The apprentice lover
Hacía más de 6 meses que había conocido a Mr. Anderson. Hombre alto, de tez blanca, cuerpo atlético y sobre todo 10 años menor que yo. Le encantaba que en la cama le dijera, Mr. Anderson. Era de origen Polaco con latino, pero criado en la ciudad de Nueva York. Una exquisitez de sabores y esencias emanaba de él. Hablaba muy poco español, pero le fascinaba la cultura latino americana a pesar de que nació en Polonia. Se esforzaba en pronunciar correctamente, en especial cuando estábamos cogiendo.
Hombre detallista en todo, elegante y caballero, pero ¿qué tal era cómo amante?
Al llegar a la habitación ya mi tanga estaban tan húmedas que se podía sentir entre mis muslos el néctar que provocaba en mí. Mis pezones adoloridos de placer por sus chupadas y deliciosas lamidas. Ese hombre no besaba, me deboraba y me hacía humedecer con sólo tomar mi cuello sin delicadeza, morder y apoderarse de él. Su venoso sexo era una obra digna de deleitar. Merecía tiempo y rudeza, en eso ya soy experta. Mientras liberaba su fiera de esos vaqueros ajustados, apretaba mis pechos y decía una y otra vez en inglés
- ¡Fuck, I adore you!
Apreté sus bien, llenos, y acogidos acompañantes que está detrás de su larga firmeza. Claro, con mucha delicadeza. Le exijo
- Dímelo en español, me gusta más como se escucha de tus labios.
Acaricie y gritó
- ¡Joder, me encantas!
Lo lanzo al sillón, él estaba jodidamente excitado. Su verga inclinada hacia su ombligo. Coloco un pie en el borde del sillón, quedo parada, me inclino y comienzo con mi, do, re, mi, fa, so, la, sol. Es mi sinfonía más larga y la más que me encanta. Sentía su inicio palpitante y lágrimas de semén escapando de él. Mi cabello era la batuta, con él dirigía, mi boca sólo seguía instrucciones. Tenía que enseñarle a mi amante a controlarse, porque su juventud delataba su desesperación por querer explotar.
Con su enorme miembro en mi hinchada boca, le chupo sigilosamente y bebo de sus fluidos. Me salgo de él y comienzo a jugar con su tolerancia. Era difícil tener que hacerlo porque yo andaba desesperada por tener toda esa majestuosidad en mí. Sentir cada centímetro, sentarme en él y hacer la danza pélvica más inmoral que existía. Despejé mi mente para apoderarme de la suya. Maqueavelicamente salí de él, echo mi cabello hacía atrás, lo miro todo sofocado, sus ojos eran magnéticos y su ceño fruncido detonaban frustración. No le importó que hace un rato tuve su verga en mi boca, me jaló hacía él y me besó con coraje. Boca a boca me reclama
- What are you doing?
- Te dije que hables en español
Me mira con eso bellos ojos verdes, me sonríe y pasa su lengua por mis labios.
- Ya sabes que te deseo
- Y yo a ti, pero debes ser paciente
Lo llevé a la cama, busqué un aceite de sabor que llevaba en mi bolso. Comencé a masajearlo y saborear del líquido en su cuerpo. Él también hecho un chorro en mis voluptuosos senos. Comenzó a degustar de ellos y con su otra mano comenzaba a sacear su excitacion. Vi su gran mano en su sexo. Lo apretaba, jalaba de arriba a bajo. Me percaté de su trampa. Tomé esa mano y la llevé a dentro de mí. Gimió mi nombre al sentir lo lubricada que estaba. Sumergió tres dedos, entró y salió. Los llevó a su boca y bebió de mí.
Ahora era yo la que estaba con ganas de tenerlo. No se lo iba a demostrar tan fácil, después de castigarnos de excitación y vulgaridad bucal. Me suplicó que se la diera, que la necesitaba. Como buena maestra en este arte, le di su buena recompensa, no sin antes seguir jugando con su corta tolerancia.
Comencé a cabalgar en él, jugué a mi antojo con su firmeza. La entraba toda y salía de ella suavemente. Luego rebotava mis nalgas en sus muslos con rapidez. Volvía a jugar con su paciencia. De momento me alza y me quita de él. Me muerde las caderas y jala de mi cabello.
Se acerca y me dice...
- No juegues con mi paciencia mujer
Se acomoda detrás de mi y comienza con sus embestidas, cada una eran fuertes y cortas. El sonido de la humedad invadían la habitación. Me daba tan duro que parecía que me odiaba, me daba palmadas tan fuertes que parecía que me amaba. Estocada tras estocada mis jadeos aumentaban. Sólo las mujeres entendemos esa sensación cuando lo quieres y tienes adentro. No hay palabra que pueda describir esa sensación. Teníamos una sincronía tan carnal que no queríamos acabar. De repente para, su mano pasó por mi flor, el botoncito estaba sensible y pidiendo ser atendido. Lo frotaba mientras su majestuosidad estaba en mí. El climax era inminente, mis piernas temblaron, el me sujeto de la cintura para no caer.
Lo entró todo, al menos lo que podía, su pelvis comenzó a danzar hasta que alcanzamos el orgasmo más intenso en la historia de nuestro tranvía. Quedamos rendidos en la cama, nos besamos con cariño y quedamos abrazados. Después de 30 minutos de un profundo sueño.
- Wake up my love
Medio abro los ojos y los estrujos
- Te dije que me hables en español
- Je, je, je ¿Qué, ahora soy el amante aprendiz?
Sonreí, me levanté y me acerqué a su pelvis. Jugando nuevamente con su dureza. Él lo agarra, me lo acomoda en la boca, lo beso. Él muy guarro lo saca y me da golpecitos en la lengua con su resaltada verg@. Lo acojo nuevamente en mis carnosos labios y le digo
- No eres el amante aprendiz, eres my apprentice lover...©
Keila M.
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Tranvía de Musas
Storie d'amoreEs un nuevo proyecto basado en mis relatos eróticos, reflexiones e intento de poesía. Llevo desde los 15 años amando las letras y plasmándolas en relatos, pensamientos y reflexiones. **ESCRITOS PROTEGIDOS POR DERECHOS DE AUTOR. REGISTRADOS EN EL DE...
