Mientras ella recogía su ropa ya el ocaso se acercaba. El otoño ese día era deprimente, los árboles en plena lamenta ya había perdido su belleza. El esplendor de la primavera había desaparecido así como aquella primavera de aquella primera cita a ciegas. No había nada que hacer, ya todo se había dicho y echo. Era hora de que aquella mujer recogiera lo que le quedaba de digna. Pues ante ese gesto no lo dejaba sólo a él, sino que renunciaba a las migajas que aquel susodicho le dio por algunos años.
Al despedirse él pensó - "es un berriche más como los que tanto hace siempre, pronto ella volverá porque sé que no es valiente."
Ella con sus maletas y con una mirada baja, un corazón roto porque ya había dejado de ser la mujer que ese susodicho amaba. Con el alma destrozada cerró la puerta y espero algunoa cinco minutos con la esperanza de que él la abrazara y le hiciera una propuesta concreta, recupera la primavera. Ese abrazo nunca llego y se fue junto la antes mencionada ilusión.
Pasaron los días y aquel hombre por ella no se preocupaba si se alimentaba o so dormía. Si estaba debajo de un puente o descansando bajo un lecho descente. Poco a poco la mujer fue recogiendo cada pedazo de esencia que había perdido en esos antaños. Él ya comenzaba a sentir ansias. Ya había pasado seis semanas y de la que fue su mujer aún no se sabía nada. El comenzó a decaer y dejó aquella estúpida inmadurez. Comenzó a buscarla hasta que por casualidad después cuatro meses se la encontro en una noche de arte en la ciudad. No era posible que era aquella mujer, la destruía, la que ante sus ojos era una insípida. Allí estaba como la naturaleza después de un largo invierno toda renacida.
- Hola, que tal te va, vaya que no te reconocía.
Ella se viró calmadamente porque reconocía la voz que la saludaba con tanta emoción.
Con voz pausada y sarcástica contesto
- Me imagino, fue dura la búsqueda creo que me vi hasta en las noticias.
Él asombrado no dijo nada, ella con pena ajena lo observaba. Dónde había quedado aquel hombre que ella tanto admiraba. Al fin y al cabo se había convertido en eso de lo que ella se alimentó por años puras migajas©.
Moraleja: Nunca es tarde para recuperar la fuerza y la dignidad. El amor propio te empodera y da seguridad. Que cuando le quitamos el poder que tiene alguien en nosotros podemos recuperar lo perdido y volver con más fuerza.
Keila M.
D.R.
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Tranvía de Musas
RomansaEs un nuevo proyecto basado en mis relatos eróticos, reflexiones e intento de poesía. Llevo desde los 15 años amando las letras y plasmándolas en relatos, pensamientos y reflexiones. **ESCRITOS PROTEGIDOS POR DERECHOS DE AUTOR. REGISTRADOS EN EL DE...
