POCHÉ
El aire fresco de la tarde se colaba por las ventanas abiertas de la casa de Liza, trayendo consigo el aroma a tierra húmeda y flores. Había llegado a la casa de Liza con la mente llena de pensamientos oscuros, pero al mismo tiempo, una chispa de determinación comenzaba a encenderse en mi interior. Me dirijo rápidamente al baño, sintiendo la necesidad de refrescarme. El agua caliente caía sobre mi piel, llevándose consigo la tensión acumulada de los últimos días. Cierro los ojos y dejo que el vapor me envolviera, como un abrazo reconfortante que me recordaba que aún había esperanza.
Cuando finalmente salgo de la ducha, noto que Liza ya estaba en la casa. La encuentro en la sala, sentada en el sofá con una taza de té humeante en las manos. La luz del atardecer iluminaba su rostro, resaltando la calidez de su sonrisa.
—Hola, ¿cómo estás? —preguntó Liza, su voz suave y llena de preocupación. Siento que el corazón se me encogía. Sabía que Manuel había hablado con Liza sobre lo ocurrido, y no quería que se preocupará más de lo necesario.
—No lo sé, Liza —respondo con la voz temblando ligeramente — Tengo miedo de ser una mala persona. A veces siento que mis recuerdos me están llevando por un camino oscuro.
La confesión salió de mi boca como un susurro, pero el peso de mis palabras se sentía tan pesado. Liza dejó su taza sobre la mesa y se acercó, tomando mis manos entre las suyas.
—No eres una mala persona —dijo Liza con firmeza, mirándome a los ojos —Todos cometimos errores en el pasado, pero lo importante es aprender de ellos.
Siento la calidez de la mano de Liza y, por un momento, me siento más ligera. Sin embargo, la sombra del pasado seguía acechándome la mente.
—Quiero ayudar en la casa con los gastos —digo, aprovechando la oportunidad para cambiar de tema.
Era la forma de intentar sentirme útil, de no ser una carga. Liza frunció el ceño, su expresión de preocupación regresando.
—No, Daniela. Quiero que te concentres en tu recuperación. No te preocupes por eso ahora. —Su tono era firme, pero también lleno de cariño. —Ahora necesito un baño —dice levantándose del sofá y dando por finalizada nuestra conversación.
Sabía que Liza solo quería lo mejor para mi, pero la idea de ser una carga me atormentaba. La conversación me había dejado sintiéndome vulnerable, así que decido salir al patio para despejar la mente.
El patio estaba lleno de colores vibrantes, con flores que parecían bailar al ritmo del viento. Me siento en una de las sillas de madera, sacando el cuaderno de dibujos. Comienzo a trazar líneas en la página, dejando que el lápiz se moviera libremente, sin pensar. Cada trazo era un intento de liberar mis pensamientos, de expresar lo que sentía en el interior. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosas, y me pierdo en la belleza del momento.
Cuando termino de dibujar, me quedo mirando el atardecer. Era un espectáculo impresionante, y siento que, por un instante, todo el angustia se desvanecía. Saco el teléfono, capturando la imagen del cielo en llamas, y de manera instintiva, marco un número sin pensar. Mi mente no reacciona a lo que hago, cuando de pronto la llamada se conecta, y una voz familiar resonó al otro lado.
—Hola —dijo la voz, y siento que el corazón comenzaba a agitarse. Era un sonido que generaba muchos sentimientos en mi interior, pero sobre todo de anhelo. —Papá estoy…
—Hola —interrumpo en un susurro, sintiendo una conexión instantánea con la voz del otro lado.
—¿Poché? —preguntó la voz al otro lado de la línea, llena de sorpresa.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
RomanceDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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