El día sábado Michael se levantó más temprano de lo normal, lo cual sorprendió a sus padres y hermanos, pero nadie dijo nada respecto a aquella actitud, simplemente omitieron sus comentarios y cada uno continuó haciendo lo suyo. Deniel se juntó con sus amigos para ir a joder a algún parque, sus padres fueron a las compras diarias mientras que Liam se quedó en casa con Mike como su niñero.
Michael comenzó a ordenar la casa con la ayuda del pequeño Liam. Este de pronto se detuvo e hizo una mueca de disgusto que el teñido no pasó por desapercibida.
─Hey amigo, ¿Qué sucede? ─Preguntó el mayor poniéndose a la altura del pequeño. Este hizo un puchero apuntando a su barriga.
─Mike, mis tripitas rugen porque tienen hambre ─Informó, Mike sonrió y se levantó revolviendo los cabellos del menor.
─Vamos a alimentar a tus tripitas ─Dijo tomando al menor de la mano. Ambos fueron a la cocina, Mike tostó pan y preparó jugo de naranja e hizo huevos revueltos también, para luego proceder a llevar todo a la mesa y así hacer que su pequeño hermano comiera.
Al rato después llegó Deniel, este saludó a Michael y se encerró en su habitación, pero de inmediato salió ofreciendo ayuda a Michael con los quehaceres de la casa. El mayor observó el lugar, estaba todo en perfecto estado sin embargo ya que el menor insistía en ayudar le ordenó limpiar el baño. El semblante amable que mantenía Deniel cambió y a regañadientes obedeció, Michael soltó una carcajada suave y siguió con lo suyo.
Sus padres volvieron horas después, el pequeño Liam fue quien les abrió la puerta y ayudó a cargar bolsas hacia la cocina, de pronto se paró frente a Daryl y Karen con una sonrisa inocente.
─¿Qué sucede, cariño? ─Interrogó la mujer, el pequeño seguía sonriendo.
─¿Trajeron galletitas? ─Preguntó el menor, Mike soltó una risilla. Daryl suspiró y de una bolsa sacó un paquete de galletas, conocían lo suficientemente bien a sus hijos como para saber sus caprichos.
Michael se adentró a su cuarto, y con suma rapidez lo ordenó dejándolo en un estado totalmente pulcro. Se vistió con algo cómodo y salió de casa no sin antes avisar a sus padres, caminó rápido ignorando todo lo demás, siendo totalmente ajeno al mundo. No llevaba audífonos, sus oídos eran víctimas del barullo de las personas a su al rededor por lo que su vista viajaba inquietamente de un lado a otro, evitando a toda costa hacer contacto visual con alguien.
Dentro del autobús sucedió lo mismo, sentía como se contaminaba. Podía sentir las respiraciones de las personas y él mismo sentía que su respiración se entre cortaba. Se bajó asqueado del autobús y caminó hasta la casa de Eloy. Su vista se mantenía fija en el suelo, procurando no pisar las líneas de la acera, soltando maldiciones por lo bajo cada vez que lo hacía.
Cuando llegó a la casa del mayor tocó el timbre y de inmediato salió el pelinegro vestido de forma casual. Le invitó a pasar y Mike obedeció. Caminaron por el largo pasillo hasta la habitación de Eric en donde este se encontraba con su novia y el felino. Eloy se lo pasó al menor y este de inmediato lo envolvió en sus brazos.
─¿Quieres bebida? ─Preguntó el mayor en un tono de voz ronco, probablemente porque hacía poco que despertaba. El otro asintió simplemente mientras juntaba cariñosamente su nariz con la nariz húmeda del animal, Eloy rió─ ¿De cuál quieres? ─Interrogó nuevamente, el menor se encogió de hombros.
─Me da igual ─Respondió, estaba demasiado animado jugando con el pequeño felino en sus brazos.
El mayor sirvió dos vasos de coca cola, le tendió uno al menor y ambos salieron al patio trasero de la casa en donde estaba los otros gatos y la adorable perrita de Eloy. Estuvieron en completo silencio por varios minutos, un silencio totalmente cómodo, ambos se encontraban en una reflexión interna o al menos eso era lo que sus rostros aparentaban.
─¿Irás hoy donde Calum? ─Interrogó el más bajo dando caricias suaves a la nariz del felino.
─Sí, iré a las siete o quizá ocho. ¿Paso por ti? ─Eloy le observó, Michael observó el despejado cielo pensando, hasta que finalmente suspiró negando.
─No, lo siento. Pero debo encargarme de Silvestre, después de todo le dije a mamá que yo lo cuidaría por mientras ─El menor suspiró observando al pequeño gato, este se empeñaba en enterrar sus pequeños y afilados colmillos en la mano del teñido.
─No deberías ir de todos modos, tú aceptaste esa responsabilidad ─Mencionó.
─Iré sólo por unos minutos, es sábado ─Puso como excusa el menor con un puchero bastante aniñado, Eloy rió─ Ya tengo que irme, ¿Me acompañas? ─Interrogó, Eloy asintió.
Ambos salieron de la casa en dirección a la parada del autobús. De pronto el felino comenzó a temblar del miedo y sus maullidos se hicieron más fuertes y dolidos. Michael lo podía interpretar como gritos de desesperación por estar inmerso en tanto ruido de autos. Al llegar a la parada, Eloy fue quien hizo parar el autobús y subió junto a Michael ya que tenía tiempo.
El pequeño silvestre seguía llorando, Eloy le tomó y le acurrucó entre sus brazos y entonces de inmediato dejó de llorar. Michael sonrió y llevó su diestra hacia las orejas peludas del felino para dar caricias suaves. Finalmente llegaron a la casa del teñido, Eloy se despidió del muchacho y el pequeño gato para luego devolverse.
Michael entró a su hogar con el animan entre sus brazos. Su madre le sonrió al pequeño gato mientras que su padre tan sólo puso una mueca en desapruebo.
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Capítulo inesperadamente largo y aburrido.
