Un desayuno un poco más elaborado que el primero que compartieron y una sesión de besos en la cama, han sido suficientes para que ambos se levanten con una sonrisa.
– ¡Raoul! – le llama el moreno desde la puerta.
– ¡Ya voy! – grita desde la habitación.
Con un suspiro, Agoney espera unos minutos más hasta que por fin el tupé rubio, perfectamente peinado, llega a la puerta.
– Hasta que te dignas a dejar el espejo – se burla depositando un beso en su nariz – Venga, que nos están esperando.
– Pero si falta media hora – se queja Raoul mientras cierra la puerta tras salir del piso.
– No, nosotros vamos media hora tarde – le corrige su novio.
Bajan en el ascensor y una vez en la calle toman el primer taxi que ven. Con las manos entrelazadas observan las calles de Madrid, está un poco nublado pero aún así hace calor. Decidieron salir una hora más tarde en busca de sus cortinas y algunas cosas más que Raoul cree indispensables ahora que vive definitivamente allí.
– Deberíamos comer fuera – dice Raoul con vergüenza al recordar lo que hicieron la noche anterior sobre la mesa.
– Tranquilo, mientras te duchabas limpié muy bien tu semen de la mesa – dice como si nada mirando por la ventanilla – Quedó perfecta.
Raoul se tensa al instante y agacha la cabeza evitando cualquier contacto visual con el taxista que claramente ha escuchado muy bien las palabras de su novio, lo sabe porque sus mejillas también están rojas. Golpea las costillas del moreno con más fuerza de la necesaria haciendo que un quejido escape de su boca.
– ¡Joder! Vale, comemos fuera, pollito – acaricia la zona golpeada – ¡Qué agresivo! – se voltea mostrando una sonrisa y es ahí cuando se da cuenta de lo que ha dicho. Ha sido sin querer – ¿Perdón? – susurra con inocencia viendo el rostro de Raoul completamente rojo.
– Hemos llegado – carraspea el chófer un poco incómodo.
– Quédese con el cambio – dice rápido el rubio antes de bajar del coche, seguido por su novio – Eres idiota...
Camina un poco más adelante pero en segundos siente los brazos del moreno agarrarle por detrás, riendo sobre su cuello.
– No me he dado cuenta, lo juro – dice sincero.
Y Raoul sabe que es verdad, porque le conoce, identifica cada una de sus expresiones y sabe que no miente, por eso no puede enojarse. Aunque tampoco va a engañarse, la verdad es que si lo hubiese hecho a propósito para avergonzarle, no podría enfadarse por mucho tiempo con Agoney.
– Perdón – repite aferrado a su cuerpo, sin permitirle caminar correctamente.
– Nos vamos a caer – dice el rubio – ¡Agoney! – grita cuando el canario le detiene definitivamente, rodeándole el torso con sus brazos y con una de sus piernas intentando hacer lo mismo con sus extremidades – Agoney, deja de hacer el payaso – pide al darse cuenta de que siguen en medio de la acera.
– ¿Me perdonas? – pregunta de nuevo.
– Sí.
– ¿De verdad?
– ¡Que sí! – grita riendo – Vamos, anda.
Caminando de la mano llegan hasta el centro comercial, pasan por un par de tiendas hasta que encuentran el café donde les están esperando.
– Buenos días – saluda Agoney con una sonrisa.
Daniela guarda su móvil, deja un beso y un abrazo en el cuerpo moreno y luego se abalanza sobre su hermano.
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Confundidos - Ragoney (en Edición)
FanfictionRaoul recuerda cada momento de su vida junto a Agoney, y aunque no fueron su primer beso, ni fueron su primera vez, quizás siempre fueron el primer amor, aunque no supieron verlo.