La presión que siento los últimos días del trimestre se puede comparar con la presión que sienten los chicos de las películas americanas cuando los presionan para que lo den todo y así conseguir su beca para la universidad a la que quieren ir. Es más difícil lograr que alguien saque buenas notas obligándolo a ello que dejándolo a su gusto. Y con ello incluyo la concentración. ¿Es que acaso se fue con Hugo cuando dejó su trabajo?
No sé cuánta nota tengo que sacar para que la expulsión no se quede en mi expediente, pero a mí me va a dar algo con esta presión. Además, el hecho de que no me dejen salir ni para tirar la basura y de que no tenga ninguna clase de acceso a mi móvil están haciendo que me vuelva loca. ¿Cuánto tiempo llevo así? Apenas un día, pero a mí me parecen años. ¡Dios!
Hoy es el único día que tiene mi padre libre en el trabajo. Pasa todos los años cuando su jefe cumple años y monta como una especie de fiesta la noche anterior dejando el día siguiente libre a los trabajadores. Mi padre parece ese día el mismo cumpleañero con toda su felicidad permanente las 24 horas del día del cumpleaños. Quizá hoy podría ser un buen día para pedirle la condicional para el cumpleaños de mi hermano. No pensará que voy a perdérmelo, o al menos esa no es mi intención. Sin embargo, mi padre está feliz con cualquier cosa, excepto conmigo. Y eso que no sabe lo de Hugo, si lo llega a saber es muy probable que le parta la cara de una bofetada. Estoy segura. O quizá la mía.
Mi padre es muy tranquilo y sereno, siempre ha dejado que mi madre fuera la que nos regañara y nos criara tomándose las irritaciones ella sola, pero cuando se enfada lo hace de verdad. Al menos no es un hombre que se enfade muy a menudo. Creo que esta vez está más enfadado que otras veces porque se está dando cuenta de que tiene que tomar las riendas de esta familia, mi madre se está aislando mucho. ¿Es porque le importa más Dimitri que nosotros? ¿O es porque teme acercarse mucho a nosotros y que yo la rechace por su infidelidad? Y hablando de la infidelidad, no sé qué narices hace que no se lo dice a mi padre. Si hay algo que merece saber es eso, más incluso que su propia hija tenga novio. Tarde o temprano lo sabrá pues no estoy dispuesta a ocultárselo durante mucho más tiempo, y menos si voy a seguir con Hugo.
Al cabo de unas cuantas horas de estudio, cuando el cielo ya está oscuro ahí fuera, llaman a la puerta acabando con el silencio que reinaba la casa excepto por el partido que mi padre está viendo en el salón. Pega tan fuerte que sólo puedo imaginar que sea Dani. O más bien deseo que lo sea. ¿Para qué vendría Dani a mi casa? No lo sé, sólo sé que por un segundo he deseado que Dani viniera. Tras varios glopes impacientes, mi padre por fin abre.
—Buenas noches, señor. ¿Está Elena? —una voz conocida pregunta por mí, pero no es Dani, es Hugo. ¿Qué está haciendo en mi casa? ¿Es que quiere suicidarse?
Abro un poco la puerta de mi habitación y me asomo lo justo para que mi padre no me vea desde abajo. De esta forma ellos no me ven, pero yo tampoco puedo ver a Hugo.
—Sí. Sí que está. Pero no va a salir, está castigada. ¿Quién es usted? —la voz de mi padre suena amenazante. No me gustaría ser Hugo para verle la cara.
—Oh, vengo a traerle una cosa, nada más. ¿Podría dársela? —en cambio la voz de Hugo suena tranquila. Madre mía, yo no sería capaz de sonar tan tranquila viendo la cara de mi padre. Está más que claro que está enfadado conmigo y que le molesta todo lo que venga de mí. Pensaba que no había nada peor que la decepción de Irene, me equivocaba.
Pegándome más a la pared de mi habitación para poder ver mejor, mi vista consigue alcanzar a divisar lo que Hugo le da a mi padre. Es una caja rectangular y envuelta en un papel de regalo brillante. Es lo único que consigo avistar.
—Sí, se lo daré. Muchas gracias. Adiós. —y cierra antes de que Hugo le diga nada más. Cuando cierra, gira su cabeza hacia las escaleras por si me ve asomada o algo, pero la luz apagada de mi habitación da la impresión de que la puerta está cerrada. Lo sé porque lo he comprobado más veces para asegurarme de que podía espiar sin ser vista.
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Cartas para Irene
Teen FictionElena, a sus quince años, tiene los problemas típicos de su edad: deberes, chicos inmaduros, amigas y discusiones con su familia; y la única manera que tiene Elena para escapar de esa realidad es escribirle cartas a su hermana, Irene, que vive en el...