Intento sobrellevar de la mejor manera cada día que pasa.
Hago el esfuerzo por enfocarme en lo que tengo, que es mi familia, en lugar de estar pensando en el hecho de que Peeta está lejos de mí.
Ha transcurrido una semana desde que Peeta se fue, y el vacío que se formó en mi interior desde ese día no ha desaparecido. A pesar de eso, estoy haciendo todo lo posible por soportar su ausencia. Lo hago por nuestra hija, porque debo estar bien para ella.
Cada vez que la angustia se apodera de mí, me obligo a convencerme de que Peeta está bien. Y también me esfuerzo por ser agradecida, porque no estoy sola y tengo a mi familia conmigo. No tengo una pérdida de la magnitud de otros ciudadanos del 12, quienes perdieron a su familia entera en el bombardeo que hubo hace meses en el que era nuestro distrito.
Siempre que voy al comedor, procuro prestar atención a todos los informes que pasan en los televisores. Así fue como me enteré de que los rebeldes finalmente se han apoderado de la base militar del distrito dos, y que se están preparando para dirigirse al Capitolio.
Según las noticias, los rebeldes aún no van al Capitolio porque siguen habiendo varios enfrentamientos en el Distrito 2.
Cuando me enteré de la noticia, creí erróneamente que Peeta volvería y me ilusioné con la idea de que podría verlo pronto. Pero después descubrí la cruda verdad en una asamblea que hubo hace unos días, donde la presidenta dió el anuncio de que todos los ciudadanos del 13 que estén en combate, y los que se están preparando para ello, irán al Capitolio con el objetivo de que el movimiento rebelde se enfrente con la mayor cantidad de soldados posible.
Lo que está volviendome loca, es que no he recibido ninguna noticia de Peeta, ninguna carta o llamada. Nada.
No hay manera de que pueda comunicarme con él. Lo único que hacen en el distrito, es nombrar cada viernes por la noche, en una asamblea, a los ciudadanos del 13 que lamentablemente han muerto en combate durante la semana.
Ese definitivamente fue el peor día de todos, y lo peor es que sé que cada semana tendré que enfrentarme a ello.
Aquel viernes, inevitablemente llegué a creer que escucharía el nombre de Peeta. Pero por fortuna, no fue así. Y tampoco mencionaron en esa lista a alguno de sus hermanos o a alguien de los Hawthorne.
Dejo la ropa doblada sobre mi cama. Giro un poco la cabeza y miro a Willow, quien se encuentra acostada junto a la pequeña pila de ropa mientras mira el techo con atención.
Ella mueve sus brazos y hace algunos sonidos mientras sus ojos azules se dirigen a los míos.
Mi bebé me sonríe mientras observo sus preciosos ojos y sus largas pestañas. Esas dos características de ella me recuerdan demasiado a su padre.
Me agacho para besar su mejilla y me quedo a poca distancia de su rostro, mirándola.
Veo que ella estira su brazo e intenta tomar un mechón de mi cabello suelto, por lo que me alejo un poco, provocando que ella se ría.
Sonrío al escucharla, y vuelvo a besar sus mejillas. Lo cual la hace reír más.
Hace unos días, mi bebé se rió por primera vez, y desde entonces hago lo que sea por escucharla reír. Me encanta oírla, ese definitivamente se ha convertido en mi sonido favorito.
Dejo un pequeño beso en su nariz y me alejo de ella.
—Tengo que apurarme mi vida - le digo, y continúo doblando lo que me falta—. Porque ya falta poco para que Prim y tu abuela regresen del hospital.
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Nuestro Secreto
FanfictionKatniss y Peeta nunca fueron seleccionados para Los Juegos del Hambre. Es curioso cómo a veces una simple acción puede cambiar por completo la vida de alguien. Los papeles con sus nombres escritos jamás salieron de esa urna que condena cada año a lo...
