Aunque todos los lunes suelen despertarse temprano, sus cuerpos deseaban pasarse el día en la cama, a ser posible, juntos y abrazados. Pero no ha sido así, han tenido que madrugar como siempre y cada uno ha amanecido en su cama.
Han desayunado sólo un café con sus padres y después los cuatro se han montado en el coche del mayor de los Vázquez, luego de unos minutos, han llegado a un edificio. No han dicho nada en todo en camino y aunque Raoul y Agoney mueren un poco de sueño, ambos sienten gran intriga y curiosidad por saber qué hacen allí y por qué sus padres han pedido su ayuda.Cuando llegan al séptimo piso, los cuatro bajan del ascensor y Manolo se acerca a una de las puertas del pasillo para golpear tres veces esperando que abran del otro lado.
- ¿Qué hacemos aquí? - pregunta Agoney en medio de un bostezo.
- Esperamos que abran la puerta - sonríe Manolo.
- ¿Y quién se supone que va abrir? - pregunta esta vez Raoul.
Su padre no alcanza a responder, en segundos oyen el sonido de las llaves al otro lado y la puerta se abre dejando ver a un hombre mayor.
- Sergio, Manolo, buenos días - saluda con una sonrisa.
El rubio le mira con el ceño fruncido analizándole, pero en segundos le reconoce como uno de los clientes de su padre, no recuerda su nombre pero sabe que le ha visto en el bufete varias veces. Tal vez si se trata de un asunto de trabajo, quizás sea un caso interesante y sus padres han querido involucrarlos un poco.
Raoul y Agoney saludan a aquel hombre y siguen los pasos de sus padres hacia el interior del piso.
- Pasad, pasad - invita simpático el desconocido.
- Raoul, Agoney, os presento a Antonio, él es un cliente del bufete, le conozco desde hace años, bueno, le conocemos, porque Sergio también ha trabajado para él.
Ambos jóvenes asienten con simpatía y se sientan junto a sus padres en los sofás que hay en el salón.
- Antonio dejará la ciudad en unos días, se irá a vivir a Italia - les cuenta Sergio - Hace unas semanas nos reunimos y nos habló de algunos asuntos pendientes que debe resolver antes de marcharse.
- Entre ellos, este piso - dice Manolo.
Raoul y Agoney se miran fugazmente y antes de que puedan preguntar, sus padres aclaran sus dudas.
- Queremos que sea vuestro - dicen sus padres a la vez.
Agoney abre los ojos y eleva sus cejas mirándoles sorprendido, Raoul abre la boca con una sonrisa en ella y Antonio les mira esperando una respuesta.
- ¿Co-Cómo? - pregunta el rubio segundos después - No habréis comprado esto, ¿O si?
- ¡No, no, no! - niega su padre rápido - Lo hemos alquilado.
- Yo pretendía venderlo, más que nada para no dejar ningún asunto aquí, pero vuestros padres me convencieron de no hacerlo y me pagaron los primeros tres meses de alquiler - comenta Antonio.
- Aún no hemos hecho el contrato, queremos que esté a vuestro nombre - sonríe Manolo.
- Nosotros pensábamos comprar el piso, como ya nos conocemos habíamos idealizado un plan de pago a largo plazo porque Antonio no tenía problema, pero vuestro abuelo nos convenció de hablarlo primero con vosotros.
- ¡¿Pensabais regalarnos un piso?! - pregunta incrédulo Agoney - Estáis locos, madre mía.
- Hijo-
- Estáis hablando de un piso, papá, no de una camiseta - dice con un suspiro.
- Manu tenía razón - susurra Manolo mirando a su amigo - Bueno, pero no lo hemos comprado, sólo es un alquiler y vosotros decidís si queréis seguir así o en un futuro compráis el piso.
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Confundidos - Ragoney (en Edición)
FanfictionRaoul recuerda cada momento de su vida junto a Agoney, y aunque no fueron su primer beso, ni fueron su primera vez, quizás siempre fueron el primer amor, aunque no supieron verlo.