Dolor. Palpitante y constante.
Alba.
Un susurro a lo lejos, fugaz. Le quemaban los ojos y tenía miedo de abrirlos. Estaba cómoda con aquella oscuridad.
Alba.
Otro susurro, más cercano esta vez. Una caricia y una corriente eléctrica en su brazo, erizándole la piel. Se removió inquieta, arrepintiéndose al sentir su cerebro rebotando contra su cráneo. Contrajo el gesto, tirando de la sábana para taparse por completo e ignorar a quien fuese que la estuviese reclamando.
-Alba, venga despierta.
Escuchó entonces aquella voz mucho más clara, sintiendo el aliento caliente sobre su oreja, estremeciéndola. Unos dedos recorrían su brazo derecho, animándola a que abriese los ojos. Pero le pesaban demasiado.
-Eres una marmota, Albi.
Ya sí que no tuvo duda. Ese Albi no se lo decía cualquiera. Se removió de nuevo entre las sabanas y abrió poco a poco los ojos, acostumbrándose a la poca luz de la habitación. Natalia estaba sentada en la cama frente a ella, mirándola con una sonrisa. Acariciaba su brazo despacio, dándole tiempo para que se acostumbrase a la situación. Pero Alba no podía estar más perdida.
-¿Qué haces tú aquí? - preguntó con la voz ronca.
-Estás en mi casa, Albi - contestó sonriendo.
-¿Qué? - preguntó sin comprenderla.
Miró entonces a su alrededor y pudo observar que no estaba en su cuarto, que no estaba en su cama. Unas paredes repletas de pósteres, fotos y recuerdos se presentaban ante ella dejándola descolocada. Una guitarra y un teclado descansaban en una esquina, junto a un escritorio lleno de revistas y papeles. Definitivamente aquella no era su habitación.
Bajó la vista y se fijó en que no llevaba su ropa puesta, sino una camiseta azul cielo que le quedaba demasiado grande. Miró de nuevo a Natalia, que la observaba expectante, como temiendo decir algo que la fuese a alterar. Lo que no sabía la morena es que ya estaba alterada, pues la situación le insinuaba que había hecho algo que no recordaba y que, definitivamente, quería recordar.
"Estoy en la cama de Natalia, en bragas y con una camiseta suya... ¿qué mierda he hecho?", pensó intentando no descontrolarse para que Natalia no notase su desazón.
-Que estás en mi casa. Anoche te mareaste y, como te dejaste las llaves en el bolso de África y nos quedamos solas, te traje aquí. ¿Te encuentras bien?
-Sí - asintió despacio - Pero me duele muchísimo la cabeza.
-Normal. Llevabas una borrachera de las que no te había visto nunca, guapa - dijo riendo mientras se ponía de pie - Pero venga, hay que levantarse.
-Sí - asintió de nuevo confusa, cayendo de repente en la cuenta que era viernes y tenía que trabajar - ¡Ay, Nat!
-¿Qué? - preguntó alarmada.
-¿Qué hora es? - preguntó incorporándose en la cama con un rebote, notando el dolor taladrando su cabeza de nuevo.
-Tranquila, Alba - sonrío de nuevo - Son las ocho y media. Así que levántate que yo voy a preparar el desayuno. Tú ve dándote una ducha. Te he dejado toallas y ropa limpia en el baño para que no te tengas que poner lo de ayer. Después te llevaré al museo.
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GATA NEGRA
FanfictionNatalia Lacunza siempre ha vivido al margen de cualquier responsabilidad que involucrase a cualquier persona que no fuese ella misma y tampoco da oportunidades a nadie para no tener que cargar con ciertos sentimientos en su vida. No sabe lo que es e...
