Draco caminaba nervioso por toda la habitación. La última frase de Harry se había vuelto a grabar en su mente, y el color rojo de las paredes estaba por darle un colapso visual. Harry estaba siendo un completo idiota ¿En serio se creía que podía jugar este tipo de juegos con el principe de Slytherin? ¿Que podía meterse en su mente todo el día, para al final tratarlo de esa manera tan indiferente? ¿Que podía actuar como si no hubiese ocurrido nada en aquella habitación? Porque sí de algo Draco estaba seguro, era que Harry había sentido lo mismo que él.
Entró en el baño de la habitación y no pudo evitar dar un pequeño saltito cuando el mármol blanco y helado recorrió la sensible piel de sus pies. Después de un baño, Draco se sentía casí como nuevo. Se miró ante el espejo, esta vez sin sentir repulsión ni asco, su vista se clavó en la figura que mostraba el reflejo. Volvía a ser poco a poco, la serpiente fuerte y astuta que una vez había sido. Harry tampoco lucía mal, se había despojado de sus gafas grandes y redondas hace algunos años y su cabello estaba creciendo con reveldía. Draco sonrió, definitivamente en Harry ya no quedaba nada del chico que lo rechazó en primer año, aún así, Draco estaba por darle su merecido, y de paso, enseñarle que nadie puede venir y jugar con él sin sufrir las consecuencias.
En la sala de abajo, se encontraba Harry Potter bebiendo el té con uno de sus invitados, el ex auror Franz, un hombre de alto rango y sin duda, alguien a quien debía tratarse con el mayor respeto posible, pero estaba claro que a Draco eso le importaba poco.
Harry casí se atraganta con su té cuando vió bajar por las escaleras a Draco. El rubio estaba semidesnudo, vistiendo nada más y nada menos que un par de boxers negros que se ajustaban muy bien en su cintura y que remarcaban su línea V. Su cabello era una mota blanca, revuelto y despeinado, apuntando en todas las direcciones posibles. Draco sonrió con suficiencia al ver como las mejillas de Harry se incendiaban de color rojo, rodeó a las dos personas que se encontraban en la mesa y sin interferir en su conversación, se sirvió una taza de café.
—Draco...—arrastró Harry cada sílabas del nombre del rubio, haciendo énfasis en la i.—¿Podrías ponerte algo de ropa, por favor?
Malfoy llevó el borde de la taza a sus labios, sintiéndo el olor fuerte del café y autoseguido, su tacto caliente.—Lo siento, cariño...—Potter comenzó a toser sin control cuando sintió a Draco llamarlo así, era más que claro que estaba tomando venganza por lo que había sucedido esta mañana.—Creo que anoche arrojaste mi pantalón en algún rincón de la habitación, ya lo he buscado pero no logro encontrarlo.
Franz no emitía sonido, a pesar de lo real e indiferente que estaba Malfoy con la situación, el ex auror no podía disimular las expresiones de incomodidad y vergüenza, pero el rostro de Harry era peor aún, tenía una mueca de odio y nerviosismo, porque aunque estando enojado, no todos los días tenía a una persona como Malfoy llamandolo cariño, y eso por alguna razón, parecía gustarle.
Fue un alivio para Harry que el ex auror estuviera frente a él y de espaldas a Draco, porque de otra manera, hubiese visto el momento exacto en el que el rubio llevó su mano al pecho, arrastrando sus dedos por su pálida piel y por las líneas cicatrizadas de los cortes que Harry mismo le había ocasionado años atrás en el baño de Hogwarts. El castaño que estaba a unos metros de él, sintió unos deseos extremos de pedirle perdón cuando observó las cicatrices que le había hecho sin haber pensado si quiera cuanto pudo haberle dolido, pero la imagen de Draco desangrandose en el baño y toda la lástima que estaba sintiéndo se vieron reemplazadas por una abrupta desconcentración al ver como los dedos de Malfoy bajaban con lentitud hacía sus boxers.
Cuando Harry se percató de las intenciones Draco, comenzó a entrar en un diminuto ataque de pánico, ligado a una cantidad extrema de excitación. El rubio no le temía a nada ni a nadie, pero Harry aún no lo sabía. El castaño comenzó hacerle ligeros gestos de negación con la cabeza a Draco, pero este ignoró todos y cada uno de ellos para seguir en lo suyo.
Cuando los dedos de Draco llegaron a su pelvis, jugaron un poco con el borde de su boxer, metiendo finalmente la mano dentro. Harry estaba a punto de estallar, y no lo hizó hasta que vió la mano de Draco moverse, seguido de un pequeño jadeo. Automáticamente, Harry comenzó a toser nuevamente, pero no por nerviosismo, sino como estratégia para callar el gemido que acababa de salir de los labios de Draco.
—Señor Potter ¿Se encuentra usted bien? —Franz comenzó a dar algunas palmaditas en su espalda para ayudarlo, hasta que Harry pareció recuperarse un poco.
—Estoy bien, señor Franz, es solo el té.—el castaño levantó su mirada hacía los ojos grises que lo observaban victorioso y ahogo un gruñido, odiaba dejar que Draco ganase en todo lo que quisiera.
La arrastrada y gruesa voz de Draco volvió hacer eco en la habitación.—Cariño, debes beber el té con más calma para no atragantarte ¿Creo que estás muy distraído con algo, no?
El color pareció abandonar el cuerpo de Harry, porque sus mejillas se encontraban más pálidas que nunca. Harry no se esperaba esa pregunta, por lo que ni siquiera sabía como responder a ella, otro punto a favor de Draco.
—Eh, eh, sí, estaba pensando que...—Casí roboticamente, Harry consiguió inventarse una excusa lo suficientemente creíble.—Que tal vez le gustaría venir a cenar hoy, señor Franz...
De lejos, vió como los labios de Draco se movían sin emitir ningún sonido, y Harry consiguió leer entre lineas: "Buen chico".
Los cachetes de Harry cobraron vida nuevamente al escuchar la respuesta brotar de los labios del ex auror.—Estaré encantado de acompañarlos en la cena, Señor Potter.—el hombre le dió un último sorbo a su bebida y se levanto agitando el reloj que llevaba en la muñeca.—Ahora si me disculpan, tengo otra cita pendiente.
Potter imitó su acción, levantándose de la mesa pero sin quitarle los ojos de encima a Malfoy. —Lo esperamos para cenar a las ocho, y siéntase libre de traer a su hijo.
—Estaremos encantados de venir, con permiso.
Después de acompañar a el ex auror Franz a la salida, Harry cerró la puerta y se dejó caer derrotado en ella, suspiró una última vez, superando todo el caos que había ocurrido en unos minutos, y sin siquiera imaginarse que, lo que él daba por terminado, para Draco solo acababa de comenzar.
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¿¡Potter?!
Fiksi PenggemarHarry tomó una respiración, su abdomen palpitaba en sangre y dolor.-Lo único que sabemos hacernos es daño, Draco. El platinado habló, con tanta pasión como si su vida dependiera de eso, y por su tono de voz, parecía que él también estaba sollozando...
