Mini especial Navidad

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Hace 14 años...

Se despierta temprano, feliz y entusiasmo. Es 24 de diciembre y aún no ha escrito su carta.

Con el cabello rubio aún revuelto camina por el pasillo hacia el cuarto de Daniela, intentando no chocar contra las paredes o caer por las escaleras, aún está medio dormido y no debe hacer ruido. La niña duerme plácidamente en su cuna, rodeada de muchos muñecos esponjosos y suaves, un millón de peluches.

– Dani – susurra Raoul – Despierta, Dani.

Su hermanita parece no escucharle, así que mueve la cuna un poco impaciente, hasta que siente una mirada fija en su espalda.

– Cariño, ¿Qué haces? – pregunta en un susurro Susana, viéndole desde el pasillo – Son las siete de la mañana.

Raoul sale de la habitación de su hermanita y cierra la puerta resignado, le han pillado.

– Vete a dormir, anda – dice su madre en medio de un bostezo.

– Mami, tengo que escribir mi carta para Santa, y tengo que escribir una para Dani porque ella es muy pequeña y no sabe hacerlo – explica.

– Raoul, cariño–

– ¿Me ayudas tú? – pregunta rápido – ¡Por fi! – junta sus manitos y hace el mayor puchero que su madre ha visto alguna vez.

No puede decirle que no a esa carita.

– Vale...

– ¡Bien! – festeja dando un par de saltitos – ¿Dani te dijo qué quiere? Porque Ago y yo le preguntamos pero no le entendemos – dice tirando de su mano para llevarla hasta su habitación.

– Tiene dos años, no le vais a entender todavía – ríe ella.

Llegan a la habitación de Raoul y rápido el niño toma su mochila para sacar un cuaderno y sus lápices. Le pide a su madre que se siente en la cama y comienza a pensar cómo escribir su carta.

– ¿Ya decidiste qué vas a pedir? – pregunta Susana, aunque sabe perfectamente lo que espera.

– La bici, lo que llevo pidiendo desde hace días – dice como si fuera obvio.

Comienza a escribir con cuidado, mientras su madre le dicta cada palabra. Sus ojos están concentrados en la hoja y cuando termina de escribir, decide dibujarse a si mismo en su nueva bicicleta, a su lado no pueden faltar sus amigos. Agoney y Mireya, cada uno en su bicicleta, con una sonrisa en el rostro, a cada lado de él, como lleva siendo los últimos meses. Se toma su tiempo en los detalles y comienza a colorear su obra de arte.

– Mira, mami – dice mostrando su dibujo.

Susana ha apoyado su cabeza en la almohada y duerme tranquila en la cama de su hijo.

– ¡Mamá! – grita enfadado y su madre se sobresalta abriendo sus ojos – No estás mirando mi dibujo.

– Lo estoy mirando cariño, lo estoy mirando – dice levantándose para acercarse a observar – Es muy bonito, ¿Ese es Ago?

– Sí.

Ha pintado su piel con un lápiz marrón, ha dibujado sus rizos de forma exagerada y una sonrisa ocupa todo su rostro.

– Está igual, ¿A que sí? – pregunta con una sonrisa.

– Si, si, está muy guapo.

– Ago es súper guapo – dice terminando de colorear la ropa de Mireya.

– Tú también eres guapo – dice su madre revolviendo su cabello.

– En el cole todas las niñas dicen que Ago es el más guapo, yo también lo creo, pero Mire dice que los dos somos igual de guapos – su madre le escucha atenta y observa como sus ojitos comienzan a cansarse – Yo creo que ella es la más guapa.

Confundidos - Ragoney (en Edición)Where stories live. Discover now