Aún con las lágrimas a punto de resbalarme por la cara, me dirijo a mi punto de encuentro con Dani, el aula de los bailes. «No puede ser», me repito a mí misma, «Dani no es así. Seguro que no es mi Dani». Subo las escaleras y realizo el mismo recorrido que realicé por primera vez este martes. Abro la puerta empujándola con fuerza.
—¡Eres un...!
Antes de terminar la frase me doy cuenta de que no hay nadie. ¡Joder! Estoy a punto de marcharme cuando una voz a mis espaldas habla:
—Un... ¿qué?
Dani me mira con una ceja levantada y mirada de picardía y se desliza dentro del aula cerrando la puerta tras de sí.
—Yo... ¿Por qué me haces esto?
La diversión de su cara desaparece.
—¿Hacerte qué? No he hecho nada, nena.
—¡Deja de llamarme nena! Ni siquiera sé si lo soy...
Una lágrima cae pero impido que caigan las demás cerrando los ojos. Dani me coge del hombro con suavidad y yo lo aparto con un movimiento brusco hacia atrás.
—Joder, joder, joder... —murmuro.
—Elena, ¿qué te pasa? ¿Qué he hecho? Dímelo, por favor, me estás asustando...
Se lleva las manos a la cabeza y da una vuelta sobre sus talones mirando al cielo. Resopla.
—Sabes que has hecho algo, lo noto en cómo te agarras con fuerza al pelo, imbécil. Haces eso como si quisieras castigarte. —hago una pausa que aprovecho para volver a cerrar los ojos y evitar llorar—. Así que dime, ¿qué crees que has hecho?
—Nena, yo...
—Dilo. —presiono.
—Podría explicarlo si supie...
—Esto es ridículo, de verdad, Daniel. —lo interrumpo.
Al escuchar su nombre entero, Dani me mira fijamente juntando las cejas y se muerde el labio inferior.
—Elena... —extiende una mano haca mí.
—¿Cuál pensabas que iba a ser mi reacción cuando me enterase de que ibas a liarte con Andrea?¿Cantar? ¿Bailar? ¿Cantar y bailar en medio del instituto como si estuviese en High School Musical? ¡Dime!
—¿Có... cómo has sabido...? —susurra con las cejas juntas—. Elena, es un rollo más, créeme. Tú y yo ni siquiera somos pareja, nece...
—¿Es costumbre ahora eso de declararte a una chica, liarte con su ex mejor amiga y luego decir que no pasa nada porque no sois pareja? No es la primera vez, Daniel.
Casi escupo mis palabras. Siento tanto odio en mi interior que tengo que sacarlo de alguna forma y no quiero que sea golpeándolo porque al final me acabaría haciendo daño yo.
—¿Qué? Elen...
—¡No digas ni una palabra más! No quiero escuchar más mentiras, ahora te toca escucharme a mí. —Dani vuelve a llevarse las manos a la cabeza. Esta vez no pienso callarme, se acabó— ¿Recuerdas el día de mi séptimo cumpleaños cuando jugabas más con Andrea que conmigo? ¿Recuerdas en la piscina cuando dejaba a Irene para irme a jugar contigo? ¿Recuerdas todas las malditas veces que he ido a tu casa con Álvaro... —nuevas lágrimas caen por mi rostro y ya no puedo evitarlo—... para jugar contigo a la pelota? ¡Ni siquiera me gustaba el fútbol! Me gustabas tú, joder.
Cierra los ojos y aprieta la mandíbula. Yo me asomo a la ventana dándole la espalda. Mis amigas se ven desde aquí, desde la ventana desde la que Dani me espía.
—Elena, no lo sabía, yo pensaba que no...
—Puff, es obvio que no lo sabías. ¿Tampoco recuerdas por qué Andrea y yo no somos amigas? —niega con la cabeza—. Nos gustabas a las dos, Dani. Y las dos nos prometimos no ir a por ti para no hacer daño a la otra... Hasta que ella fue a por ti. Sexto de primaria, día de fin de curso. ¿A quién besaste? —abre los ojos y dibuja una "o" con los labios—. Ajá. ¿Quién estaba delante?
—¡Joder! —exclama. No se dio cuenta de nada, eso está claro—. Nena, lo siento...
—Después de eso, Andrea tuvo la desfachatez de decirme que yo era una cría y que en el instituto ella necesitaría amigas de su altura, no una... gorda como yo. ¿Recuerdas cómo estaba?
—No estabas tan gorda...
—Sí lo estaba, Dani. Estaba... rellenita y a veces me costaba encontrar ropa de mi talla. Fue en ése verano cuando... dejé de comer. —me hospitalizaron por anorexia y desde entonces no como nada que engorde mucho, pero eso no pienso decírselo a Dani—. Pensaba... que la preferías a ella porque era... guapa y delgada, no como yo.
Consigo decir entre sollozos. En lugar de lágrimas parece que corra un río por mi cara. Dani se me acerca y me acaricia un brazo con miedo a que me aparte pero esta vez no lo hago. Estoy temblando por lo nervios y por el miedo. Es la primera vez que me sincero sobre mis sentimientos por Dani y lo he hecho con él mismo, con mi Dani. Con el mismo que me gusta. Con el protagonista de mi secreto.
—Recuerdo que estuviste en el hospital pero no recuerdo por qué era, ni tampoco sabía que era por mi. Álvaro me pidió ese verano que nunca más me enrollara con Andrea...
—¡Claro que te lo pidió! Estaba tan preocupado por mi salud... Él no entendía qué... narices me pasaba hasta que lo adivinó, y lo único que pudo hacer fue eso. Eso y decirme exactamente con quién te liabas cada vez que lo hacías, lo que me ayudó a olvidarte.
—¿Sabes todas y cada unas de las chicas con las que me he liado?
—Tú se las contabas a Álvaro, y Álvaro a mí. Y el otro día bajo esa farola sentí que te quería, sentí que nunca te había olvidado, sentí que era mi oportunidad. Pero ahora lo que siento es odio. Perdóname, Daniel.
—¡Elena! ¡Pensaba que tú no sentías lo mismo que yo!
—No lo preguntaste.
—¡Joder, nena, tienes que escucharme! —insiste.
—¿Escucharte?¿Ahora? Llevas semanas liándote con Andrea y coqueteando con ella, y no has sido capaz ni de dejar de hablarle, ni siquiera eres capaz de negármelo. Dani, no te estás portando con ella como con las demás. No voy a volver a creerte nunca.
—¡Elena, ven! Puedo arreglarlo, te prometo que...
Demasiado tarde para prometer nada, yo ya había abandonado el aula y corría escaleras abajo. Hoy habría fiesta de pijamas en mi casa, y yo al parecer iba a ser un mar de lágrimas.

ESTÁS LEYENDO
Cartas para Irene
Teen FictionElena, a sus quince años, tiene los problemas típicos de su edad: deberes, chicos inmaduros, amigas y discusiones con su familia; y la única manera que tiene Elena para escapar de esa realidad es escribirle cartas a su hermana, Irene, que vive en el...