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Hace 8 años...

Raoul terminó de arreglar su tupé frente al espejo, se colocó su colonia y arregló su chaqueta. No sabía si volvería a dormir a casa o si se quedaría en la de Agoney, pero no se ocupó en llevar una mochila con él. En casa de su amigo tenía un pijama, alguna camiseta acompañada de un chándal y hasta un cepillo de dientes. Esa era su segunda casa, era su familia.

Se dirigió a su armario y tomó con mucho cuidado el regalo para Agoney. Llevaba meses ahorrando para comprarlo, juntando las pagas que recibía de sus padres y haciendo algunos trabajos para sus vecinos.

Días atrás, Raoul había entrado en desesperación. Cuando llegó a la tienda para comprar el dichoso regalo, se dio cuenta de que le faltaba dinero, no mucho, pero no le alcanzaba. El precio había subido desde la ultima vez que había pasado por allí.

<Pues vaya mierda> había pensado, completamente deprimido.

Se había propuesto entregárselo el día de su cumpleaños, pero ante la desilusión, solo agachó la cabeza y salió por la puerta, chocándose de frente con otro cuerpo.

—Perdón, perdón, venía distraído —se disculpó enseguida—. ¿Le he hecho daño?

—¿Pero qué daño vas a hacer tú con ese cuerpo pollo que tienes? —Rio el hombre y Raoul levantó la vista encontrándose con ese rostro tan familiar.

 ¿Pero qué haces aquí, Manu? ¿Te has perdido y no sabes cómo volver a casa? —La colleja que el hombre le dio probablemente le había quitado diez años de vida—. ¡Ay! ¿Pero por qué me pegas?

—Esa no es la pregunta, muchacho —dijo cruzándose de brazos—. La pregunta es, ¿qué haces tú saliendo de esa tienda con las manos vacías?

—¡Joder, Manu! —se quejó con un puchero demasiado inmenso para su edad—. Pues que han subido los precios y no me alcanza el dinero para comprar el regalo de Ago. —La tristeza que el pequeño rubio expresaba daban ganas de abrazarlo entero—. Y menuda mierda, porque hace dos días pasé por aquí y el precio seguía igual. —Empezó a elevar un poco la voz, mientras movía sus manos—. Es que menudos hijos de puta, no podían esperar aunque fuera un día más para subir los putos precios. —La colleja que Manu quiso darle por sus insultos, esa vez sí la vio venir y la esquivó con una sonrisa burlesca—. Ya estás lento, amigo, tienes que apuntarte a un gimnasio para coger más energía —dijo sacándole la lengua al adulto, la cual termino mordida por sus propios dientes cuando sintió un bastonazo en sus piernas.

—¿Quién es el lento ahora, mocoso? —Manu rio a carcajadas mientras Raoul sobaba su pierna y se sonrojaba en plena acera—. Cuida esa boca y ten más respeto por tus mayores. —El hombre lo rodeo con su brazo mientras lo dirigía de nuevo hacia la tienda—. ¿Cuál es el que quieres comprar? —preguntó parándose en la puerta.

—Ese de ahí —señaló Raoul a través de la vidriera—, pero mira el precio. Hace dos días podía comprarlo, hoy no.

—Pues lo hubieses comprado entonces, es que eres tonto...

—¡No soy tonto! —gruñó Raoul—. Hace dos días no tenía el dinero —dijo Raoul sacando de su bolsillo todo lo que había reunido, era mucho—. Mis vecinos y los padres de Roi han podido pagarme esta mañana por arreglarles el jardín.

—Por destrozarles el jardín querrás decir... —corrigió Manu por lo bajo.

—¡Oye! ¿Pero qué hablas? ¡Si se los dejé perfecto!

—¡Sí, sí!... ¡Perfectísimo! —dijo enfatizando en la palabra—. Casi tanto como los médicos dejaron mi rodilla. Pero no pasa nada, tranquilo. Yo lo soluciono usando esto —levantó su bastón—, y tus vecinos y los padres de Roi lo solucionan contratando a un jardinero de verdad. —Raoul entrecerró los ojos dispuesto a contestarle, pero la voz del abuelo lo interrumpió—. Que sí, hijo, sí, lo acabo de ver al venía para acá —dijo sobando su espalda para consolar un poco al muchacho—. Te lo cuento para que no te sientas mal cuando lo veas con tus propios ojos.

Confundidos - Ragoney (en Edición)Where stories live. Discover now