El resto del día transcurre hasta que llegan las 3 de la tarde.
—¡Hola, mamá! —digo casi en un jadeo a la vez que me cuelo en el asiento del copiloto del coche de mi madre, un Dacia Duster color marrón.
El interior del coche contiene una mezcla extraña de fragancias. Por un lado puedo distinguir el olor de los jazmines y rosas de la floristería, y por el otro consigo captar el olor a agua marina del ambientador del coche. Le dije que no comprara ese ambientador que tan poco me gustaba, pero a ella parece no importarle nunca lo que digo. Lleva unas semanas que ni nos escucha, creo que desde que Irene se fue.
—Hola, cielo. ¿Qué tal el día?
—Bastante bien, ha venido un profesor nuevo de informática.
—¿Qué le pasa a Rosa? —pregunta a la vez que arranca el coche.
—Se dio de baja por depresión después de la muerte de su gato.
—Pobre...
—¿No pensábais esperarme o qué? —suelta mi hermano a la vez que se sienta en el asiento que hay detrás del conductor. Mi madre emprende su marcha una vez cerrada la puerta de Álvaro.
—Hola, cariño. Pensaba que te ibas con Dani o que volvías andando. Elena me escribió diciendo que no vendrías.
—Elena, yo no dije eso exactamente. Y mamá, ya te he dicho que Dani y yo no somos amigos. —señala frustrado- Luego se cruza de brazos y frunce el ceño mirando por la ventanilla.
—Lo siento, cariño. Tenía algo que ver con Laura, ¿no?
Álvaro no responde. Mi madre es comprensiva y sabe escuchar, pero a veces se le olvidan las cosas. De hecho su frase favorita últimamente es 'El secreto de la felicidad es la mala memoria'.
Llegamos a casa. Vivo en una zona residencial a las afueras de mi ciudad. A mis padres les encantó la idea de vivir en un barrio tipo americano, con todas sus casas de dos y tres plantas y sótano, así que nos mudamos aquí. Me encanta mi casa, pero a veces es un tostón tener que coger el autobús incluso para ir al instituto. Dani vive en el mismo barrio que nosotros, así se conocieron él y mi hermano. Recuerdo que de pequeños, Dani venía a casa a jugar con los Action Man y yo siempre interrumpía el juego pidiéndole a alguno que fuera el novio de mi Barbie. Normalmente me acababa Álvaro echando de la habitación y Dani diciéndole a mi hermano que me pidiese perdón.
Dani siempre ha sido muy bueno conmigo y ha estado de mi parte en las peleas familiares. Incluso ha habido veces en las que Dani y Álvaro han discutido por mi culpa, como una vez que nos llevamos a Dani a la piscina y éste quiso jugar conmigo tirándonos el uno al otro al agua en lugar de jugar con mi hermano a cualquier otra cosa de chicos. Ahí es cuando entendí que me gustaba mi vecino y que yo también prefería estar con él antes que con Irene, quien acababa jugando a la pelota con Álvaro. Sin embargo siempre han olvidado sus diferencias y se han reconciliado. Siempre excepto hace un mes.
Pensando en Dani recuerdo que la única persona que supo que me gustaba fue mi mejor amiga de primaria, a quien también le gustaba Dani. Ni siquiera Irene sabe lo que sentí por él.
Álvaro es el primero en salir del coche. Sube las escaleras casi corriendo, entra en su habitación y cierra la puerta de un portazo. Incluso ignora a Maika, nuestra perra labrador negro, con lo que le gusta a él saludarla cuando llega. La cosa está empeorando por momentos, mi madre no debería haber mencionado a su ex mejor amigo. Es una pena que se lleven así después de más de diez años de amistad. Saludo a Maika con una fugaz caricia y me siento a comer. La comida será rápida ya que mi padre está trabajando y parece que Álvaro no come con nosotras hoy. Comemos los espaguetis en silencio y me subo a mi habitacion dejando a mi madre abajo. Seguramente se quedará leyendo o haciendo pedidos de flores hasta que lleguen las cinco y se vaya a trabajar.
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Cartas para Irene
Teen FictionElena, a sus quince años, tiene los problemas típicos de su edad: deberes, chicos inmaduros, amigas y discusiones con su familia; y la única manera que tiene Elena para escapar de esa realidad es escribirle cartas a su hermana, Irene, que vive en el...