—Ese sin duda era un sinsajo Willow —le hablo a mi hija, mientras le pongo su ropa—. Suelen repetir las melodías cuando las escuchan, pero se fue volando mucho antes de que yo pudiera comenzar a tararear algo.
Le pongo sus calcetines blancos mientras le sonrío. Mi corazón se emociona al ver que sus pequeños labios se curvan hacia arriba, formando una sonrisa.
Me dejo llevar por la felicidad del momento y me inclino para besar sus mejillas y su frente. Cuando me separo, veo que ella aún me sigue sonriendo y escucho que algunos tiernos sonidos salen de su boca.
Continúo hablando con mi bebé mientras termino de vestirla. Ella sólo me mira con atención, y alcanzo a ver que un pequeño bostezo se escapa de sus labios.
Se supone que como Willow ya cumplió seis semanas de vida, tengo la obligación de incorporarme nuevamente a las actividades que me marca el horario. Y por lo tanto, dejarla en un lugar donde cuidan a los pocos bebés que hay en el distrito. Pero de ninguna manera pienso hacer aquello, no voy a permitir que unos desconocidos cuiden a mi hija.
Me importa poco si alguien se entera de que no me presento a trabajar en la cocina, no pienso dejar a mi bebé por ningún motivo. Tengo el derecho de cuidarla, y no voy a dejar de convivir con ella sólo porque debo cumplir lo que marca un ridículo horario.
Lo único bueno, es que en la consulta reciente que le hicieron a Willow, el médico estableció que es necesario que ella salga a tomar el sol a diario para fortalecer su sistema inmunológico. Por lo que todas las tardes salgo con mi hija a la enorme zona de entrenamiento, y disfruto de una hora completa en que puedo estar en el exterior.
Cubro la cabecita de mi bebé con un gorro y la acuesto en su cuna mientras tiendo la cama y limpio el compartimento.
A pesar de que no sigo el horario que todas las mañanas me imprimen en el antebrazo, he establecido una rutina simple que consiste en cuidar de mi bebé todo el día e ir al comedor para tomar las tres comidas a las que tengo derecho. Siempre que termino de comer, espero treinta minutos en el compartimento hasta que da la hora que tengo establecida para poder salir al exterior. Después, regreso, alimento a Willow y ella duerme por dos horas hasta que debe alimentarse nuevamente y luego llega Peeta con nosotras.
Tal vez para algunos pueda resultar algo tedioso, pero no para mí. Cada día con mi bebé es algo que disfruto demasiado, y gracias a ello he tenido la dicha de compartir momentos especiales con ella, como cuando me sonrío por primera vez.
Ayer por la mañana, cuando salí del comedor, vi a Hazalle, y no pude evitar preguntarle por Gale. Lo hice porque, desde el día que mi hermana me contó que él está en el Distrito 2, he estado preocupada por lo que pueda pasarle en ese lugar. Hazelle me comentó que no sabe mucho de él, pero que afortunadamente es de los pocos que tienen el privilegio de poder contactarse con sus familiares por un aparato que está aquí en el 13, en la sala donde están los altos mandos. Ella me dijo que puede hablar con él máximo por media hora, y sólo en un día en específico que le asignan.
Al parecer él aún no está en combate, pero Hazalle piensa que ya se están preparando para ello. Aparentemente, Gale no le puede dar información a su madre de lo que está sucediendo en el 2, porque es algo confidencial, pero por lo que ella me dijo, él parece estar bien.
Las noticias que a diario pasan en el comedor parecen ser prometedoras. El movimiento rebelde está tomando fuerza cada vez más. Sin embargo, con las continuas propos que muestran en el 13, me da la impresión de que su objetivo es motivar a las personas para que vayan a combatir.
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Nuestro Secreto
FanfictionKatniss y Peeta nunca fueron seleccionados para Los Juegos del Hambre. Es curioso cómo a veces una simple acción puede cambiar por completo la vida de alguien. Los papeles con sus nombres escritos jamás salieron de esa urna que condena cada año a lo...
