Capítulo 31

915 88 36
                                        

Draco transpiraba nervioso, casí casí arrepentido. Nunca había hecho algo parecido a esto y era justo por eso que temía que las cosas salieran mal. Mayormente, siempre era a él a quien las mujeres no se cansaban de invitarlo a cenas románticas, y aunque solía rechazarlas a todas, de una manera u otra siempre conseguía terminar envuelto entre sus piernas sin tener que utilizar ninguna labia romántica, supongo que ese era el efecto irreparable que tenía sobre las mujeres. Volvió a observar la mesa, un mantel rojo del encaje más fino cubría la superficie plana de esta, en donde descansaban una docena de velas aromatizantes de aquel olor que a él le daban náuseas, pero que sabía que a Harry le encantaba. Incluso había ordenado que colocaran pétalos de rosas y botellas de champaña. Las luces acogedoras y melosas iluminaban su cabello blanco, haciendo que este pareciera estar teñido de un rosa pastel, y gracias a Merlín que no había ningún espejo cerca, o de lo contrario, Draco hubiese demandado aquella persona que se hubiese atrevido a poner luces de ese color. Se pasó su mano izquierda por el rostro, frustrado, esto era realmente cursi para él, pero por San Potter podría soportarlo. Debía haberle llegado la carta hace algunas horas, así que el menor de los Malfoys sabía que estaba en camino.

Caminó en zigzags por todo el lugar, era una mesa apartada de todas las demás, acogedora y elegante. Con el nerviosismo, no dudó en fumarse un cigarrillo, pero justo cuando metió su mano en el bolsillo izquierdo del saco de su traje, se detuvo inconscientemente. Desde donde estaba, podía ver a Harry entrar en el local, pasando por las demás parejas que también cenaban a metros de distancia. La joven que atendía el lugar señaló en dirección trasera, indicándole que Draco se encontraba allí. Harry vestía todo de negro, como alguna vez también lo había hecho él. Su cabello parecía acabado de lavar, porque caía en rulos reveldes sobre su frente, cubriendo su cicatriz. Tenía los ojos verdes destilandole efluvios de nervios y deseo, los labios rojos y tan suaves que Draco deseó que llegara a donde estaba para acorralarlo contra la pared y besarlo, pero solo se limitó a sonreir cuando este llegó, siendo un tonto enamorado. Malfoy metió su mano nuevamente en el bolsillo, pero esta vez, en el derecho; topándose con una pequeña cajita dentro, sintiendo su corazón revolotear con la textura.

Potter llevó su mano a los labios, ahogando un suspiro. Su vista reparando en las copas a unos costados de la mesa, llenas de la medida perfecta de champaña. Todo perfectamente ordenado, como era de esperarse al haber sido preparada por un Malfoy. Su corazón se detuvo. Draco había hecho todo aquello por él, por él y nadie más que él. Lo que nunca había hecho por nadie más, ahora se encontraba haciendo por Harry. No había duda alguna, Draco estaba realmente perdido por Potter.

—Draco, esto es....

—Muy cursi, ya lo sé. —interrumpió murmurante, a lo que Harry negó repetidamente con su cabeza, bajando su mano de sus labios.

—Es encantador.

El ego de Draco creció dentro de su pecho, mientras caminaba en dirección a Harry y sacaba la silla para él. Antes de volver a su lugar, dejó un casto beso sobre sus labios, y casí inconsientemente, Potter se sorprendió al no sentir la nicotina colarse por sus papilas gustativas. Draco no había fumado hoy, a pesar de que probablemente llevaba esperando allí un rato, luchando con la ansiedad y desesperación.

—Te ves bien. —halagó el castaño. Y efectivamente, así era. Draco tenía el cabello rubio liso, cayendole sobre la frente también. Su mandíbula marcada, los ojos grises y las cejas doradas enarcadas, las mismas que ponían a Harry nervioso cada que podían. Potter nunca pensó que Draco fuera capáz de vestirse a la moda muggle, pero allí estaba, con aquel conjunto informal quedándole mejor que sus miles de trajes caros. Malfoy vestía un gran pullovert holgado blanco, con alguna marca no mágica inscrita al costado de su clavícula y unos pantalones de mezclilla azules que tenían cortes modernos en cualquier parte. Draco definitivamente era todo un Dios. Podía vestirse con cualquier trapo, y seguiría teniendo aires masculinos y sensuales.—Demasiado bien.

—Lo mismo digo de tí. Me encanta tu cabello ruloso... —con un movimiento, dejó caer su cuerpo frente al de Harry, en un aire de confidencialidad.—...me encanta poder jalarlo y hacer que jadees mi nombre.

Las mejillas de Harry se incendiaron, era un tómate viviente. El Draco romántico había sido demasiado lindo para ser real, sin embargo, tener a Draco caliente y pervertido, no molestaba en lo absoluto a Harry. Malfoy carraspeó su garganta, como si se hubiese dejado llevar por la corriente, y al momento recordó que esta noche debía ser romántico, no todo un pervertido.

—Quiero decir... —sonrió torpemente, sin embargo, Merlín quiso reírse de él una vez más, porque millones de imágenes de Harry siendo sometido, jadeando y sudando, vinieron a su mente. Instantáneamente las borró, mientras que recordaba en su mente una y otra vez el término "romántico".—Te ves increible.

—Gracias. —murmuró Harry.—¿Esperaste mucho por mí? Sé que no te gusta esperar.

Draco le restó importancia al asunto, a pesar de que estaba a punto de darle un colapso nervioso.

—No hay problema, después de todo este tiempo me he adaptado a esperarte. —y efectivamente era así. Él se lo había dejado saber aquel día en la boda de Ginny Weasley, pero decidió repetirselo por si lo había olvidado.—... y volvería hacerlo por mil años más.

—Lo sé. —admitió el otro.—Lo has hecho todo este tiempo, además, sería muy impropio de un Slytherin rendirse cuando quiere algo.

Malfoy se encogió de hombros, una sonrisa afilada se asomaba en los contornos de sus labios.

—Son algunos méritos que se pueden celebrar, sin embargo, esa no es la razón por la que te he traído aquí.

Draco balbuceó, nervioso, el simple hecho de saber que sí todo salía bien y el amor de Harry hacía él, era tan real como alguna vez había prometido, pronto podría llamarlo por Malfoy, y entonces, sería la primera vez en mucho tiempo que un Malfoy no fuera ni rubio, ni Slytherin. El platinado se levantó de la silla, harto de esperar el momento perfecto para decir las cosas sin miedo a arruinar algo. El corazón de Harry comenzó a bombear sangre a cualquier parte de su cuerpo, en torrenciales de adrenalina, porque estaba viendo a Draco, su chico, ponerse de rodillas ante él. Revolvió algo dentro de su bolsillo derecho, sacando una pequeña cajita de terciopelo negro, con los segundos corriendo como eternidades.

—Harry. —mencionó, sus sílabas roncas hacían que el mencionado sintiera la percusión de los golpes de sus latidos correr por su cuerpo.—¿Quieres casarte conmigo?


AAAAA ¡TENEMOS MATRIMONIO!

¿¡Potter?!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora