresión amable: Tiberius Ogden.

El Gran Comedor había sido transformado completamente: las mesas largas desaparecieron, filas de pupitres individuales reemplazaban todo cada uno separado mágicamente con plumas anti-trampa reposando encima, un gran reloj de arena marcando el tiempo. Y un encantamiento de silencio suspendido en lo alto para evitar susurros.

Elaine tragó saliva.

La voz de Marchbanks resonó sobre todos:

—Examen de Teoría de Historia de la Magia, nivel TIMO.
Comenzarán en cuanto estén todos ubicados.
Si necesitan cambiar su pluma, levantarán la mano.
No se permite el uso de varitas durante esta parte.

Theo palideció.

Draco carraspeó y soltó, apenas audible:

—Respira, Lia... no es nada que no sepas.

Elaine no sabía si lo decía para ella o para sí mismo.

Avanzaron con la fila. Marchbanks tomó una tablilla y empezó a llamar:

—Abbott, Hannah.
»Bones, Susan.
»Bulstrode, Millicent...

Cada nombre desaparecía dentro del comedor como si cruzaran una barrera invisible. Elaine sentía el estómago apretado contra las costillas.

—Malfoy, Draco —anunció Marchbanks.

Draco la miró de reojo, el gesto suave, confiado—como si nada en el mundo pudiera asustarlo con tal de que Lia estuviera allí.

𝐆𝐎𝐎𝐃𝐍𝐈𝐆𝐇𝐓 𝐍 𝐆𝐎 -𝗱𝗿𝗮𝗰𝗼 𝗺𝗮𝗹𝗳𝗼𝘆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora