Capítulo 42

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Draco empujó a Harry con tanta fuerza que este cayó expulsado al rio, el agua a la altura de sus caderas no era tibia, sino tan fría que erizaba cada parte de su cuerpo. La pureza en ella era tan increíble que aún sin sumergirse podían observarse las piedras ovaladas y de distintos tamaños, formas y colores. Algunas algas verdes le hacían cosquillas en las piernas a Harry, mientras que observaba pececillos preciosos de colores exoticos rozarle los talones. Inmediatamente como el agua lo empapó, su camisa blanca comenzó adherirse a sus abdominales y brazos firmes, y fue justo aquello lo que hizo que Draco se distrayera y cayera al rio junto a él. El rubio gruñó molesto al verse mojado, pero no podía hacer nada en contra de la vista. Harry, por su parte, sonrió con alegría, dejando su puente de blancas piezas de marfil a la vista, algunos de sus lunares café resaltaban cuando los escasos rayos del Sol se colaban entre los arbustos y ramas que cubrían el paisaje, y su cabello, salpicado de agua y más castaño de lo normal por el reflejo, dejaba ver aquella preciosa cicatriz rojiza en lo superior de su cabeza.

Los labios de Draco se fruncieron en ira, le molestaba tanto amar a una persona lo suficiente como para traicionarse a sí mismo y salvarlo a él, porque si algún día llegaba a suceder algo así, sabía que podría morir en lugar de Harry y estaría feliz con ello. Con un fácil movimiento puesto a su pocisión, empujó por los hombros a Harry, ahogando un quejido. Ni siquiera supo por que lo hizo, había sido un auto-reflejo que surgió de su cuerpo como una respuesta instantánea. Harry cayó sentado en el río, con el agua pura rozandole los hombros y el pecho. Su rostro era un verdadero poema, entre desconcierto y duda, solo vió a Draco acercarse a sus labios y besarlo violentamente, con rabia, mordida tras mordida, como si intentara decirle que no lo odiaba a él, sino a lo que le hacía sentir, y precisamente, en la cantidad horrorsa en la que lo sentía. Estaba oficialmente dicho. Harry había robado su corazón.

Cuando entre la soledad del lugar, las flores exóticas y maravillosas que crecían junto al resto del bosque, aquellas aves y mariposas rodeándolos, los rayos del sol colándose entre el rio y alumbrando más aún sus aguas, Draco arrastró el labio inferior de Harry, separándose de él y uniendo su frente a la suya. Sus pechos agitados no hacían sino subir y bajar, y sus labios rojos por la fricción, se mantenían entreabiertos; respirando el aliento del otro. Menta y perfumes caros, el olor a la plata de sus anillos y su shampoo con olor a manzana, ligandose desesperadamente con el otro; canela y moras azules, el repugnante olor de su perfume y finalmente, aquella fragancia natural que sabía a deseo para Draco y que simplemente se llamaba sudor corporal de los brazos tupidos de Harry.

El castaño miró a Malfoy con aquellos grandes ojos verdes que tenía, intentando procesar como había ocurrido todo aquello. Como había pasado de empujarlo con fuerza a besarlo violenta y desesperadamente. No podría negar que amaba los cambios de humor de Draco. El peliblanco le ofreció la mano y le ayudó nuevamente a estar de pie.

Ambos volvieron en silencio a donde estaban antes de que Harry cayera al río; a una orilla de este, en el pasto, se encontraba un mantel color café con pequeños corazoncitos bordados en rosa y sobre él, diversos platos repeltos de hotcakes, pasteles, bebidas enlatadas y frutas. Aún mojados, ambos se dejaron caer sobre la espaciosa tela bordada. Desde el punto en el que Harry se encontraba acostado, un rayo de Sol se colaba y le daba en el rostro, pasando por su ojo y dando justo en su cicatriz. Se veía precioso desde el punto de vista de Draco.

Draco nunca había hecho un picnic y se sentía especialmente feliz de que fuera su primera vez, junto a Harry.

Revolvió su plato de patatas, morcilla, queso y manzana antes de hablar. Era una técnica que solía usar antes de conversar sobre un tema que lo ponía, probablemente, nervioso.

—¿Entonces, Francia?

Harry le miró directamente a sus ojos, fríos y grises como el agua del río, o quizás, un poco más.

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