Capítulo 24 - Muros

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Las fotos le bailaban en la cabeza. Ese lunes se había empeñado en dejar completadas todas las especificaciones que la semana anterior había cerrado con Natalia acerca de la exposición, pero la distribución de las fotos con las diferentes zonas de la sala no le terminaba de convencer. La muestra le sugería un tono completamente intimista y no le parecía correcto poner una barra de coctelería junto a las nalgas de María. No se veía bien.

Algo saturada, decidió cambiar de tarea y se centró en la cartelería para anunciar la exposición. Inevitablemente, cada vez que hacía una prueba o boceto, le salía sin querer el nombre de Natalia Lacunza. Sonreía, lo eliminaba y escribía el de Eilan Bay. No le había preguntado de dónde había sacado aquel seudónimo, pero algún día lo haría, pues le intrigaba demasiado. Recordaba que le dijo que lo usaba cuando se creó un perfil como cantante, cosa que hizo que se intrigase aun más. "¿Habrá borrado esos perfiles?", se preguntó.

Para sacarse la duda y desconectar un poco del alboroto de ideas que tenía en la cabeza, cogió su teléfono móvil y accedió a Facebook. Tecleó Eilan Bay, pero no aparecía nada. Siguió con Twitter y allí encontró un perfil con un enlace a youtube que le dio paso al verdadero mundo de Natalia Lacunza. Aquello era una mina de oro con cientos de covers y versiones con la guitarra o el piano. Abrió algunos vídeos de algunas canciones que conocía, escuchándolas con aquella voz que la tenía embrujada. Se dio cuenta que no estaba actualizado, que hacía meses que no subía nada nuevo. Navegó un poco más y encontró lo que estaba buscando.

Su versión de The Scientist.

Pinchó el vídeo y dejó que la suave voz de Natalia recorriese cada parte de su ser. Cerró los ojos de manera instintiva y se teletransportó de nuevo a aquella noche de agosto, notando el calor, la gente, la cerveza bajándole por la garganta y las lágrimas por sus mejillas. Se le erizó la piel ante la sensación tan vívida que le provocaba aquella canción. Que le provocaba su voz. Que le provocaba ella.

Soltó un suspiro y retuvo en la garganta la avalancha de emociones que luchaban por liberarse de su jaula, impuesta por ella misma. El último fin de semana había sido el más extraño que había vivido desde que conocía a la morena, y eso que al principio la desconcertaba en demasía. El viernes se vieron en el Olivia. Natalia sobre el escenario, ella disfrutando de su música. Aquel día cantó otro de sus temas, de los escritos por ella, y casi se cae de culo de la intensidad con la que lo interpretó. "Bad men can't love", creía recordar que se llamaba. Pero no se atrevió a preguntar por él, pues sintió cierto miedo por la respuesta que le pudiese dar. Tenía la intuición que aquella canción tenía un significado especial y prefería no meter más el dedo en la llaga. Veía en los brillantes ojos de Natalia que era mejor dejarlo así. Y el resto de la noche no fue mucho mejor, pues la morena se relacionó poco con ella y sus amigos. Bailaba en la pista con gente que no conocía, bebía y la veía reír... pero no como solía hacer con ella. Sabía que no sonreía de verdad. Natalia había vuelto a levantar muros a su alrededor, incluso con ella, y no tenía ni idea de por qué. Y eso la tenía intranquila.

Pensar que la noche del jueves, la noche en la que ella misma se vació sobre aquel escenario, disfrutando como una niña con zapatos nuevos, habría podido pasar algo que no recordaba, la tenía en un estado de alerta con Natalia que no le dejaba hilar más de dos ideas cuando se trataba de ella. Sentía que le faltaba una parte importante de la historia y se estaba empezando a volver loca. Sabía que algo pasaba y estaba dispuesta a solucionarlo.

Alba repasaba en su cabeza cada detalle que podía recordar, pero no sacaba nada en claro. Llegó incluso a pensar en preguntarle a alguien por si sabían algo que ella no, pero desistía al acordarse de que habían estado solas.

No podía entender su actitud después de la mañana del viernes, cuando la trató como si fuese la única persona en el mundo, mimándola y cuidándola por una simple resaca como si se fuese a romper. Pero se había asustado cuando se mareó y podía entender que la tratase con tanto cuidado. Desde que despertó en su cama hasta que la llevó de vuelta a su casa.

GATA NEGRAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora