Tu excitante barba

446 8 3
                                        

Tu excitante barba

- Ja,ja,ja la verdad nunca me ha gustado los hombres con barba. Me da cosquillas el pensar besarlo. Es mi pensar.

Dijo Madeline mientras Alfredo se encaminaba a ella. Se acerca a su oído y rosando su barba en su mejilla le dice

- Es que no la has sentido preciosa...una barba entre tus piernas causa sensaciones intensas.

Ella lo mira y sonríe, es que la curiosidad puede más que los mismos gustos.

- ¿Qué dices, me pruebas o te da miedo encantarte?

Sin aguantar el deseo, acierta con la cabeza y confirma con una mordida de labios. Alfredo era un hombre elegante en traje, algo canoso, alto y de sonrisa pícara. Acordaron verse en el hotel " Golden Heaven" esa noche. Al caer la noche llegaron a la habitación, con ceja arqueada y sin quitar la mirada de Madeline le invita una copa. La tensión era muy fuerte, la curiosidad de poder sentir a ese hombre rosándola era delirante.

Un dedo de Alfredo va subiendo desde su vientre hasta la abertura de su escote en V. Una boqueada tras un gemido se escapó de ella. Él baja un tirante de su vestido dejando al aire un pecho blanco con un pezón erecto, rosado y listo para besarle. Acerca su cara a su seno y lo acaricia con la barba así como un gato cuando ronronea a su dueña. La respiración de ella comienza acelerarse, su vientre se estremece tras la sensación. Acoge su pezón en sus suaves labios, lo chupa y jala con delicadeza. Él, al ver la reacción de su curiosa prosigue a pasar a otro nivel. Se separa de ella, la ayuda a levantarse y la lleva a la cama. Antes de acostarla baja el otro tirante despojandola de su vestido. Se besan hasta caer en la cama, sus labios, su barba, estaban en perfecta sintonía.

La arrastra hasta la orilla de la cama y su pies se posaron en los hombros fornidos de aquel hombre. Su lengua recorrió desde la mitad de sus piernas hasta dentro de sus muslos. Rozó su barba en los muslos de la curiosa hasta llegar a su pubis. Adentra su nariz en su botoncito, ella abre un poco invítandolo a entrar, la humedad de aquella mujer estaba hidratando Alfredo, su olor, sus fluidos quedaban impregnado en su barba, a como de lugar él la haría cambiar de opinión respecto a la barba. Sale de ella y la besa con pasión y acaricia con su cara el cuello. Hace que sus fluidos y olor se impregne en ella también.

Vuelve a descender y se aparta sólo un poco, sonríe y le dice

- Como a mí, tus vellos en crecimiento no me molestan, te comería despilada o con vellos.

Su lengua acapara la división de la abierta flor, sube y baja con lentitud friccionando en su clítoris. La eyaculación de esa mujer era abundante, se podía ver su espesor y su color blancusco. Lo recogió con su lengua y consumió de él. Ya estaba lista para recibir su verga.

- ¡Mételo ya! (Gritó)

Él libero a la bestia, lo agarró y dio de cantanzos a su flor. Comenzó un vainen de roce, ella desesperada apretó las almohadas hundiéndolas. Menea sus caderas de arriba a bajo. Aún él no la iba a poseer. La viró y la colocó de rodilla con su pecho pegado en la cama. Abrió sus nalgas, dejó su huellas en ella. Entre caricias con su barba y labios. Tentó el pequeño orificio que casi siempre es ignorado, chupó y lamió a complaciencia. Un dedo jugaba a entrar allí y una carnosa verga palpitaba algo descontrolada por la presión de sangre y lava blanca que quería salir de allí. Mientra besaba su ano le pregunta

- Veo que te encanta mis caricias y mi barba la complementa. Estás mojada por todos lados, tu vagina incita a que te desgarre con pasión. ¿Quieres?

Sólo el movimiento de aceptación se vio por cómo su cabellera se movía de lado a lado.

- Perfecto curiosa

Echó saliba en su inicio, de una estocada, sin problema entró y salió de ella. Una y otra vez. De momento ella se vira y lo tumba a la cama, se pone de cuclillas en sus pierna, acomoda aquella venosa y brillante firmeza. Toma el control de la situación, mientras danza en su pene, el se encarga a morir que sienta su barba en a como de lugar. Se sentó un poco y un pezón quedó en su boca, mientras cabalga allí el succionaba y acariciaba su pecho. Hasta llegar al climax de tanta perversidad. Unieron nectar, sabores y esencia...

Quedaron extasiado y lleno uno del otro. Pasó una media hora...

- Amo la sensación que me hace provocar tu barba en mí, jamás me había humedecido tanto con esa exquisitez.

- No es la barba querida, es quien la lleva...©

Keila M.

Tranvía de MusasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora