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LAUREN
El momento de salir llegó, así que con ayuda de mis padres logré ponerme de pie después de días fuera de juego. Era extraño sentirme ahora con la suficiente fuerza para caminar. Los golpes en mi cuerpo ya no dolían y en mi cabeza todo estaba más que ordenado, solo había perdido una pequeña parte de cabello durante la cirugía, misma que se cubría sin problemas.
Mi brazo escayolado dolía menos, sobre todo ahora movía mis dedos sin lastimarme tanto.
-Venga, andas muy bien Lauren, estas lista para marchar a casa y ser mimada.
Camila acababa de entrar a la habitación, escuchando las últimas palabras. Yo rogaba por que al menos un cariño me mereciera al día. Para completar un poco mi estado de ánimo, me quedaría en casa, junto a mi esposa e hijos.
Ella sonrió hacía mi.
-Hola. La saludé, las personas dentro del sitio seguramente se sintieron incómodos, prácticamente Camila y yo nos mirábamos embobadas, como si nada existiera a nuestro alrededor.
-¿Estas lista?
Me encogí de hombros. Mi padre acercó la silla para que me sentará una vez más y con cuidado de no lastimar mi cuello acepté la mano de mi esposa.
-Las instrucciones ya te las he dado, nada de esfuerzos, come bien y duerme lo suficiente, no olvides tomar el medicamento cuando es debido, la revisión queda para dentro de una semana, por favor Camila. Dijo mirándola. -Cuidala muy bien.
Asintió un tanto incómoda.
Cuando llegamos a casa me sentí plena, temía que jamás llegará a dormir ahí de nuevo, era mi lugar preferido en todo el mundo.
Sinú salió a saludarme contenta y seguida de ella Sofía con mi pequeño en brazos. Se revolvió y finalmente logró bajar para correr hacía mi, la silla resultaba de gran ayuda para alcanzar y tomarlo con un solo brazo.
Todos los presentes rieron cuando me llenó de besos toda la cara, incluso Camila.
Mis padres habían comido en casa mientras yo me recargaba en el sofá de la sala, Kilian platicaba conmigo.
-¿Estas en el equipo entonces?
El asintió muy contento. El básquet ahora era una buena distracción para el y me llenaba de felicidad verlo crecer tanto y hacer lo que le gustaba. Ahora tenía ya 13 años, en medio de la pubertad y esa actitud tan responsable.
-Te amo cariño. Le dije en su mejilla.
-Solo no olvides que besar mi mejilla delante de mis amigos no es opción. Sentenció, yo reí.
En ese momento entró Alejandro a mi vista. Por supuesto que me sentía incomoda con su presencia, sobre todo después de quedar como una esposa infiel y hacer sufrir a su hija.
Se sentó, para mi mala suerte Kilian fue a buscar alguna botana.
-Me alegró de que estes mejor Lauren.
Yo le agradecí.
-Hable con tu padre está semana y me a contado toda la verdad.
Yo no sabía que decirle. El me había culpado y por momentos me miraba como queriendo matarme.
-No debes decir nada, solo quiero aclarar que aún así me molesta que no intentes solucionar las cosas con Mila.
-Lo he intentado. Solté. Claro que lo había intentado pero ella me impedía seguir más lejos.
-No lo suficiente. Su mirada era penetrante y se percató de que alguien venía de nuevo, no podíamos seguir hablando.
Con esas palabras me fuí a la cama. Mis padres habían tomado un vuelo a Vancouver apenas unas horas antes y los padres de Camila y Sofía habían regresado a su hogar. Dejándome a solas con ella y los niños. Durante la cena nadie habló, solo se escuchaban los pequeños grititos de Cameron, lanzaba comida y se relamía chistoso.
-He pedido un descanso en el trabajo.
Soltó Camila sorprendiendo a todos en la mesa.
-¿Como? Pregúntamos Ki y yo al mismo tiempo, nos pasaba muy seguido.
-Ajam... será esta semana así que podremos estar más tranquilas, tu sabes para la rutina, en la mañana iré a llevarte cariño y luego a la salida.
Le dijo a Ki. -Tu puedes cuidar a Cameron mientras aún duerme. Yo asentí a sus instrucciones.
Recogió los platos de la cena y envío a Ki a dormir, el despidió besando mi mejilla y la de su madre. Era tarde y yo me sentía extraña estando sin hacer nada. Cameron aún jugaba con su plato.
-¿Te parece dormir en la cama? Yo dormiré en el sofá.
No podía permitir que hiciera eso, que se encargara de todo y además tener que dormir en un sitio poco cómodo.
-No creo que sea buena idea. Dije confusa.
-Tu debes descansar.
La miré fijamente. -Ya, pero podemos dormir perfectamente las dos en la cama, es grande y si Cameron despierta en la noche yo no podré levantarme rápido.
La silla me ayudaba para no esforzarme tanto pero con un solo brazo me era imposible actuar rápido y aunque podía pararme y caminar perfectamente el dolor de cabeza volvía al hacerlo. No era muy apta para cuidar a mi hijo en esos momentos, al menos no por la noche. Solía despertar en la madrugada hambriento y llorar.
-Tienes razón no lo había pensado. Me había dado la espalda otra vez, limpiando todo en la cocina.
Agradecí que la casa solo era de una plata por que así podían alguien ayudarme a avanzar sin problemas.
Tomó a Cameron en brazos haciéndolo reír con cosquillas bajo el cuello luego me lo dió para sentarlo conmigo.
De la nada Camila me empujaba hacía la habitación que juntas adaptamos para la cuna. Lo limpió de las mejillas por la comida, cambió su pijama y lo recostó en sus brazos.
-Venga bebé a dormir.
Cameron tomaba su biberón y me miraba, en ocasiones sonreía.
-Esta contentó de tenerte aquí Lauren.
Yo asentí y la miré con cariño, como hacía tiempo que no lo hacía. Quería sentarme junto a ella y besarle la mejilla mientras arrullaba a Cam, como siempre lo hacíamos.
Al fin se quedó dormido en su cuna y ambas nos dirigimos a nuestra habitación. Mis cosas estaban en la cama, la misma maleta con la que me había ido aquel día.
-Tu madre me prestó la llave para ir por tus cosas al departamento por eso tarde en llegar al hospital.
-Te lo agradezco.
Busqué alguna pijama en el equipaje, fue algo difícil por utilizar una mano pero bastaba y de forma lenta logré ponerme de pie. Estaba quitando mi vieja playera negra cuando Camila me ayudó a quitar mi ropa. La sacó por mi cuello con cuidado de no lastimarme y posteriormente mis zapatos y jean. Ella clavó sus ojos en mi abdomen y pecho, los moretones del accidente estaban desapareciendo pero se notaban de un color amarillento.
Se iba alejar pero lo impedí.
-Quiero quitar mi sujetador.
Camila me miró insegura. Sin decir más rodeó mi espalda con sus manos y lo desabrochó. Retiró los tirantes sin topar con la escayola de mi brazo y suspiró.
-Gracias. Respondí. Tomé el camisón con el objetivo de colocarlo pero ella interrumpió.
Estaba tan cerca de mi que no entendía lo que pretendía hacer. Se inclinó hacia mi pecho y besó por encima de mi pezón.
-Cam...
-Ya lo sé Lauren, es sólo que no se como sentirme, te juro que mirarte así llena de golpes me pone demasiado triste, no sabría que sería de mi si te hubiese perdido.
-Pero estoy aquí y la verdad es que me haces sentir como tonta por que no puedo tocarte así que no hagas algo para seducirme.
Ella rió. Ambas estabamos listas para ir a la cama, bajó mi maleta y abrió las sábanas, para ese momento había colocado un montón de almohadas.
-Para que te sientas más cómoda.
Me ayudó a recostarme y ella se tendió a mi lado pero al otro extremo de la cama.
Intentaba por todos los medios conciliar el sueño pero no podía. Pensaba constantemente en la hermosa mujer a mi lado. Giré mi cuello un poco para percatarme de su mirada en mi, en medio de la oscuridad.
Esos hermosos ojos café. Nos miramos por un largo tiempo hasta que no lo resistí.
-Ven aquí cariño.
Se dibujó una sonrisa en su rostro, poco a poco se arrastró a mi lado y escondió su cara en mi cuello, sus manos trataron de rodearme con precaución y finalmente se durmió.
Yo la miré feliz, me sentía completa y pensaba en todo lo que debía hacer para mantenernos así. Unidas.
No era suficiente con lo que hacía, Alejandro tenía toda la razón, debía esforzarme por tenerla de vuelta conmigo. Aunque mi cuerpo dolía un poco, Camila lograba entumecer mi dolor por momentos, yo la sujetaba contra mi deseando que jamás nos volvieramos a separar.
En medio de la madrugada, Cameron soltó el primer llanto y Camila se estremeció contra mi, había clavado un poco su mano en mi costado provocando que mis labios soltarán una queja de dolor leve.
Ella se levantó mirándome.
-Lo siento. Yo negué.
-Estoy bien, es mejor que vayas a verlo antes de que despierte a Ki.
Se reacomodo un poco su bata y salió de la habitación.
Las pesadillas sobre el accidente habían desaparecido con tan solo dormir a su lado. En el hospital despertaba cada cierto tiempo al mirar de nuevo esas luces y escuchar muy real el sonido del auto dando vueltas.
Por cierto el auto había quedado hecho un desastre y por el seguro tendrían que reponerlo nuevo. En algunos meses lo tendríamos otra vez. También Camila había sugerido que yo dejara de utilizarlo por el problema de visión pero yo me negué, estaba bajo efecto de analgésicos así que después de un rato le dí la razón.

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