Capítulo 64

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CALLE

"Poché estaría aquí"

"No te dejaría sola"

"Lo siento mucho"

Se repite una y otra vez en mi cabeza.

Mi padre tiene razón, ella estaría aquí conmigo.

Suelto un sollozo mientras aparto la mano de mi padre y me giro medio de lado, hundiendo la cara en la almohada. El movimiento me provoca dolor en todas las partes lastimadas, pero no me importó. El amor de mi vida se había ido. Desde que desperté, quise que María José estuviera aquí. Tenía la cabeza tan confundida y el corazón tan dolorido.

Mi padre me frota la espalda mientras lo dejo salir todo. Siento que lloré en mi almohada durante horas. Estoy agotada física y emocionalmente. Cuando siento que se me acaban las lágrimas, me doy la vuelta y cierro los ojos para descansar. Mi padre lo deja, sin volver a hablar del tema.

Cuando despierto de la siesta, solo mi madre está en la habitación conmigo. Esta sentada en la silla más cercana a mi, leyendo documentos de una carpeta de cuero. Parece que está trabajando.

¿Por que la llamaron?

—¿Qué haces aquí? —cuestiono. Ella levanta la vista rápidamente y sonríe.

Permanezco inmóvil. No quería que mi reencuentro con mi madre fuera así. Ni siquiera sabía si quería verla, pero estaba aquí y sabía que no se iría hasta conseguir lo que quería.

—¡Hija! me alegro tanto verte despierta. Estuve muy preocupada, no puedo creer por todo lo que has pasado en estos tiempo.  —habló tan rápido que apenas puedo entenderla. —¿Por qué no me dijiste nada?

—¿Habría una diferencia? —murmuro con la voz apagada.

—¿Qué dices? ¡Por supuesto que la hay! —dice mi madre un poco alarmada. —Estaría contigo. Soy tu madre.

—¡Te fuiste! —grito cansada de todo. —Apenas firmaste el divorcio te fuiste, no te importó mucho dejarme como hija.

—Daniela... —dijo suavemente, tocándome el brazo. —Quería llevarte conmigo, pero eras feliz aquí. Tenía a tus amigos, a tu hermana  y a tu novia. No quería que pensaras que quería alejarte de ella. Sabía que aún estabas dolida por mi reacción inicial, y lo último que quería era crear más barreras entre nosotras... aunque, al parecer, eso era inevitable.

—Cuando ella se fue y terminó conmigo, necesité a mi mamá —digo con los ojos ardiéndome por intentar contener las lagrimas. —Sentí que huiste de todo... que huiste de mi, porque sabías muy en el fondo que no podías aceptar de todo esta parte de mi...

—Hija... eso no es verdad....  —hizo una pausa con los ojos muy culpables.

—Quiero descansar —miento, no tenía la fuerza para enfrentarla.  —¿Puedes salir?

—Daniela...

—Por favor mamá —le suplico con la mirada.

********

Tres día después.

Cuando entré, la casa estaba terriblemente silenciosa, un silencio pesado y sofocante que ninguno de los presentes se atrevió a romper. Me detuve un momento, mientras mis pensamientos trataban de comprender el turbulento conjunto de emociones que me estaba golpeando. El silencio era opresivo, me oprimía el pecho y me dificultaba la respiración.

La Guardaespaldas [EDITANDO]Where stories live. Discover now