-María, va... no me hagas suplicarte.
-¿Pero qué perra te ha dado a ti hoy? No veo la necesidad de que yo vaya a la cena con tu familia. Disfruta tú de ellos, anda.
-Mari, sabes perfectamente que mi tía te adora y que quiere que vengas con nosotros. Venga, vaaa...
Natalia tiraba de ella, tumbada en la cama como estaba, con el pijama puesto y un moño en el pelo. Llevaba unos diez minutos intentando que se levantase y se metiese en la ducha, pero no había manera.
-Vamos a ver, que llevamos dos días de fiesta y estoy reventada. ¿Que parte es la que no entiendes? - dijo con tono cansado.
-La parte en la que se te olvida que mi familia quiere que vengas con nosotros, porque tú también eres mi familia, María.
Natalia ya fue con todo, tirando de los hilos del sentimentalismo que sabía que con María nunca fallaban. Y al ver su cara encogerse en una mueca entre el enfado y un adorable puchero, supo que iba por buen camino.
-Eres una hija de puta - dijo frunciendo el ceño - No me puedes decir eso porque sabes que entonces voy a ir.
-Es lo que pretendo, ¿no te habías dado cuenta? - se carcajeó Natalia - Pero lo he dicho totalmente en serio, María.
-Aun así sigues siendo una hija de puta - renegó la rubia mientras se levantaba de la cama.
Natalia sonrió, sabiéndose vencedora de aquella pequeña batalla. Aunque aún le faltaba la guerra.
Vio a María meterse en el cuarto de baño y se fue a su habitación, donde su tía Andrea se preparaba mirándose al espejo de la puerta del armario.
-¿Has podido convencerla?
-Sí. He usado la artillería pesada - sonrió mirando a su tía - Oye, vas guapísima.
-Anda ya, voy normal - dijo mirándose de nuevo al espejo mientras se alisaba el vestido negro que había elegido para la ocasión.
-De verdad, preciosa. Vas a deslumbrar a todos - dijo colocándose tras ella para mirarla a través del espejo.
-Anda, deja de comerme la oreja y vístete tú. Te dejo el cuarto libre.
Natalia vio a su tía salir por la puerta y enseguida se fijó en el traje que se iba a poner, colgado en una percha de la barra de la cortina para que no se arrugase. Se cambió de ropa mientras notaba que le temblaban levemente las manos, nerviosa como estaba. Llevaba todo el día en un estado de excitación constante que hasta su hermana, siendo igual o peor que ella, le había obligado a beberse una tila doble. Y tampoco ayudaba el hecho de tener que mantener engañada a María y sacarla de casa, aunque no quisiera, para poder darle la sorpresa de su vida.
Sabía que todo iba a salir bien y que su amiga lloraría como una magdalena cuando viese su trasero estampado en la pared de un museo. Confiaba en que su trabajo iba a gustar y que Alba había lo había tratado de la mejor manera para mostrarlo al público; eso no le preocupaba. Pero no podía evitar notar ese gusanillo que le subía y bajaba por el estómago, temblando de la emoción como una niña cuando se levanta el día de reyes.
Terminó de prepararse más rápido de lo que esperaba y se fue al salón a esperar a que los demás acabasen. Su tía se paseaba de un lado a otro del salón, revisando de vez en cuando que estuviese bien peinada o que no se le hubiese arrugado el vestido. Cuando Santi y Elena también estuvieron listos, Natalia fue en busca de María a ver cómo iba. Llamó a la puerta de su cuarto y entró sin esperar respuesta.
-Mari, ¿cómo vas?
-Estoy buscando las zapatillas negras que no... - se calló al darse la vuelta y ver a la morena en la puerta - Pero, ¿se puede saber a dónde coño vamos a cenar?
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GATA NEGRA
FanfictionNatalia Lacunza siempre ha vivido al margen de cualquier responsabilidad que involucrase a cualquier persona que no fuese ella misma y tampoco da oportunidades a nadie para no tener que cargar con ciertos sentimientos en su vida. No sabe lo que es e...
