Cuarenta y Seis

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No sabía lo aburrida que podía llegar a estar sin el lujo de salir, sin móvil o sin algún tipo de contacto con el exterior hasta que me llegaron los castigos.

«¿Qué te está pasando, Elena? Tú no eras así», me digo mientras me tumbo boca arriba en mi cama haciendo un pequeño descanso de los estudios. Ciencias Sociales me está matando, estoy deseando acabar el examen y quitármelo de encima; y aún me queda terminar el trabajo de informática para mañana y repasar Lengua para el miércoles, hacer un par de trabajos de dibujo que tengo atrasados para antes del viernes, estudiar para un examen trimestral de Biología y creo que aún no he realizado las actividades de Física que tengo que entregar el jueves. Uf, demasiadas cosas.

¿Cuándo empezaron los problemas? Hago memoria. No fue cuando Álvaro empezó con la zorra de Laura. Recuerdo que Dani y yo no estábamos de acuerdo con la relación, pero ése no fue el origen de mis problemas. ¿Fue cuando Álvaro cortó con Laura en el mes de octubre? No, ahí tampoco. El mes de octubre fue turbulento pero nada comparado con como están siendo noviembre y diciembre juntos. Recuerdo además que el único que de verdad estaba mal de los tres era Álvaro ya que dejó de hablarle a Dani y se distanció de mí, en cambio ahora parece que los tres tenemos cada uno alguna clase de problema, aunque la que peor ha salido soy yo.

Entonces un pensamiento disparatado cruza mi mente a la velocidad de la luz: mis problemas empezaron cuando Dani me dijo que le gustaba, bajo la farola que no se ve desde ninguna de nuestras casas, el mismo día que conocí a Hugo. Dani es el culpable de todo, de todos mis problemas y de que esté expulsada ahora mismo, estoy segura. Estoy segura de ello como lo estoy de que con quien quiero estar es con Hugo y no con él, por mucho que mi mente se confunda. Hugo no sería capaz de meterme en tantos problemas como me ha metido Dani. Ni de hacerme tanto daño como me ha hecho Dani. De hecho, estoy segura que si Dani no me hubiese tratado como una chica más en lugar de como su mejor amiga, lo que siempre he sido, Andrea no se hubiese visto amenazada y no habría venido en busca de la chica que podría haberle quitado el puesto, y yo, muy probablemente, no me habría enfrentado a ella.

«Podría», me recuerdo. Es cierto que podría y que ya no. Es cierto que pude haber sido una amenaza para Andrea, pude haber sido una chica para Dani, pude. No obstante, actualmente soy lo más lejano a una amenaza para Andrea de lo que podría ser nadie. Más incluso que Claudia, y es su prima. Y hablando de Claudia, se la veía un tanto despreocupada por los exámenes en comparación a mí ante la directora, aunque también hay que tener en cuenta que yo intentaba aferrarme a lo que fuera con tal de que no me expulsaran. Aún así, no considero que su comportamiento sea el más lógico en una chica que está en plena semana de exámenes finales.

De inmediato desecho ese pensamiento y olvido que lo he pensado. Es mi amiga, no debería pensar esas cosas. Le mandaré un mensaje para ver cómo está.

«Mierda». Suspiro y me levanto de la cama. Olvidaba que mi vida ahora es la de una chica antisocial totalmente. Ni siquiera puedo escribirle cartas a la ausente Irene porque me lo he prometido, y Álvaro está estudiando para un exámen de Literatura que parece ser muy difícil porque ni siquiera ha salido en toda la tarde. Recuerdo también que aún no le he mencionado nada de mi expulsión y que debería contárselo cuanto antes. Álvaro ahora es la única persona en la que puedo confiar plenamente, a excepción de mis amigas.

Suspiro. Espero que ninguna de las chicas se enfade mucho conmigo cuando sepan que no les estoy contando nada sobre Hugo. ¿Y qué es lo peor de esta situación? Que por mucho que yo piense —y lo hago bastante— nunca encuentro una solución ni saco nada claro. Me paso el día pensando en Hugo, en Dani, en Álvaro, en Laura, en Andrea, en mis amigas... y nunca sé qué sacar como conclusión de mis pensamientos. Creo que me voy a plantear esto de dejar de pensar y comerme la cabeza, a ver si así consigo algo.

Cartas para IreneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora