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CAMILA
Cuando regresé a la cama quise volver a la sala y decirle a Lauren que olvidará todas mis palabras de la tarde. Quería abrazarme a ella toda la noche.
Miré por un buen rato a la puerta deseando que también ella olvidará todo.
El golpe me había despertado, el ruido solo me recordó que estaba alerta. Esa mujer cerca me hacía sentir miedo y muchas dudas sobre Lauren. La odiaba, así como el sentimiento tan contradictorio de desconfianza a mi esposa. Muy en el fondo tenía que haber alguna razón para que Sab quisiera hacernos daño. Lo único útil para mi era pensar y suplicar a mi mente y mi corazón que quisieran a Lauren sin medida.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas en el piso, tal vez se había golpeado el brazo pensé. Me arrepentí de dejarla ahí y no ayudarla. Era igual de tonta que yo.
Me quedé dormida sin darme cuenta y el pequeño rayo de luz que entraba en la ventana me obligó a abrir los ojos.
-Lau. La llamé tocando la cama y noté su ausencia. Claro, estaba dormida en el sofá. Me sentía más tranquila y deseaba poder arreglarlo. Necesitaba darle un beso de buenos días y mejorar un poco el fin de semana juntas. Mañana iba a dejarla sola por más tiempo por regresar al trabajo, además Ki al colegio y era necesario hablar.
Salí de la cama y fuí a la sala para despertarla. Cuando llegué detuve de golpe mis pasos. No estaba. Crucé la estancia a la cocina, el comedor y nada. Miré por la ventana, quizá estaba sentada por ahí en el jardín. No estaba. Mi estómago se hizo puño y al buscarla en la habitación de los niños siendo silenciosa. Y no la vi, mi corazón latió a prisa. Se había ido ¿Lauren se había ido?
Corrí a la habitación buscando espacios vacíos y su maleta. Me tranquilice un poco al ver todo en su lugar. ¿A donde había ido?
Tomé mi móvil para llamarla pero el maldito sonido venía de la sala. Encontré su móvil sobre el sofá. Comencé a enfadarme. Lo hacía a propósito para provocarme un ataque al corazón.
Me senté ahí algunos minutos esperando que apareciera. Luego fui a la cocina y en la encimera vi la taza que ella había tomado. Moví mis dedos ansiosa y pensé en llamar a alguien para localizarla. Pero no sabía a quién, además aún era temprano, extraño.
Miré constantemente a la entrada. Se habían hecho horas.
Justo cuando iba a llamar a mis padres, escuché el ruido frente a la puerta. Sin dudar me lancé a abrir. La miré. Tenía una cara poco usual y me enfadé.
Quise reclamarle pero Aiden venía con ella, al menos estaba con el. Me sentía enfadada y preocupada al mismo tiempo. Ni siquiera me di cuenta de cuando salió Aiden de la casa. Fijé mis ojos en ella, en encontrar una respuesta.
Luego de sus palabras me llené de culpa.
Mordí mis labios cuando no pude decir nada. Ella había sufrido un golpe fuerte en su brazo y yo en cambio le había lanzado una almohada a la cara. Era tan tonta.
Caminó decidida a la habitación, y era obvio que yo tampoco iba a permitir que durmiera en el sofá. Por dios Camila, ella estuvo inconsciente en el hospital hace unas semanas. Estuviste a punto de perderla y dejas que toda la situación te consuma.
Di vueltas en el dormitorio mientras escuché la ducha abierta.
-¿Que vas a decir? Me pregunté en voz baja.
Respiré profundo y limpié las lágrimas que sin querer habían brotado. Me abracé sola y contuve los sollozos. Llorar no va a arreglar nada.
Miré la nueva receta sobre la cama y la bolsa, medicamento, la pequeña hoja donde mencionaba que habia ingresado a urgencias a las 4 am. Hace horas y yo no me había dado cuenta.
Dejé todo en su sitio y entre a la cama. Ella salió del baño y luego sentí como se hundía el otro lado de la cama. Solo silencio. No me atrevía a decir nada. No podía. No podía soportarlo. Ella sabía que estaba despierta.
Miraba al techo y yo al piso. Me sentía tan perdida, tan alejada de ella aún teniendola ahí.
¿Porque últimamente me sentía tan mal al estar en nuestra cama? Todo lo malo o bueno pasaba ahí.
Estaba cansada también. Después de minutos ella se quedó dormida, lo supe, por que su respiración era más lenta.
Me giré para verla, necesitaba verla por un buen rato y convencerme.
La amaba tanto. Con cuidado me senté a su lado.
Besé su mejilla y la miré dormir.
Se quejaba entre sueños. Tenía que hacer algo bueno, disculparme y actuar de forma más madura, si no quería perderla.
Sus pestañas descansaban en sus mejillas y miré los pequeño puntitos café sobre la nariz, eran lindos.
Quería besarla y me arriesgué. Lentamente pegué mis labios a los suyos.
-¿Que haces? Se quejó.
Me sentí apenada. -Lo siento, no quería despertarte.
-Pues lo has hecho. Abrió sus ojos y me miró.
-¿Crees que podamos hablar ahora? Le pedí.
-Soy yo la que no quiere.
-Lauren, por favor...siento haber hecho y dicho todo eso ayer, pero de verdad ¿Que harías tu?
-No cambies esto. Me dijo e intentó darme la espalda.
-No es fácil creer después de tener pruebas, dude de ti y lo siento, pero que me enfade después de esa absurda llamada está justificado, se está metiendo conmigo y yo no lo toleró, necesitó saber que escondes ¿Que hiciste tú para que ella haga esto?
Aclaré.
Sus hombros se tensaron y se sentó.
-No escondo nada, ya te dije lo que pasó, si tu no me crees entonces no puedo hacer más.
Busqué su mirada pero ella no estaba nada contenta.
Apenas llevaba una playera encima, no sabía como había logrado ponérsela. Esperaba que de pronto encontrará sus ojos con los míos. Me resigné y tomé una decisión, necesitaba hablar con alguien.
-Bien, te dejaré descansar, tal vez sea bueno salir por ahí.
-No lo creo. Dijo entre dientes.
-¿No?
-No, debes estar siempre segura, tu y los niños, no me fío de ella.
Ella, claro. Comencé a vestime delante pero no se movió ni un poco.
-Ok, entonces voy a ir a casa de mis padres, así podrás descansar sin los niños.
Se iba a oponer pero mejor se cayó.
Desperté a Ki para anunciarle y luego fuí con Cameron para alistarlo. Minutos después salí de la casa con un dolor en el pecho y muchas palabras guardadas en mi cabeza. Lauren iba a cerrarse por días, así eramos ambas.
Llamé a mamá en el camino para avisarle que pasaríamos el día ahí. Ki me miraba acusándome de algo.
-Me dijiste que ya estaban bien. Reclamó.
-Ki, tu mamá solo quería descansar un rato, sin Cam queriendo que lo cargué estará mejor.
-¿Y si le pasa algo mientras no estamos?
Demonios, la seguridad de pasar todo el día lejos de ella, se extinguía.
-Solo serán unas horas ¿Te parece?
-¿Me contarán que está pasando algún día?
Miré su cara de pena. El no merecía nada de esto.
-Cariño, son problemas de grandes, pero lo arreglaré, por favor pon una mejor cara.
Tomé su pequeña mano a un lado y sonreí para transmitir el mensaje. El asintió y siguió mirando por la ventana.
-Cam tal vez quiera un poco de helado antes de llegar. Dijo y luego se rió. Era una trampa bastante cómica, por que Cam ni siquiera podía decir helado de forma correcta.
-Eres un mentiroso. Me quejé y le piqué un costado. El se rió más.
-Bien, bien ¿Te parece después de desayunar?
Propuso.
-Ammm lo voy a pensar.
Rodó los ojos. -Olvídalo mejor se lo pediré a mi tía.
Tal para cual, Kilian aprendía demasiadas cosas de Sofía y eso me preocupaba, mi hermana era una loca y parecía ella otra adolescente más.
Cuando crucé la puerta y miré a mi madre lo primero que hice fue gruñir. Mi mamá lo entendía, ella también estaba preocupada por todo lo que pasaba y para mi desgracia ahora sabían sobre Sab. Y también la odiaba supuse. Sofía salió hablando por teléfono de alguna parte y nos saludo con la mano. La conversación se iba a extender, tenía más cosas que explicar. Cameron se habia puesto en marcha para comenzar a jugar y hacer travesuras.
-Te ves más delgado ¿cariño? Preguntó mamá a Kilian mientras lo abrazaba. Yo asentí. El estaba creciendo demasiado.
Apretó sus mejillas y el sonrió amable.
-Abu, ¿Puedes comprar helado?
Asintió. -Si pero primero lo saludable. Yo le dí la razón.
Mi padre no estaba gracias a dios, sino me llenaría de preguntas y tal vez buscaría a Lauren para pelear.
A quien engañaba, también quería ir a buscarla y no para pelear precisamente.

AQUÍ SE VA A ARMAR EN GRANDE.
😔

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